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Lun

06

Jul

2015

PASAR POR LA AVENIDA ES UNA PRUEBA DE OBSTACULO PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 6/7/2015

AMALIA F. LÉRIDA

Andar por la Avenida de la Constitución es una verdadera prueba de obstáculos. Un calvario esquivando dificultades bajo el sol, sin sombras que hagan más llevaderas las temperatutas de Sevilla ni espacio para admirar tranquilamente la zona monumental

 

Los carriles habilitados para el tranvía y las bicicletas apenas dejan paso a unos peatones que también han de sortear carteles publicitarios de pie, los desniveles y aristas de las losas del suelo, los charcos que se acumulan, el agua que cae de los aparatos de aire acondicionado, los veladores de los bares, los vendedores ambulantes ilegales, las encuestas de voluntarios de ONG que les piden «un minutos, por favor» a cada dos metros, la triste imagen que dan las personas pidiendo limosna, los mimos, los patines, el paso del camión de Lipasam baldeando, el cajón de obra de alguna fachada, las cubas con escombros y enseres, una manifestación delante de los servicios centrales del SAS... y el calor, mucha calor por la ausencia de sombras y árboles.

La entrada ya por la Puerta de Jerez y, más aún, por la plaza aledaña que encontramos una vez salimos de la parada del metro, construida hace poco tiempo cuando se reurbanizó esa zona, da idea del panorama desolador que nos espera cuando echemos a andar por la avenida, camino de monumentos que son patrimonio de la humanidad, o de la zona comercial por excelencia e, incluso, administrativa, pues la calle conduce también al Ayuntamiento.

Incomodidad y falta de sombras

Losas partidas, rejillas con desniveles que «provocan accidentes y hasta una vez a un Policía Nacional, que iba en su moto y salío volando», dice Natividad dentro de su puesto de cupones con el aire puesto; la fuente con el surtidor parado, el agua de la taza estancada y sucia; y, el sol quemando a los caballos de la parada en la que los cocheros no ocultan su malestar por tanta incomodidad y falta de sombras.

Antonio yAdolfo se quejan de que no tiene más remedio que meter los carruajes dentro de la Puerta de Jerez cuando el sol avanza, a pesar de que está prohibido.

Pasamos por dicha plaza emblemática y los destrozos siguen. Las farolas de diseño están llenas de pegatinas, los bancos tienen los listones levantados y lo que es peor, están vacíos.

No hay nadie que se pueda sentar porque abrasan y «te hacen un siete en los pantalones», dice Rafael, un octogenario al que le gusta recrearse en ese entorno que en otro tiempo le llevaba a la Feria del Prado.

«Mucho incivismo»

Al final, raro es no acabar «mareao» como dice Tomás González, el presidente de Aprocom, la federación que aglutina al pequeño y mediano comerciante de Sevilla y su provincia.

Lamenta que esta avenida «se haya hecho peatonal y resulta que el peatón no puede pasar». «Es un obstáculo tras otro en esta vía principal de penetración a la zona comercial escaparate turístico de la ciudad», añade.

Destaca mucho la existencia de carteles publicitarios de pie que impiden el paso «y que no está permitido instalarlos así» y lafalta de sombras «pues se quitaron los árboles que había para dejar paso a las catenarias y ahora no los han repuesto».

«También —termina— hay mucho incivismo y no se respetan las señales y por eso, si no se cumple la normativa lo que hay que hacer es sancionar»

 
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