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Mar

11

May

2010

San Telmo residencia oficial PDF Imprimir E-mail
Habrá que reconocer que el Gobierno andaluz le ha echado valor al escoger el momento en que abría al público el nuevo palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta y de la Consejería de Presidencia. En plena ola de la crisis, con el millón largo de parados a cuestas y un clima político cada vez más irrespirable se necesita ser valiente para mostrarle a los andaluces el espléndido palacio recién restaurado desde el que Griñán gestionará los asuntos públicos de Andalucía. Es posible que San Telmo, cuyas obras de restauración se iniciaron en 2004, se hubiera convertido en una ruina completa de no ser por la intervención de la Junta. Pero también lo es que el nuevo palacio es un símbolo perfecto del derroche y la falta de austeridad que ha caracterizado la corta historia de la autonomía andaluza.
Guillermo Vázquez Consuegra, el arquitecto que ha dirigido la rehabilitación del edificio, cuyo coste ha sufrido la correspondiente y millonaria desviación presupuestaria hasta alcanzar, según el PP andaluz, los sesenta millones de euros, no se ha quedado corto a la hora de elegir los mejores materiales de construcción y el mobiliario más caro, suntuoso y, en algunos casos, más desafortunado. Según el prestigioso arquitecto la grandiosidad del edificio así lo requería. Dicho y hecho. Si la rehabilitación realizada por Vázquez Consuegra, que habrá que convenir que ha causado una gran impresión a la mayoría de visitantes, ha sido discutida por algunos grupos conservacionistas, a la restauración del patio principal, de la capilla y de la fachada no puede ponérsele un pero. Cuestión distinta es la función que a partir de ahora tendrá el edificio. Javier Arenas ha propuesto que se destine a museo, una pretensión que a Griñán, en plena reconversión de José Antonio a Pepe, le parece ridícula. El principal problema radica en que la recreación del nuevo palacio de San Telmo se ha hecho para lo que se ha hecho. Es decir que si el edificio se destina ahora a usos museísticos, residenciales o de cualquier otra índole sería necesario rehabilitarlo de nuevo. O sea, otro proyecto millonario que con la desviación a la que los proyectos administrativos nos tienen acostumbrados se iría a la estratosfera para escarnio de las depauperadas arcas autonómicas.
Eso sí, la idea inicial de que el nuevo palacio y sus dieciocho mil metros cuadrados de jardín sirviera además como residencia oficial del presidente de la Junta ha sido descartada. Ahí ha faltado valor o ha sobrado sentido común. Porque el escándalo hubiera sido tan inevitable como los brotes verdes que se vislumbran desde el Gobierno cuando la crisis aprieta.
 
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