Vie

11

Sep

2015

SEVILLA RECUPERA PARA EL BELLAS ARTES UNA JOYA DE LA PINTURA MANIERISTA Imprimir
Museo Bellas Artes


Por fortuna, estas 21 pinturas mitológicas, testimonio de la rara perfección y belleza que logró la cultura humanista en la Sevilla de principios del XVII, han corrido mejor suerte que esa casa suntuosa que fue, entre otros usos, hogar del marqués de Aracena Francisco Javier Sánchez-Dalp; cuartel general de la compañía Endesa; dependencia del Ministerio de Educación y, finalmente, sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Todas esas memorias forman parte de la historia de esta obra mayor del manierismo español, según demuestra el riguroso estudio técnico y posterior restauración que durante más de dos años ha llevado a cabo el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) en su sede del monasterio de la Cartuja. 

Allí acudió en la mañana de ayer la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, deseosa de plasmar en una imagen el importante trabajo llevado a cabo por el equipo que dirige Román Fernández-Baca, así como la devolución de este tesoro patrimonial a Andalucía, y concretamente al Bellas Artes de Sevilla. 

La directora de la pinacoteca, Valme Muñoz, avanzó que "se está estudiando la mejor ubicación para que estos fondos sean pieza clave del discurso museológico del museo", toda vez que la reforma de Monsalves continúa sin fecha siquiera de inicio. Al respecto, Rosa Aguilar insistió en la necesidad de que el Gobierno de España "comprenda la importancia del museo y enmiende los Presupuestos Generales del Estado para 2016 incluyendo una partida expresa para su rehabilitación integral". 

Volviendo a las pinturas de la casa del poeta Arguijo, el restaurador Gabriel Ferreras resaltó en el acto que la crítica es unánime a la hora de atribuir este conjunto pictórico datado en 1601 a Alonso Vázquez, seguidor del pintor cordobés Pablo de Céspedes, para el que se tomó como modelo la decoración de la casa del pintor italiano Giorgio Vasari, lo que posibilitó que llegara a la próspera, culta y pujante Sevilla de principios del XVII este tipo de techo plano desconocido hasta entonces. Las otras dos únicas decoraciones mitológicas de este formato que conserva la capital andaluza, y que surgieron auspiciadas por las denominadas "academias", se ubican en la Casa de Pilatos (un ciclo dedicado a Hércules por el suegro de Velázquez, Francisco Pacheco) y en el Palacio Arzobispal. 

Desde la llegada de las pinturas del techo de Arguijo a los talleres del IAPH, un amplio equipo formado por una decena de profesionales entre conservadores, restauradores, historiadores, fotógrafos y químicos ha realizado las tareas que han devuelto la luz y el colorido originales a un tesoro artístico sin parangón. La intervención fue posible gracias a una encomienda de la Consejería de Cultura al IAPH, realizada entre mayo de 2013 y marzo de 2015. Una comisión técnica de carácter mixto -compuesta por profesionales de la Dirección General de Bienes Culturales y Museos, el IAPH y el Museo de Bellas Artes- realizó de forma permanente el seguimiento de la ejecución de los trabajos. 

La nueva consejera de Cultura, en su primera intervención pública en el IAPH -al que calificó como "un centro de referencia internacional en la investigación del patrimonio por su excelencia científica y la calidad de los trabajos que realiza desde hace 25 años"-, anunció la firma de un nuevo convenio de colaboración entre este organismo y la Universidad de Sevilla para la localización y estudio de fondos bibliográficos y documentales relacionados con la figura de Juan de Arguijo y su entorno humanístico. "A finales de este mes de septiembre se celebrará una exposición on line, también en colaboración con la Hispalense, para conocer la obra del poeta sevillano y qué se ha hecho durante la restauración", detalló Aguilar. 

Y es que, sin atender a la formación y el amor por los temas clásicos de Juan de Arguijo (1567-1623), así como de otros artistas y mecenas de su época, es imposible comprender la función alegórica de la obra, que incluye una dedicatoria al Genio y a las Musas "y es un conjunto de una gran importancia a nivel iconológico e iconográfico", según Gabriel Ferreras. 

Como apuntó la jefa del área de intervención del IAPH, Araceli Montero, que tuvo palabras de agradecimiento para la restauradora responsable de estas pinturas, Amalia Cansino, "todas las piezas del conjunto presentaban un estado de conservación aceptable en relación con los soportes, que fueron consolidados en una anterior restauración realizada en 1983. En cambio, el estado de los bastidores no era bueno debido a añadidos de madera que habían hecho más patentes los deterioros de la película pictórica". 

A partir de este diagnóstico, Montero explicó que el tratamiento seguido consistió en "conservar y mantener la estabilidad de la obra en todo su conjunto y actuar con acciones curativas más en profundidad en aquellas zonas necesarias para preservar el valor cultural de este bien". Así, prosiguió, "hubo tres grandes fases de tratamiento: una de limpieza general de toda la obra para recuperar el cromatismo perdido, una estabilización completa de todos los bordes mediante injertos de tela y una reintegración mínima en las zonas de laguna para devolverle la lectura completa al conjunto". 

Gracias a este proyecto ha sido posible también la formación práctica especializada de jóvenes titulados universitarios, en el marco del Plan de Estancias del IAPH, bajo la tutoría permanente de Amalia Cansino. Muchos de ellos, enfundados en sus batas blancas, sonreían ampliamente ayer al ver cómo Júpiter, su esposa Juno, Cupido o ese Apolo que toca el violín habían recuperado los palpitantes tonos ocres y celestes de las pinceladas originales de Alonso Vázquez.