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Jul

2015

LA QUÍMICA DUELE MÁS QUE LA FÍSICA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 10/7/2015

FRANCISCO CORREAL

EL deterioro de siete siglos de historia, los que tiene la iglesia mudéjar de San Gil, adyacente a la más moderna Basílica de la Macarena, fue mucho menos lesivo para los paños de su alicatado, una de las joyas de su patrimonio histórico-artístico, que los daños irreversibles producidos en los últimos siete años. 



A esa conclusión llegaron después de visitar la iglesia los profesores de Ingeniería Gráfica Manuel Pastor Barrera y Gabriel Granado Castro. Éste dirige unos trabajos fin de carrera de la Escuela de Ingeniería de Edificación sobre Fotogrametría centrados en los alicatados medievales del ábside de San Gil. Unos elementos que antes ocupaban una considerable superficie, cubriendo incluso las columnas del arco de la entrada del presbiterio, y como consecuencia de los efectos mecánicos y sobre todo químicos "han quedado reducidos a un zócalo que no llega a dos metros de alto", según el informe que ha redactado Manuel Pastor. 

Mientras que las patologías mecánicas, debidas sobre todo a los cambios de nivel de la capa freática por la cercanía del río Guadalquivir, son subsanables, la química, mucho más reciente, "es absolutamente destructiva e irreversible". La corrosión se produce al contacto con el aire de productos químicos que horadan el muro por las aguas del subsuelo contaminadas con diversos productos "entre los que abundan los derivados del azufre". 

El alicatado mudéjar de la iglesia de San Luis, presente en las iglesias de San Esteban y Ómnium Sanctórum, la Torre del Oro y el Palacio del Rey don Pedro del Alcázar, es "heredero directo de los mosaicos romanos y bizantinos" y debe su nombre a que el virtuosismo de las piezas se lograba "por estar cortados, uno a uno, con alicates". Versiones modernas de esa técnica, dice Pastor, las usaron el arquitecto Antonio Gaudí o el pintor Santiago del Campo en establecimientos comerciales o el mural del Sevilla. 

Diego Angulo Íñiguez señalaba el comienzo del siglo XIV ("alrededor del año 1300") como origen histórico de estos alicatados. José Gestoso los consideraba algo posteriores. Dos de los autores que estudiaron este patrimonio que estos dos profesores han encontrado en tan lamentable estado. También figura en estudios de Alejandro Guichot y Sierra y de José Guerrero Lovillo. 

La dificultad técnica y la elevada mano de obra provocó la sustitución del alicatado por el azulejo, técnica muy centrada en fábricas de Triana que vivió su canto del cisne en la Exposición Iberoamericana de 1929, siendo postergada después por la hegemonía industrial y comercial de la cerámica levantina. 

El tiempo, el abandono y la indiferencia, que Manuel Pastor documenta con una cita de Luis Cernuda en Ocnos, se suman a la nómina de agentes destructores en la que ocupa un lugar prominente y letal la acción de quemar esta iglesia en 1936, incendio que destruyó la techumbre de las naves. 

"¿Nadie ha visto nada en este tiempo?", se pregunta Manuel Pastor Barrera en su informe después de realizar su visita a la iglesia de San Gil. "La Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica e Hispalense, la hermandad de la Macarena, el Excelentísimo Ayuntamiento, la Universidad de Sevilla, la Comisión de Patrimonio, las Academias, los profesionales de la cosa cultureta sevillana, feligreses... público en general. ¿Nadie?". 

"Es la hora de los especialistas", dice Pastor, aparejador, licenciado en Bellas Artes y profesor de Ingeniería Gráfica. Sugiere alternativas a deterioros similares como las de la iglesia del hospital de las Cinco Llagas -sede del Parlamento andaluz-, en la que se aseguró la estabilidad de cimientos y muros "mediante micropilotes"; o en Santa Paula y el Museo de Bellas Artes, donde se eliminaron las humedades por capilaridad "mediante técnicas basadas en las propiedades de los campos magnéticos".

 
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