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May

2016

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ABC/ 16 DE MAYO DE 2016

Antonio Burgos

Pongo el título en latín, latìn de la Bética de la Centuria Romana Macarena, latín de los mármoles de la calle Aire, latín del Julio César que nos cercó "de muros y torres altas", para que nadie me llame pelota. Porque si titulo "Elogio de Espadas" se van a creer que he roto en agradaor. Y nada más lejos de mi intención. Cumplo la máxima de Don Torcuato, el fundador de ABC: "Elogiar el mérito allá donde se halle". En este caso, en el primer año de mandato de Espadas como alcalde de Sevilla. De este elogio, más que Espadas, tiene la culpa Javier Rubio. Leyendo ayer la larga, extensa y honda entrevista que le hizo en ABC, como era Domingo de Pentecostés, vulgo del Rocío, pensé:

-- Más que una entrevista por el primer año de mandato de Espadas, esto parece una misa de difuntos en el primer cabo de año de la muerte política de Zoido, que en paz municipal descanse.

La derecha que estaba bastante mosqueada con Zoido por no poner sus co...ncejales sobre la mesa, es la misma que ahora está contentísima con Espadas. Juan Carlos Cabrera, al presentar al pregonero Rafa Serna, se la puso en suerte y en bandeja. Espadas está haciendo sin 20 concejales, 20 lo que el otro no supo, o no quiso, o ni lo intentó, en plan Arriola-Rajoy. Espadas, al que creíamos que los comunistas de la antigua y la nueva observancia lo iban a tener cogido por la entrepierna como el Tío de la Mariscada a Monteseirín, resulta que se ha pasado a Podemos y a IU por el Arquillo y ha roto en moderado, en centro-izquierda, en la difícil Sevilla de la derecha cobardona y de la "Sevilla la Roja" a la que, ay, de Regina a la Alameda y de Feria a San Luis y El Espumarejo, le está saliendo el ADN de las barricadas de julio del 36. Espadas no es lo que creíamos que iba a ser. Ha aprendido algo sevillanísimo: a taparse. A saber hacerse perdonar el éxito cada día. Por eso está contentísima con él la derecha que le hizo perder votos por un tubo a Zoido. En esta España de la abierta amenaza comunista de Unidos Podemos, socialistas moderados a lo don Julián Besteiro, como me parece Espadas (no revolucionarios a lo Largo Caballero como ZP), ofrecen una garantía de estabilidad del sistema constitucional de libertades que gozamos gracias a su restablecimiento por ese Rey al que ahora está de moda poner como los mismos trapos hasta cuando va a los toros a defender con su presencia la amenazada Fiesta Nacional, símbolo de España.

Como este elogio es como el propio Espadas, medido y no desmedido, hay algo en la entrevista con Javier Rubio en lo que no estoy nada de acuerdo. Dice Espadas que cuando gobierna la derecha en Sevilla hace en el Ayuntamiento el sota, caballo y rey; y que la izquierda trata de transformar la sociedad desde allí. No, señor Espadas. La anterior izquierda gobernante en la Casa Grande, el tristemente recordado Monteseirín, no transformó la sociedad para nada, que sigue a dos velas y con el mismo paro: se cargó a Sevilla, que no es lo mismo. Inventándose un lamentable modelo de ciudad de Setas y Pellis. Y Zoido, de sota, caballo y rey, nada: continuismo puro y duro, sin anestesia, del modelo de ciudad de Monteseirín, hasta yendo a San Petersburgo a defender la Torre Pelli que había prometido parar. ¡Y vengan veladores, con la coartada de los puestos de trabajo! ¡Ay, los veladores! Usted mismo. Don Espadas, prometió al llegar que iba a acabar con tanto velador y cada día hay más. Dése una vueltecita por dos calles que le voy a decir: esa Mateos Gago que iba usted a arreglar y nada; y esa Albareda donde hay que llevar a Antonio Santiago, ahora cesante en La Paz, para que lo pase a uno entre las estrecheces de las paellas de guiris a babor y estribor. Le ocurre a Espadas lo que dije un día a mi querido Gómez Marín, el rojo que en la Dual Sevilla acaba de ganar el premio Romero Murube con un precioso artículo sobre las Hermanas de la Cruz: "José Antonio, a tí lo que te pasa es que eres de derechas y no lo sabes". Lo mismo le ocurre a Espadas: es de derechas y no lo sabe. Por eso está tan contenta con él la Sevilla conservadora, desolada con aquel Zoido que desaprovechó la oportunidad histórica de la mayoría absoluta para darle la vuelta al proyecto socialista de ciudad.

 
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