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Abr

2016

LA SEGURIDAD DEL PARQUE DE MARÍA LUISA, EN ENTREDICHO POR LA FALTA DE INVERSIONES PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 25/4/2016

MANUEL MARÍA BECERRO

La seguridad del centenario parque de María Luisa sigue en entredicho dos meses después de la conmocionante muerte de una joven que falleció desangrada por los brutales abusos sexuales sufridos de madrugada en el interior de un recinto que, supuestamente, tiene vetados en invierno todos los accesos entre las 22 horas (el horario se amplía hasta la medianoche durante la primavera y el verano) y las 9 de la mañana, pero donde rara es la noche en que no se cuelan —sin que puedan alegar extravío— personas de toda calaña y condición que conforman una fauna sátira ante la que conviene estar precavido.

Cuando se esconde el sol, las vías de acceso más comunes y concurridas se corresponden con los bares de copas de moda en la zona: la discoteca Alfonso y la terraza Bilindo. Están incrustados en el parque y, aunque en temporada alta contratan seguridad privada —para disuadir de botellones—, cualquiera que se haga el despistado accede a las 40 hectáreas de jardines, donde los más incautos pueden darse un paseo nada aconsejable tanto en noches cerradas como (sobre todo) con luna llena, tal como ha quedado tristemente demostrado en la muy avanzada instrucción del crimen de la joven presuntamente violada por un individuo que ha reconocido al juez que solía acudir por la tarde noche a María Luisa para guipar parejitas e intentar escarceos sexuales.

Quien se atreva a pegarse una garbeo nocturno se arriesga, como mínimo, al susto. Porque aparte de que le puede pillar la pareja de vigilantes privados que cierra las puertas y recorre en coche el recinto, debe saber que tras los arbustos que proliferan a lo largo y ancho del histórico jardín privado de los duques de Montpensier puede andar escondido cualquier desaprensivo con intenciones nada claras.

Miedo a la noche
«Yo no me atrevo a meterme aquí de noche, ni sola ni acompañada», admite una trabajadora del parque. Ni siquiera a plena luz del día está garantizada la seguridad en este bosque urbano único en Europa por su variedad arbórea. Kiosqueros, deportistas, personal de mantenimiento, cocheros de caballos... los que tienen que estar o pasan a diario por el parque rememoran episodios a cada cual más lamentable. Los más expuestos son sin duda los operarios de jardines, que tienen que recorrer a diario los rincones más intrincados donde no pocas veces aguardan agazapados exhibicionistas con menos complejos que recato.

Los ficus, olmos, cipreses, palmeras... en general todos los espacios públicos verdes atraen tanto a parejas desinhibidas como a mirones, ahora armados con móviles con cámara. La extensión y la belleza romántica de María Luisa ceban el señuelo. A lo largo de las décadas se han ido incluso delimitando zonas en su interior según orientaciones sexuales: el rebautizado por los jardineros como «paseo de los rosales» —entre la avenida de Pizarro y el exterior Paseo de las Delicias— es un lugar prácticamente acotado para parejas homosexuales y chaperos, sobre todo por las tardes.

Las parejas que buscan rincones de intimidad se arriesgan a que cualquier mirón les tome imágenes
La presencia policial se antoja insuficiente, sobre todo los fines de semana, para un recinto de las dimensiones de María Luisa. La Policía Nacional suele hacer rondas a caballo, aunque se ve de vez en cuando pasar el coche patrulla. Despliegues como el que se efectuó en febrero tras el crimen de la joven salvajemente violada llaman la atención por lo inaudito. Eso sí, hubo tiempos peores, según los veteranos: «En los 80, cuando pegaba fuerte la droga, se veían tirones a diario. Hoy hay sobre todo descuideros, que se aprovechan de los turistas que se sientan a descansar y pierden de vista el bolso».

El Ayuntamiento de Sevilla ha anunciado que reforzará la seguridad contratando más vigilancia privada, pero los planes son para otoño. Y es en primavera y durante el periodo estival cuando se eleva el número de usuarios y de incautos. «A los guardias que contraten, que les den motos para meterse por cualquier lado, como las que hay en el parque del Alamillo. Al final sale barato, porque lo que cueste se lo ahorran en fuentes y azulejos rotos por vandalismo», sentencia un kiosquero.


Un coladero natural
La valla de seguridad que rodea el parque de María Luisa no es de una altura considerable, sobre todo en la zona que da al Paseo de las Delicias. Basta cierta agilidad para que cualquier adulto o adolescente pueda acceder al interior, apoyándose en las bisagras y el pasador metálicos o incluso en ciertos elementos arquitectónicos que ornamentan el perímetro del recinto.

Pero, quien no quiera hacer demostraciones atléticas, siempre puede aprovechar la dejadez de la Junta de Andalucía con los terrenos de la antigua escuela de jardinería de la fundación Forja XXI, a las espaldas de la sede de Delegación del Gobierno, donde parte de la valla está vencida y por donde suelen colarse las vendedoras de romero para hacer acopio. El abandono es total: el llamado Parque Infantil Blancanieves parece gestionado directamente por la madrastra del cuento. Un grupo de abnegados voluntarios son los únicos que intentan poner coto ante tanta desidia autonómica.

 
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