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Abr

2016

MURILLO PUEDE ESPERAR PDF Imprimir E-mail

EL MUNDO /10/2/2016

JOSÉ ANTONIO GÓMEZ MARÍN

UNO COMPRENDE que tampoco es cosa de vivir con el almanaque perpetuo en la mano, pendiente de los centenarios de nuestros genios olvidados. De he hecho ha pasado el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote sin grandes fastos y nada anuncia que el de su muerte vaya a concelebrarse mejor. En cuanto al del nacimiento de Murillo, ni palabra. Se iba a hacer según los anuncios políticos una memorable exposición del genio sevillano desgraciadamente mal conocido en España por estar su obra «de pintura civil», como dice el profesor Vicente Lleó, no sólo en el exterior sino diseminada entre muchos países -Holanda, Austria, Francia, EEUU- con los que una negociación de esta naturaleza exigiría tiempo y destreza. Si viviera don Diego Angulo -que nació en España, en Valverde del Camino, por cierto-, su máximo conocedor, se subiría por las paredes contemplando esta inhibición de nuestras Administraciones a las que lo mismo les da tres que trescientas el hecho lamentable de que para la inmensa mayoría esa obra genial siga siendo malconocida por la inmensa mayoría como un prodigio de la pintura religiosa barroca que, para muchos críticos no es lo mejor que el gran pintor nos legó si se comparan sus vírgenes y santos con la genialidad de sus retratos callejeros, la impronta de aquella España no poco miserable que esos rostros de niños entre pícaros y angelicales nos ofrecen con inocencia. Pero don Diego no está ya entre nosotros y ya me dirán lo que puede esperarse de la sensibilidad de los gestores de nuestra autonomía y de la nación.

¡La que se organizaría si, por desinterés de alguien, se frustrara una Gala de los Goya! Que se olvide la obra de Murillo, que el país renuncie todavía, cuatrocientos años después, a reparar semejante desmemoria, no deja de ser una vergüenza por más que sea lo sólito en este corral de cabras. ¡Aquí andamos pendientes del esmoquin de un descamisado, de los mangazos de una matrona levantina o de nuestros propios saqueos, no jodan, y ya me dirán por qué iban nuestros responsables -que sería curioso indagar cuántos museos han visitado en si vida- a perder el tiempo en hacerle justicia a un genio olvidado! La semana pasada han arrasado en Huelva un importante yacimiento probablemente tartesio y no se ha movido una hoja, ya ven, y en Sevilla no acaba el cuerpo a cuerpo en torno a la imprescindible intervención en las viejas Atarazanas. Murillo puede esperar sentado. Y nosotros, de pie.

 
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