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Oct

2015

FLEXIBLE MEMORIA HISTÓRICA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 1/10/2015

CARLOS COLÓN

DIGO yo que si se retira el busto de Pemán del teatro Villamarta en cateta aplicación de la torpe Ley de Memoria Histórica porque el escritor gaditano fue franquista, con mayor razón se debería derribar la comisaría de la Gavidia. El busto de Pemán no se ha retirado por razones literarias, sino políticas. Por lo mismo el edificio de la Gavidia, construido bajo el funesto mandato de Arias Navarro en la DGS y donde tanto se torturó, debería ser derribado con independencia de sus supuestas bondades arquitectónicas defendidas por los chirigoteros de la modernidad. 



Ya sé que no se derribará. Pero hay que llamar la atención sobre el hecho singular de que el "movimiento moderno" entrara en Sevilla de la mano del franquismo más destructor, desarrollista y represor. Y sobre el desprecio al patrimonio que supuso el derribo del antiguo colegio de San Hermenegildo, de cuya destrucción Joaquín Romero Murube logró salvar in extremis la iglesia: llevó en mano el telegrama con su declaración como monumento al alcalde cuando este iba a presenciar el inicio del derribo del templo. Se cuenta que al leer el acuerdo del Consejo de Ministros que salvaba ese único resto del antiguo gran edificio, el regidor cogió tal cabreo que se lió a fustazos con un pobre caballo que salió disparado calle Alfonso XII arriba. Tenían mucho carácter los tipos que trajeron el movimiento moderno a Sevilla. 

Es que entonces no se tenía conciencia patrimonial. Es lo que se suele argumentar, no para justificar a los regidores, que eran franquistas y por eso sobre ellos se echan todas las culpas. La ausencia de conciencia patrimonial se utiliza como argumento para justificar las actuaciones de los arquitectos, seres privilegiados que tienen la virtud de trabajar para las dictaduras, y para sus aparatos más represores, sin contaminarse por ello; y que tienen también el don de ser agentes activos de la destrucción de la ciudad histórica sin mancharse las manos. Entonces, ¿por qué Romero Murube se opuso a aquel derribo? ¿Era un iluminado, un profeta, un visionario? No. Simplemente era sensato. También había criticado en el entorno del 29 la conversión regionalista de Sevilla en un decorado de rejas y azulejos. Por decirlo a la manera de Jane Austen: Romero Murube tenía juicio y sensibilidad. Algo que les faltaba a quienes ordenaban los derribos y construían los edificios en pleno corazón de la ciudad histórica.

 
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