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El tesoro del Carambolo ¿al Antiquarium? PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA-FERNANDO FERNÁNDEZ GÓMEZ-26.05.2019

ACABAMOS de leer en la prensa una muy mala noticia. Sabemos que en campaña electoral cabe todo y se promete todo, aunque luego se haga muy poco de lo que se promete. Y esa es nuestra esperanza. Porque se nos amenaza con que el original del tesoro de El Carambolo, ese tesoro de época tartésica que constituye una de las joyas de nuestro Museo Arqueológico, se va a exponer de manera permanente en el llamado Antiquarium, con el fin de que todos los sevillanos puedan verlo. Y nosotros, que hemos sido responsables de la custodia del tesoro durante más de 25 años, nos preguntamos: ¿y qué pinta el tesoro en el Antiquarium? ¿Qué tiene que ver con él? ¿Por qué se le quiere sacar de su contexto cultural para llevarle a un contexto extraño que nada ayuda a comprenderlo? ¿Por qué en vez de pensar en promocionar y revitalizar el Museo en el que debe guardarse y al que tantas promesas de mejoras se han hecho, se le quiere ahora empobrecer quitándole una de sus piezas más emblemáticas?

El hecho no es nuevo, ni la amenaza tampoco. Porque hace unos meses tuvimos que contemplar con verdadero asombro cómo se arrancaba de los muros del Museo uno de sus mosaicos de mayor interés para trasladarlo al pueblo en el que se había encontrado. Sólo para cumplir, como ahora, una promesa electoral. Y en el pueblo puede verse actualmente, en un loable intento de sus autoridades por darle vida con ayuda del turismo. Pero por un camino equivocado. Porque el famoso mosaico del Juicio de Paris dejó de verse en el Museo por sus, pensamos que ya cerca de 100.000 visitantes anuales de todas las partes del mundo, para pasar a ser visto por unos cuantos centenares de Casariche y sus alrededores, pues nadie está dispuesto, a menos que esté muy interesado, y no son tantos, en ver el original de algo que se conoce sobradamente por los numerosos paralelos y reproducciones de que se dispone, ya que, individualmente considerado, no aporta nada nuevo al mundo de los mosaicos romanos. Pero sí lo aportaba al museo, pues con él

completaba su rica colección de mosaicos, procedentes de Itálica, Carmona, Écija, Osuna, Paradas... De Casariche ya no. El que quiera, que vaya a verlo a Casariche, donde podrán ver no sólo el original, sino también la copia a su tamaño que se hizo para poderla exponer en su sala de cultura, como testimonio de su lugar de procedencia. En la operación de desmontaje y nuevo montaje del mosaico se gastaron sin duda unos miles de euros. Miles de euros gastados para empobrecer el Museo, con los riesgos añadidos de los posibles daños a la pieza en su manejo y traslado. Había voluntad política de hacerlo y el mosaico se arrancó. Y aunque aparece todavía en la guía oficial del Museo, en vano lo buscarán por sus paredes los posibles visitantes. Se arrancó, se trasladó y nadie se escandalizó. No pasó nada. Ni siquiera la dirección del Museo se quejó. Es mejor estar a bien con el poder político del que dependen los nombramientos.

Ahora se nos amenaza con quitarle al Museo el tesoro de El Carambolo. Y con crear en el llamado Antiquarium una sala especial donde el original del tesoro pueda exponerse de manera permanente. No se dice, pero nos imaginamos que se haría, en un ambiente expositivo acorde con la calidad de lo que va a exponerse, y con las imprescindibles medidas de seguridad, que deberán ser también permanentes. ¿Cuánto puede costar el proyecto? Sin duda, unos cientos de miles de euros para su instalación inicial. Más los continuos gastos de la correspondiente vigilancia armada permanente. Unos cientos de miles de euros para empobrecer más al Museo. Con el ridículo añadido de que en una misma ciudad tendremos dos tesoros. Uno, falso, en el Museo, el lugar de donde no puede faltar, pues es el que da significado a una de las más importantes culturas de nuestra tierra, pero en el que no puede estar porque no tiene ni lugar apropiado ni medidas seguridad necesarias. Y otro, el auténtico, en un lugar en el que no pinta nada, y en el que tendrá que exponerse solo, fuera de su contexto cultural, pero en el que se va a preparar el lugar y las medidas de seguridad que se le niegan en el Museo. ¿Tiene sentido?

¿Tiene sentido gastar dinero en unas instalaciones temporales, pues a la larga el tesoro tiene que acabar necesariamente en el Museo? ¿Por qué no se invierte ese dinero directamente en el Museo, como avanzadilla de las largamente prometidas por todos obras de reforma, para las que significarían un ahorro? Hace ya algunos años, siendo yo director del Museo, una Caja de Ahorros solicitó, y obtuvo, permiso para exponer el original del tesoro en Sevilla, Madrid y Alicante. A cambio la Caja se comprometía a preparar en el propio Ayuntamiento una sala en la que pudiera exponerse el tesoro. Visité a los responsables de la entidad para pedirles que el dinero que se fuesen a gastar en la preparación de la prevista sala en el Ayuntamiento, se lo gastaran en el Museo, que es donde debía estar. Pero no accedieron. En el Museo no, aunque es el único lugar de la ciudad en el que el tesoro puede legalmente exponerse. Y lo digo para evitar que vuelva a pensarse en el Alcázar, como se ha hecho en ocasiones. Porque tampoco allí pinta nada.

Se dice con cierta frecuencia que el tesoro es del Ayuntamiento, porque lo compró y puede hacer con él lo que quiera. No es cierto. El Ayuntamiento no compró nada. Lo que hizo en su día, de acuerdo con los responsables del Ministerio en el momento de su aparición, en 1958, fue pagar a los halladores la indemnización que legalmente les correspondía por haberlo encontrado. Porque el Estado no compra lo que es suyo, y suyo es todo lo que hay bajo tierra, pero sí indemniza a los halladores de cualquiera de esos bienes, entre ellos los arqueológicos. En el caso de El Carambolo, el Estado declinó sus derechos en favor del Ayuntamiento de Sevilla, con el fin de que el tesoro no acabara en Madrid, como hubiera sido lo normal si hubiera pagado la indemnización el Ministerio. Pero sin acabarse de fiar del todo, temiéndose lo peor, y hoy podríamos decir que profética y acertadamente, en el contrato de cesión impuso tres condiciones. Y una de ellas, la que aquí más nos interesa, que el tesoro debería estar permanentemente expuesto en el Museo Arqueológico. Motivo por el que nosotros siempre nos negamos, con alcaldes de todos los colores, a que saliera del Museo. O a que se pudieran hacer de él reproducciones, como pretendía determinado joyero, con permiso, por cierto, del Pleno municipal. Y nos seguimos negando, u oponiendo, en la medida de nuestras ya pobres posibilidades.

Por eso más nos hubiera gustado oír decir al candidato a la Alcaldía que prometía hacer todo lo posible para que de una vez se empezaran las imprescindibles obras para que la ciudad tenga el Museo Arqueológico que se merece, que oírle decir que van a quitarle una de sus más emblemáticas piezas.

Será un ridículo añadido que en una misma ciudad tengamos dos tesoros

 
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