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Las ruinas del sueño olímpico de Sevilla PDF Imprimir E-mail

ABC Sevilla-Eduardo Barba-24.12.2018

Hace apenas varios lustros, Sevilla utilizaba como eslogan aquel «ciudad del deporte» con el que llegó incluso a montar una candidatura para ser sede de los Juegos Olímpicos que terminó fracasando pero que supuso un importante refuerzo para el deporte en la capital andaluza, especialmente el deporte base. Y con ello, una importante mejora en cuanto a infraestructuras e instalaciones.

Con la ambición y las inversiones, llegaron eventos de mucha envergadura con los que se pretendió mostrar músculo de cara a esa aspiración máxima que finalmente no llegó. Se celebró incluso en verano de 1999 el Campeonato del Mundo de Atletismo sólo varios meses después de inaugurarse el que se llamó Estadio Olímpico de la Cartuja, un gigante de 120 millones de euros al que se ha tenido ya que rebautizar eliminando el calificativo de su denominación.

La ciudad acogió también el Campeonato de Europa de Natación de 1997 y el Mundial de Remo de 2002 en aquellos años dorados que después sólo han tenido réplica en las finales de la Copa Davis de 2004 y 2011.

La crisis económica y la propia falta de respaldo institucional a las grandes competiciones deportivas ha ido degradando este sector y a alguna de sus principales instalaciones hasta generar verdaderos símbolos de una grandeza perdida, infraestructuras deterioradas o hasta abandonadas que son el eco lejano del viejo sueño olímpico sevillano.

La ciudad ha dirigido en los últimos años todos sus esfuerzos a la organización de carreras, principalmente el maratón, que ha escalado posiciones en el ranking internacional colocándose entre los mejores del planeta, así como al fomento del cross y el propio «running» en todas sus modalidades, desde carreras populares y de distritos a señalización de recorridos.

Pero el contrapunto a esa apuesta por el deporte de moda, mucho más barato para las administraciones porque no requiere demasiado soporte material, se encuentra en la lamentable imagen de un buen puñado de infraestructuras que estaban llamadas a ser referentes.

La primera de ellas es, sin lugar a dudas, el Estadio de la Cartuja. Hace unos días, ABC adelantó que la sociedad que lo gestiona, dependiente de la Junta de Andalucía, lo ha cerrado a eventos y actividades por los problemas de seguridad que han surgido a cuenta del mal estado de su cubierta (textil tensada), deteriorada por la falta de mantenimiento hasta tal punto que los técnicos de seguridad se han negado a firmar el permiso para que el recinto acoja actividad más allá de sus oficinas.

Eso obligó hace unos meses a la sociedad a cerrar el recinto —aunque este hecho no se trasladó a la opinión pública— y ha impedido que el estadio tenga agenda alguna para este año. Ahora se espera una decisión en torno al arreglo de la cubierta, que puede oscilar entre un millón de euros si se «parchea» con reparaciones puntuales hasta los quince millones si se afronta la sustitución completa, alternativa recomendada por los expertos para evitar nuevos problemas a corto plazo.

Entretanto, el gran estadio (con un aforo de algo más de 60.000 espectadores, el segundo de la ciudad por detrás del Benito Villamarín) espera al nuevo gobierno autonómico y la voluntad de éste para levantarlo y darle de nuevo relevancia con eventos deportivos y culturales que ya habían desaparecido en los últimos años incluso cuando la instalación estaba oficialmente abierta.

El otrora «Olímpico», que estaba llamado a ser el mascarón de proa del deporte en la ciudad con los dos principales equipos de fútbol jugando allí, apenas mantiene ahora pulso y simboliza un verdadero fracaso de las administraciones en esta materia.

De aquellos eventos de renombre se mantiene en la ciudad otro vestigio aún en peores circunstancias que el gran estadio cartujano: la piscina olímpica de San Pablo, única de esas dimensiones en la ciudad y que lleva la friolera de once años cerrada, abandonada y en deplorable estado a pesar de estar ubicada en el mismo epicentro del deporte municipal, la sede del Instituto Municipal de Deportes (IMD) y ser el Ayuntamiento el responsable de la misma.

Once años y ni un euro dispuesto para arreglarla. La piscina se cerró en 2007 para, según explicó el gobierno local de entonces (PSOE-IU), arreglar la cubierta. De nuevo las cubiertas. «En unos meses volverá a abrirse», se aseguró. Pasaron los meses, incluso los años, y la instalación quedó en el absoluto limbo.

El retraso de las obras se justificó en un primer momento en que los plazos del concurso de ideas convocado por el IMD se habían prolongado. Luego, además, se supo que el presupuesto ordinario del Ayuntamiento para dichos trabajos no se pudo aprobar hasta mayo de 2009 y que ascendía ya a 3,5 millones puesto que no sólo hacía falta cambiar la cubierta sino mucho más.

Además, el proyecto recibió incluso una subvención de la Junta de Andalucía de 80.000 euros pero se mantuvo en el cajón sin que el gobierno local supiera usarlos para esa obra; hubo que devolver la subvención. Tampoco el gabinete del popular Juan Ignacio Zoido resolvió la cuestión y no destinó un euro a reflotar la instalación olímpica pese a las evidentes necesidades.

El actual mandato también ha pasado en blanco en este sentido, aunque desde el Ayuntamiento se apunta que «existe un proyecto ya redactado» que incluye la reforma de la cubierta y mejoras generales también en el vestuario y la maquinaria. Su coste, eso sí, supera los seis millones, con lo que «se está trabajando para encontrar el marco de financiación y el momento en el que se pueda llevar a cabo una iniciativa de esta envergadura». A efectos prácticos, nada tangible aún.

Piscina... y pistas
A sólo unos metros de la castigada piscina, las pistas de atletismo de San Pablo también sufren un deterioro muy importante que ha sido motivo de queja de los usuarios en los últimos años. El uso intensivo del tartán lo ha ido desgastando e incluso ha hecho aparecer cada vez más boquetes que convierten en peligrosa la práctica deportiva en alguna de la zonas.

No hay que olvidar que estas instalaciones son usadas no sólo por cientos de deportistas —en Sevilla solo hay dos pistas, ésta y la exterior de la Cartuja— sino también para las prácticas de opositores a cuerpos de seguridad, como bomberos o policías. No se reforma desde el año 2008, con lo que es comprensible tanto el mal estado de la pista como las quejas reiteradas por parte de los deportistas.

El actual gobierno municipal, eso sí, impulsó un proyecto de 400.000 euros que está a punto de ejecutarse, según se asegura. «Esta renovación responderá a las calidades que exigen organismos nacionales e internacionales para la disputa de pruebas y propondrán una superficie óptima para los entrenamientos al aire libre de los deportistas sevillanos», ha explicado al respecto el gabinete de Juan Espadas.

Otra de las novedades del proyecto será la modificación del entorno de la pista, que en la actualidad se encuentra compuesto por una base de hormigón y que pasará a una de césped artificial.

Además, la inversión municipal contempla un segundo contrato que contempla la instalación de una jaula de lanzamientos, un equipamiento «que esta instalación nunca ha contemplado, lo que permitirá la práctica de entrenamientos de este tipo de disciplinas bajo condiciones específicas y lo que facilitará la posibilidad de albergar pruebas deportivas de carácter competitivo».

 
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