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13

Nov

2015

EL MIRADOR DE BETIS ABRE TRAS 4 AÑO DE ESPERA PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 1/11/2015

EDUARDO DEL CAMPO

 

Habrá llamado la atención a veci­nos y paseantes de la calle Betis de Sevilla ver que en la ribera de Tria­ría, entre la comisaría de Policía y el restaurante Kiosko de las Flores, hay un flamante conjunto formado por un paseo, una rampa hasta la orilla y una plataforma paisajística de unos cien metros de longitud construida sobre la lámina de agua que, pese a estar terminado desde hace cuatro años, permanece siem­pre cerrado con candado al otro la­do de los barrotes. La impotencia de tener a mano este espacio reno­vado en el antiguo muelle Camaro­nero, con vistas maravillosas al conjunto histórico de Sevilla, pero no poder usarlo, va por fin a aca­barse. Hoy, domingo 1 de noviem­bre, se abre al público a diario des­de las ocho de la mañana hasta las diez de la noche (hasta medianoche en verano, el mismo horario que el resto de parques de la ciudad).

 

Componen este espacio un mira­dor de 330 metros cuadrados, un talud ajardinado y una plataforma de madera a ras de agua de 1.500 metros cuadrados, protegida con una barandilla. No habrá acto de inauguración porque en periodo preelectoral de los comicios del 20

de diciembre lo prohíbe la ley.

Al nuevo gobierno del PSOE de Juan Espadas y en particular a su delegación de Hábitat Urbano, Cul­tura y Turismo, que dirige Antonio Muñoz, le ha correspondido estre­nar el recinto público de recreo que se proyectó e inició bajo el manda­to del alcalde socialista Alfredo Sánchez Monteseirín en 2010, se concluyó con el del PP de Juan Ig­nacio Zoido en enero de 2012 y ha permanecido desde entonces vara­do a la espera de apertura. Muñoz ya avanzó en agosto que se com­prometía a abrir el muelle Camaro­nero «en octubre a más tardar».

La apertura se ha atrasado por la burocracia y diferencias sobre su uso. El anterior alcalde, Juan Igna­cio Zoido, se podía haber marcado el tanto político de su apertura, aun­que fuese como remate de un pro­yecto de su predecesor Monteseirín. La obra terminada se recepcionó el 24 de enero de 2012. La Autoridad Portuaria concedió al Ayuntamien­to el dominio público de este tramo de orilla en octubre de 2013 (Urba­nismo lo solicitó el 11 de junio de 2013), un trámite necesario para que la ciudad se hiciera caigo de la nueva instalación recreativa.

Pero el gobierno local del Pp en vez de abrir el muelle inmediata­mente, prefirió supeditar su estreno a la convocatoria y resolución de un concurso para adjudicar la instala­ción de un chiringuito con velado­res y espacio para eventos, con la idea de que el titular de la concesión se encargase del mantenimiento de todo el espacio, ahorrando así ese coste a las arcas municipales.

Al llegar el PSOE al poder, el de­legado municipal decidió retirar el concurso del chiringuito con el ar­gumento de que, en contra del cri­terio del gobierno anterior, no se podían montar veladores allí por­que esa parte de Betis ya está de­clarada zona saturada de ruidos, y habría que cambiar las ordenan­zas. El gobierno local ha decidido volver al camino más simple, abrir cuanto antes el muelle al público sin ningún bar y que el Ayunta­miento se encargue de su manteni­miento y limpieza, a través de Par­ques y Jardines y Lipassam.

 

Para preparar su apertura, el Ayuntamiento ha limpiado y podado, retirando 50 metros cúbicos de res­tos vegetales en cinco cubas, según informó ayer. Además, han replanta­do hibiscus y sembrarán camelias, que se suman a los ejemplares de eu­calipto, grevillea, brachychiton y fal­sa pimienta ya existentes.

La pasarela nació gracias a un convenio entre el puerto y el Ayun­tamiento cuando gobernaban PSOE e IU. Monteseirín anunció la obra el 3 de marzo de 2010. Se ad­judicó a la constructora Sando el 11 de mayo de 2011, con un plazo de ejecución de siete meses (se alargó) y un presupuesto con IVA de 1.819.761,53 euros, dinero del Plan E del gobierno central de Za­patero. La obra comenzó el 26 de mayo de 2011 y la pasarela se en­tregó terminada el 24 de enero de 2012. Desde entonces, el muelle es­taba desierto. Al abrirse al público, cobra hoy por fin sentido

 
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