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17

Jul

2015

AVENIDA DE ALÍ, ANTES CONSTITUCIÓN PDF Imprimir E-mail
Aparcamientos



Sevilla es una de las pocas ciudades del mundo en que las palabras desastre y peatonalización pueden escribirse juntas. Y una de las pocas que inician unas obras de peatonalización talando los grandes árboles que convertían el trecho que va de Santo Tomás a la Puerta de Jerez en un hermoso túnel verde. En otras ciudades peatonalizar quiere decir devolver a los ciudadanos lo que la dictadura de los coches les quitó. Adoquines en vez de asfalto, desaparición de humos y ruidos, árboles que hermoseen y den sombra, aceras para ordenar el tránsito de peatones, ciclistas y transporte público... 

La nefasta peatonalización de la Avenida sólo ha logrado eliminar los humos y vibraciones. Los ruidos de los motores han sido sustituidos por los más variados sonidos, unos más agradables y otros menos. Pero esto podría darle un puntito Covent Garden (qué más quisiéramos que con el mercado de la Encarnación se hubiera hecho la operación que ha convertido el Covent Garden que inmortalizó Audrey Hepburn en uno de los atractivos turísticos de Londres). 

Lo peor son los horribles pavimentos planos, la carencia de aceras que le ha regalado la mayor parte de la Avenida a los ciclistas y al Metrocentro, la tala de los grandes árboles y la falta de sombra. Atrofiados naranjos de pega, que no han crecido desde que fueron plantados, dejan a los transeúntes a merced del sol despiadado. Cuando llegan a la Plaza Nueva o la Puerta de Jerez parecen Lawrence de Arabia después de atravesar el Nefud. ¿Cómo pudo hacerse tan mal algo tan deseado, tan necesario, tan largamente esperado? Si el infierno de Dante existe, al arquitecto que lo perpetró y al alcalde que lo consintió les espera dar vueltas y más vueltas en un círculo de ardientes losas churretosas bajo un sol despiadado. 

Dedicado a Omar Sharif en su papel de Alí.

 
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