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2016

BARRIDO POR LA PERVERSIÓN DE LA ESTAMPA DE SEVILLA PDF Imprimir E-mail
Contaminación Visual

ABC SEVILLA / 7/2/2016

AURORA FLÓREZ

La descontaminación visual de Sevilla es puro papel mojado nueve años después de la aprobación de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, que preveía a fecha de enero de 2011 que si los elementos contaminantes no habían sido retirados se incumplía la obligación legal y los responsables incurrían en una infracción administrativa sancionable por parte de la Consejería de Cultura, de donde, tradicionalmente, los expedientes abiertos reconociendo las agresiones visuales a los Bienes de Interés Cultural han sido remitidos al Ayuntamiento, que, por su parte, debería haber tenido en marcha un Plan de Descontaminación Visual hace cinco años.


La perversión del paisaje urbano y monumental capitalino no sólo no ha hallado solución con los gobiernos municipales del PSOE o el PP entre 2007 y 2015, sino que la ciudad sigue careciendo de ese plan de control obligatorio.
No obstante, el Ayuntamiento sí cuenta con la Ordenanza de Publicidad —modificada el pasado año—, que regula la colocación de este tipo de elementos en la vía pública del conjunto histórico de Sevilla. Banderolas, rótulos perpendiculares y colgaduras en las fachadas, incluso las de los edificios en mal estado, quedaron prohibidos a partir de noviembre de 2015, quedando excluidos los alusivos a servicios públicos, usos sanitarios, de seguridad, asistenciales y hospedaje, salvo que se coloquen en edificios BIC, catalogados o inscritos en el catálogo de Patrimonio Histórico de Andalucía. Algunas prohibiciones contempladas en la ordenanza de 2007 se mantienen, como las instalaciones con apoyo o vuelo sobre la calle, las publicidades en sombrillas, veladores, bancos, parasoles, la de los vehículos, los carteles, pegatinas, etiquetas y formatos similares pegados sobre fachadas.


Claramente, podemos encontrar ejemplos de todo lo contrario a la ordenanza po
r doquier. Baste señalar que los rótulos que sí pueden instalarse deben ser discretos e integrados en el conjunto y usar colores que no chirríen en su ubicación...

Aun así, según fuentes del Ayuntamiento, el número de denuncias interpuestas por el Servicio de Inspección de Lipasam el pasado año sólo fue de 904 por conceptos como utilización de publicidad en espacios no utilizados, en vehículos, pintadas en fachadas o elementos de la vía pública... cuestiones que sí son relativas a la contaminación visual, pero en ese total de denuncias también se incluyen la publicidad fuera de los buzones o la que se coloca en los limpiaparabrisas de los vehículos, concernientes a la limpieza.
Que se cumpla la ley
La Asociación para la Defensa del Patrimonio (Adepa), por boca de su presidente, Joaquín Egea, da una respuesta en forma de crítica: «La Administración no tiene interés en eliminar los elementos de contaminación visual». Ni la normativa del PGOU, ni la Ordenanza, ni la Ley autónomica se cumplen. Cita Egea casos como los cubos de basura de los restaurantes en la calle Hernando Colón, los luminosos de hoteles con el fondo de la Giralda, las señales de tráfico acumuladas en un mismo punto, entre otros muchos dislates que afectan a la contemplación del centro de la ciudad. «No hace falta ni ley ni ordenanza nuevas, sino que se exija el cumplimiento de las que existen», afirma.
La estampa de ciudad monumental, de grabado de libro, no sólo en sus hitos de los edificios declarados BIC, queda lejos de la realidad con la que cualquier turista o sevillano, quizá acostumbrado este a la perturbación del paisaje urbano por elementos de todo tipo, se topa, sea en forma de reclamos publicitarios públicos o privados, cartelerías, mupis fijos o electrónicos, señales, placas, cables, aparatos exteriores de aire acondicionado, una situación de la que no escapa ni el área de influencia del triángulo que forman los tres monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad: Catedral, Real Alcázar y Archivo General de Indias.
Sólo hay que darse un paseo alrededor de la Catedral para toparse con una ristra interminable de veladores de estética variadas y estridentes reclamos de restaurantes, caso de la Avenida de la Constitución, desvirtualizada hasta límites intolerables por las franquicias y el « take away » , con el añadido del metrocentro y sus paradas frente al Archivo de Indias y al edificio de Correos.
La visión actual de esta arteria de 600 metros de longitud en lo mejor del casco histórico viene a ser el colofón estéticamente corrupto de la historia y las transformaciones urbanísticas y pretendidas mejoras que, a lo largo de los años, acabaron con Génova y Gradas, que volvieron invisible la Torre Abd el Aziz y que hicieron desaparecer la Universidad de Maese Rodrigo, de la que sólo queda en pie la capillita de Santa María de Jesús.
La calle Alemanes y sus aledañas tampoco escapan ala furia del« merchandising » dela« churripapa », la porción de pizza, loses taribésenp lena vía pública de yerbas para infusiones y especias, las sombrillas y estufas hoteleras y demás abigarramiento, una estampa que se sublima en el barrio de Santa Cruz, donde los escurridos trajes de flamenca de pacotilla, las camisetas serigrafiadas con frases supuestamente ingeniosas, los objetos del «kitsch» más rancio o de la farfolla folcklórica modernizada, campan por las fachadas más señeras de esas calles estrechas y plazas coquetas de judería historicista que en los años veinte inventó ala vez que salvó dela furia de los ensanches el segundo marqués de Vega-Inclán, aqu el comisario regio de Turismo, primer visionario empresarial con perspectiva turística.

La fotografía de la contaminación visual, el afeamiento de la visión en román paladino, se extiende, igualmente, por la calle San Fernando, frente a la antigua Fábrica de Tabacos, actual Universidad, y al hotel Alfonso XIII, al muro del monasterio de la Cartuja, degradado y plagado de pintadas y a cualquier rincón del Conjunto Histórico de Sevilla con sus arrabales. O sea, la práctica totalidad de la ciudad, que se degrada visualmente en progresión a medida que se trazan círculos concéntricos desde el punto cero del espacio declarado Patrimonio de la Humanidad.

 

 
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