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Mar

11

Oct

2016

¿CÓMO ESTÁN CONSTRUIDOS LOS PILARES DE LAS ATARAZANAS? PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 6/10/2016

FERNANDO MENDOZA

NO podremos saber a ciencia cierta cómo están construidos los pilares que sustentan el gran edificio de las antiguas Atarazanas sin hacer previamente una minuciosa prospección técnica. Algo que al parecer han obviado los responsables del proyecto que pretenden crear una nueva cimentación de forma agresiva, sin tener en cuenta que estamos tratando una delicada construcción de siete siglos de antigüedad. Sin embargo, podemos suponer algo de la naturaleza de su interior a poco que se conozcan las técnicas de construcción medievales. 

Como es sabido, los primitivos astilleros de Sevilla están formados por grandes arcos góticos que cargan en pilares masivos de 2 x 3,50 metros, enterrados una media de 5 metros, por lo que lo que vemos ahora a ras de suelo es el arranque de los arcos góticos. El edificio está sostenido por 48 soportes mudéjares alineados en forma de acueductos paralelos. 

La forma tradicional medieval de construir muros y pilares era crear varias capas de distintos materiales. Las caras exteriores se realizaban con piedra, ladrillo u otro material duro. El interior de la caja que se había formado se iba rellenando con escombro, que se compactaba con agua y capas de cal, algo que resultaba mucho más económico que el ladrillo o la piedra. 

El problema de este sistema de construcción, verificado por mí mismo en el ejercicio profesional, es que a lo largo del tiempo, el agua, filtrándose por la coronación de los muros, va disolviendo, disgregando y llevando al fondo el relleno, con lo que el peso que debe soportar se ve sostenido progresivamente por las capas exteriores y, al final, el muro acaba colapsando. He conocido pilares que habían perdido hasta el 60% del escombro por lavados de lluvia y que estaban a punto de desplomarse. Es el mismo ejemplo ocurrido recientemente a dos pilares de la Catedral de Sevilla a los cuales ha habido que reforzar convenientemente, ya que habían perdido el relleno y estaban en peligro. 

Actualmente se han desarrollado sistemas de tecnología avanzada que permiten radiografiar el interior de los muros y pilares sin causarles el menor daño. Esta inspección y auscultación de los pilares es fundamental para saber cómo están construidos y qué problemas interiores tienen. 

En las Atarazanas, con pilares de gran dimensión, el problema se agrava. La falta de inspección interior y diagnóstico de su estado constructivo hacen de la operación prevista por los proyectistas, 128 perforaciones de lado a lado de los pilares, una ruleta rusa. No olvidemos que se quieren taladrar estos antiguos soportes y que las perforaciones pueden alterar el equilibrio actual del edificio, no sólo por los agujeros pasantes sino también por las vibraciones que generarían las enormes brocas. Podrían encontrar grandes vacíos o elementos duros del escombro y desestabilizar aún más su equilibrio. La entrada de maquinaria pesada para esta operación y la construcción de los micropilotes podría producir choques con las pilas u otras lesiones. Y una vez terminada la operación el subsuelo estaría invadido por un bosque de 374 micropilotes que harían inviable en la práctica la exploración arqueológica del relleno. Realizado éste a finales del siglo XV, tiene un gran interés arqueológico al haber estado originalmente en el borde del río y en el Arenal. En el relleno se podrían encontrar datos valiosos sobre la Sevilla medieval y los inicios del Descubrimiento de América. 

Pero lo más grave es que los soportes no necesitan esta agresiva operación para mejorar su resistencia. Estos refuerzos no se hacen porque los pilares estén en riesgo y amenacen la estabilidad del edificio. Por el contrario, la causa es otra: el proyecto actual propone sustituir un salón de actos que existe a nivel de calle por otro situado a once metros de altura, conjuntamente con una cafetería que se establece como la estrella del proyecto. Al incrementar tan brutalmente el peso que aguantan los envejecidos pilares, es necesario realizar esta nueva cimentación, con cepos de hormigón armado y pilotes hincados a veinte metros de profundidad para soportarlo. De verdad, ¿vale la pena poner en riesgo el que fue el mayor astillero medieval de Europa por estos caprichos? ¿Es éste el único proyecto posible para las Reales Atarazanas? ¿Están condenadas a morir por diseño? 

Los que pretenden realizar este despropósito no están solos. En la vista judicial que se mantuvo para sopesar la petición de Adepa de paralizar el comienzo de las obras, tanto la Junta de Andalucía como la Gerencia de Urbanismo de Sevilla apoyaban el proyecto y descalificaban estas razones. Es el mundo al revés: la Junta y el Ayuntamiento de Sevilla apoyando la agresión a un monumento único en Europa, cuando tendrían que ser los máximos guardianes de su conservación y puesta en valor. 

Curiosamente los autores del proyecto sostienen ahora que el edificio está en ruinas, en contradicción con lo que mantenían en principio, y que estas operaciones tan destructivas son para mantenerlo en pie. Dicen en el proyecto: "El estado de conservación del edificio es muy aceptable. Destacan la estabilidad y capacidad portante que ofrecen las series de arcos medievales." (Diagnóstico de su estado, página 39 del Proyecto de Ejecución). 

Si fuera cierto que el edificio está en peligro, la ejecución del proyecto lo agravaría extraordinariamente. Y si el edificio está en ruinas necesita otro proyecto, de características muy diferentes, que tuviera en cuenta la conservación y rehabilitación integral del mismo. 

Unos meses atrás los autores del proyecto reconocían que estas operaciones podían dañar el monumento pero que eran reversibles. Una hipotética reversibilidad que hemos demostrado que es totalmente falsa, tanto porque el daño ya estaría hecho y no tendría marcha atrás, como por el descomunal coste de la operación para dejar las Atarazanas como están ahora. ¿Quién iba a pagar más de ocho millones de euros para derribar el salón de actos y la cafetería y cortar y desmontar los cepos de hormigón y los pilotes? ¿Reconstruirían también la antigua fundición y el cuerpo de guardia que pretenden derribar? Aceptar esta extravagante teoría de que se puede dañar un Monumento Nacional porque después se puede arreglar en un futuro es inaceptable. Hoy, técnicamente, se puede hacer casi todo. Se puede derribar el cuerpo de campanas de la Giralda de Hernán Ruiz y rehacerlo idéntico. Pero, ¿sería el mismo cuerpo de campanas? Todo el mundo estaría de acuerdo que sería un crimen histórico y patrimonial. ¿Lo permiten las leyes de Patrimonio y los convenios internacionales que ha firmado España? ¿Tiene algún sentido este razonamiento si no es por no dar su brazo a torcer? 

 



El equipo redactor del proyecto y sus patrocinadores están demostrando tanto su incapacidad para cambiar el rumbo de la intervención como que, para ellos, el futuro de las Atarazanas es secundario frente a otros intereses particulares, tanto políticos como económicos.

 
 
 
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