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2016

GRUMETE MAGALLÁNICO PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO / 31/3/2016

JOSÉ MANUEL MÚÑEZ DE LA FUENTE

 

SIRVAN LAS primeras líneas para agradecer a este periódico y a su director la oportunidad que me brindan para responder a las descalificaciones vertidas por Carlos Mármol en diferentes artículos publicados durante las últimas semanas en este mismo periódico. No en balde, la libertad de prensa y expresión son valores sagrados de la democracia que se complementan con otros no menos sagrados tales como la obligación de veracidad en la información y el derecho a la defensa del honor ante la persecución difamatoria y el linchamiento vejatorio.

 

El articulista Carlos Mármol viene utilizando desde hace años su platea pública en los medios para lanzar todo tipo de acusaciones e insultos sobre la Fundación Atarazanas, por el simple hecho de que ésta se ha posicionado en contra de los proyectos de rehabilitación planteados por el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra para el edificio monumental de las Reales Atarazanas. Primero fue con el Caixaforum, periodo en el que arremetía contra todos los que osaran comprometer el plan previsto por el arquitecto, al margen de investigar y valorar las diversas posturas divergentes, siempre sanas y pedagógicas en cualquier proyecto referido al patrimonio. Pero ha sido ahora, tras el debate suscitado a raíz del nuevo proyecto de centro cultural, también con la firma de Vázquez Consuegra, cuando se ha desatado la iracundia de los dioses, y el señor Mármol ha pasado definitivamente a un ataque directo e inmisericorde contra las personas, en concreto contra el presidente de la Fundación, Rafael Crespo, y contra mí en tanto coordinador de la formulación patrimonial de nuestra propuesta correctora del proyecto.

 

En última instancia, no debería ser un drama debatir y contrastar posturas contrarias en un asunto tan importante como éste, en el que está en juego la identidad de uno de los edificios monumentales más importantes de Sevilla, e incluso de todo el Estado, no sólo por su singular naturaleza arquitectónica sino, y sobre todo, simbólica. Sin embargo, razones que se antojan oscuras, o simplemente sinrazones, han convertido este asunto en una cacería contra dos personas que lejos de creerse en posesión de la verdad, sin embargo acreditan una lucha de muchos años para procurar un consenso entre el titular del monumento, la Junta de Andalucía, y el conjunto de la sociedad civil, entendiendo ésta como la vía más certera para evitar errores irreparables.

 

Actualmente, aparte de los promotores del proyecto, del arquitecto responsable del mismo, y de todos sus defensores, existe también una amplia contestación social vertebrada a través de asociaciones en defensa del patrimonio, arquitectos de enorme prestigio, academias e instituciones locales y nacionales, todos los cuales han sancionado el proyecto de Vázquez Consuegra como perjudicial y destructivo, por no hablar del propio Ayuntamiento de Sevilla, que ha dictaminado la paralización del mismo hasta un mayor y profundo estudio de la cuestión. Cosa ésta que ha sido también respaldada por el comité nacional del Icomos (Organismo asesor de la Unesco), que ha recomendado a través de un informe oficial la suspensión inmediata del proyecto como base para establecer un plan director que garantice cualquier actuación sobre las Atarazanas. Ante este panorama, Carlos Mármol no ha dudado en apoyarse en cualquier tipo de calumnias para tratar de silenciar y doblegar a quienes considera como los principales responsables de todas las complicaciones surgidas, es decir, Crespo y Núñez, según nos llama. Ha utilizado las disensiones internas de la fundación para realizar una crítica gruesa contra la gestión llevada a cabo en los últimos años, tratando de reinventar el divide y vencerás, como si tal cosa fuese algo insólito en las organizaciones sociales. Se ha arrogado el papel de juez y parte apoyado en una fuente tan parcial como injusta y traidora. Pues, en contra de los propios principios fundacionales, el ex patrono garganta profunda de Carlos Mármol ha optado en este caso por aliarse al aliado del arquitecto para arremeter contra los que considera sus enemigos a batir.

 

Carlos Mármol nos ha pretendido insultar llamándonos fenicios, impostores, mercaderes, advenedizos, y toda clase de descalificativos, amén de enjaretar una sarta de injurias y falsedades con las que menoscabar nuestro honor y profesionalidad. Todo ello en un intento vano de acobardar y/o reventar el ánimo y las energías de quienes han osado enfrentarse al dios sevillano de la arquitectura. Pero en su ensañamiento, ya que se trata de una lucha desigual pues difícilmente hay capacidad de respuesta, Mármol ha llegado al colmo de la villanía. No ha dudado en pedirle al alcalde de la ciudad, Juan Espadas, que nos retire la confianza en cualquier clase de proyecto referido a la conmemoración del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. Pues según él no somos nadie en tales cuestiones ni aún merecemos trabajar en ello. Sólo somos, según su visión, gente aprovechada que lleva viviendo diez años de las arcas públicas, tildándonos además, en un torpe alarde quevediano, de simples grumetes, sin más oficio ni beneficio que el que nos brinda nuestra habilidosa picaresca. Paradójicamente, ése ha sido el único insulto que pretendiendo humillar ha resultado honroso para mi persona, pues debería saber el señor Mármol que hubo siempre más mérito y honra en los anónimos y esforzados grumetes de cualquier época que en muchos ilustres y condecorados almirantes imbuidos de rabia y soberbia.

 

Llevo 30 años dedicados al estudio y divulgación de la figura histórica de Hernando de Magallanes y la Primera Vuelta al Mundo. He realizado decenas de documentales etnográficos para televisiones nacionales e internacionales, algunos de ellos abordando la temática mencionada. Tuve la suerte y el honor de navegar a principios de los 90 las 34.000 millas náuticas del viaje de Magallanes y Elcano, comandando una misión que replicaba fielmente la ruta del primer viaje de circunnavegación. He llevado a cabo innumerables acciones y programas culturales relacionados con este acontecimiento histórico, al igual que he participado en foros y conferencias en universidades y ciudades de todo el mundo. En los últimos tiempos he ayudado junto a Rafael Crespo y otra mucha gente de los cinco continentes a crear y desarrollar una Red de Ciudades cuyo objetivo es trabajar por la puesta en valor de la mayor gesta de todos los tiempos. Respecto a los diez años que llevamos viviendo, según Mármol, de las arcas públicas, he de aclarar lo siguiente. Yo estuve trabajando como director general de la Fundación Atarazanas cuatro años, hasta 2011. Posteriormente, debido a la crisis y el escaso interés institucional por la cultura, me trasladé al Reino Unido donde he vivido y trabajado hasta 2015. Mi formación como historiador y antropólogo, especializado en patrimonio, me ha permitido trabajar en todo tipo de proyectos patrimoniales, así como fundamentar las tesis que se muestran contrarias al proyecto que Carlos Mármol defiende con tanto ahínco. Y en cuanto al señor Crespo, una de las personas más honradas y sacrificadas que conozco, con 37 años dedicados a la lucha social y medioambiental desinteresada, siete meses de salario a cuenta de la Fundación y algunos pagos extraordinarios a cargo de acciones y proyectos vinculados a Magallanes serían sucintamente el resultado de esos grandísimos provechos que según cuenta Mármol se ha llevado.

 

A la postre, amén de los muchos errores cometidos, tanto en mi responsabilidad en la fundación como a lo largo de mi vida, sigo creyendo en la necesidad de luchar por causas justas como la de las Atarazanas, aunque éstas sean causas perdidas. En eso sí somos verdaderamente expertos Rafael Crespo y yo, en perder ante los poderosos. Aunque no por ello somos tan tontos como para no darnos cuenta de lo que realmente se esconde tras toda esa campaña orquestada por el periodista Carlos Mármol. Yo le recomendaría a este articulista, para finalizar, que limpie el cristal a través del que observa la realidad, pues el veneno y el odio no son buenos compañeros de viaje para la búsqueda de la verdad y la crítica objetiva. Es cierto que nos ha hecho mucho daño, puesto que cualquier tipo de difamación es irreparable en sí misma. Pero también se ha hecho daño a sí mismo como periodista y como persona, pues probablemente sea incapaz de superar la vergüenza por la injusticia cometida.

 

 
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