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20

May

2013

LA PUERTA DEL PERDÓN REVELA SU HISTORIA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 14/5/2013

P. GARCIA

Una vez finalizada la primera fase de las obras que el Cabildo Catedral acometió durante el pasado año en la fachada de la calle Alemanes, los trabajos se centran en la actualidad en uno de sus motivos más llamativos: la Puerta del Perdón, la parte «más delicada», según el directordel proyecto, el arquitecto conservador del Templo Metropolitano, Alfonso Jiménez.

 

FOTOS: ROCÍO RUZ

Los trabajos, que se prevén finalizar el próximo otoño, están contribuyendo a desvelar lahistoria de una bella entrada que, tanto en el exterior como en su interior, presenta elementos muy característicos que le confieren una especial singularidad. Así, por la cara que mira al Patio de los Naranjos, destacan los tres arcos almohades que se abren en su estructura, en la que sobresale el tejaroz, o dosel de madera, que proyectara en 1974, con decoración incluida, el arquitecto catalán Félix Hernández —al que se debe también el diseño del suelo de este Patio— partiendo de doce oquedades que existían en este piso superior de la puerta. «Vamos a conservarlo todo, pues es valioso en su conjunto y no entra en conflicto con el resto de detalles», asegura Jiménez.

Sobre este elemento de madera se alza otro no menos curioso, el zaquizamí, una especie de pequeño ático, con cuatro ventanas sencillas y una bífora, que fue vivienda de alquiler durante los siglos XV y XVI. Los trabajos contemplan el adecentamiento y limpieza de este espacio de estilo mudéjar, cuyas ventanas serán completadas con unas hojas de madera que contribuirán a una mejor conservación del interior. El zaquizamí se corona con un reloj de sol, del que se tiene muy poca información y que no deja de resultar intrigante para el propio director del proyecto de restauración. Y es que la Puerta del Perdón combina en su conjunto piezas de muy diversas épocas y facturas, algo también apreciable en su pasillo de entrada, en el que sobresale la portada de la Sacristía del Sagrario, del siglo XVII, y el pequeño altar del Cristo del Perdón, de una centuria posterior. La primera se halla rematada por las representaciones de la Fe, la Esperanza y la Caridad, cuya limpieza se acometió por última vez en 1992 y que ahora volverán a ser objeto de atención, pues no se terminó entonces, así como el altarcito que tiene frente a ella y que es, tal vez, de los pocos sitios que quedan en la Catedral donde se colocan velas.

La cara exterior de la puerta, la que da a Alemanes, se halla cubierta por un cajón de obras que tapa su fisonomía, aunque dos imágenes antiguas recuerdan en un entelado su diseño, con las figuras de San Pedro y San Pablo en sus ángulos, rubricadas por Perrín en el siglo XVI, y el relieve central de la «Expulsión de los mercaderes»; todo ello se va a someter a unas labores de limpieza, como desde hace una década se viene haciendo anualmente. En esta parte de la puertacabe reseñar, a su vez, los jarrones de azucenas del XIX con una pequeña Giralda, así como la espadaña de Asensio de Maeda. Del mismo modo, se consolidará la yesería del monumental arco de entrada, del siglo XIV.

Jiménez no duda en señalar la menor dificultad que entraña esta fase del proyecto respecto al resto, ya que «apenas hay añadidos, sólo un relleno de cemento, de nulo valor, tras el que ha salido a la luz todo lo original». Muy retocadas en el tiempo, en cambio, han sido la parte de la fachada ya finalizada y la última que quedaría, donde se espera comenzar a trabajar en 2014.

Llama la atención el tono claro, casi blanquecino, del trozo de muro sobre el que se ha intervenido en la fase inicial. «Nuestro compromiso es tratar de conservar, en la medida de lo posible, todo lo original», subraya el director del proyecto, cuyo presupuesto total asciende a 1.748.518 euros, de los que actualmente se invierten 535.000.

Detalla Jiménez que se ha podido comprobar cómo «sobre el ladrillo hubo una especie de enlucido y un encalado general y, la parte de piedra era, como insisten los cronistas sevillanos, blanca. Tanto la mezquita como la Catedral han sido así —dice—, aunque en un periodo la primera tuvo una terminación en ocre, probablemente de fines del XVIII, imitando sillares. El tono oscuro al que estamos acostumbrados es el que le ha aportado la suciedad acumulada y el efecto de la contaminación durante el siglo pasado». Con todo, la parte peor conservada ha sido el zócalo exterior, del que se ha eliminado todo el cemento, reponiendo los socavones con tapial, usando la misma tierra extraída de ellos. «Se han respetado todos los refuerzos de ladrillos y piedras y los enlucidos antiguos, que se habían salvado gracias al recrecimiento del paño inclinado, restituido ahora a su altura más antigua», concluye el arquitecto conservador.

 
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