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2016

¿Y EL MERCADO DE LA PUERTA DE LA CARNE? PDF Imprimir E-mail
mercado puerta de la carne

DIARIO DE SEVILLA/ 23 DE MAYO DE 2016

Juan Ruesga Navarro

HAN pasado diecisiete años desde que se cerró el edificio del mercado de la Puerta de la Carne y se trasladaron los placeros a la antigua Estación de Cádiz. Una más de las decisiones provisionales que se adoptan en Sevilla. Aún no han transcurrido los veinte o treinta años de rigor, que es lo que solemos tardar en resolver. Aunque la cuestión pendiente del mercado de la Puerta de la Carne es ya del siglo pasado. Y han ocupado el salón municipal de plenos del Ayuntamiento de Sevilla seis corporaciones y cuatro regidores: Soledad Becerril, Alfredo Sánchez Monteseirín, Juan Ignacio Zoido y Juan Espadas. Y por ahora no se le ve fin al arreglo del edificio y la instalación de nuevos usos. Porque desde que los placeros encontraron más clientela del lado de los nuevos edificios de San Bernardo y la Enramadilla parece que si algo está claro es que el edificio racionalista no será mercado de alimentación de primera necesidad. Y al Ayuntamiento, propietario del edificio, se le planteó la siguiente cuestión: conservar un edificio destinado a usos públicos, con poca superficie utilizable más allá de la nave principal y que por sus méritos arquitectónicos estaba protegido y debía ser conservado con las menores intervenciones posibles. Y con la búsqueda de nuevos usos y además que las obras de consolidación e implantación de esos nuevos usos costaran el menor dinero posible al presupuesto municipal. 

 



Y ahí empezó un bucle maldito: encontrar un agente privado que se hiciera cargo de los costos de las obras, compensados por una concesión administrativa en base a nuevos usos que cumplieran los requisitos urbanísticos y arquitectónicos. Y a coste cero para el Ayuntamiento. Y que fueran rentables al concesionario para poder pagar las obras, el canon municipal y los costos de explotación. Una difícil ecuación que se trató de resolver con un mercado gourmet y que pasado el tiempo no le vemos solución. Las obras han resultado más complejas de lo previsto por la dificultad de afrontar la consolidación de una estructura de hormigón armado de los años veinte que lleva décadas sin mantenimiento ni cuido. Solamente pensar en el posible efecto de las últimas lluvias sobre el edificio ya nos da una pista de la situación. Se habla de colapso constructivo de parte de los elementos portantes y que habrá que derribar parte de la cubierta y rehacerla nueva. Incremento de los costos del 25% sin haber iniciado las obras. Ampliación de los años de la concesión. Los años pueden hacer que se tengan que replantear los usos como en cualquier empresa privada. Y urbanísticamente la ciudad no evoluciona hacia la Puerta de la Carne. Los centros de atracción se están desplazando hacia el este y el norte, Plaza de Armas y Puerta Triana y Alameda, y el posible efecto polo de atracción de la Fábrica de Artillería en uso parece que tardará en llegar. A estas alturas no sé si los datos de la ecuación son acertados. Y por ahora el edificio sigue cerrado.

 
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