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«Sorolla, tierra adentro» la faceta más desconocida PDF Imprimir E-mail
Museos

Viva Sevilla / 12/06/2019

El gran público conoce a Joaquín Sorolla por sus luminosos cuadros del litoral levantino, pero el pintor recorrió España para plasmar en lienzos sus paisajes y sus monumentos, trabajo que se recoge en la exposición «Sorolla, tierra adentro», que acoge su museo en Madrid.

Del 9 de febrero al 5 de junio podrán contemplarse cuadros sobre la Albufera de Valencia, la Alhambra de Granada y Sierra Nevada, la meseta castellana y la catedral de Toledo, una colección de unas 40 obras de la colección del Museo Sorolla de Madrid seleccionadas por la comisaria Carmen Pena.

«Hemos elegido esta exposición para sacar a la luz una vertiente menos conocida de Sorolla, pero no por eso menos interesante, y con registros más íntimos», ha explicado Pena.

Son cuadros que responden a las nuevas inquietudes del país a comienzos del siglo XX, cuando tras la fracasada Revolución del 68 y el desastre colonial, pensadores y artistas buscaron una imagen nueva de España, alejada de la representación historicista de las glorias pasadas, y la encontraron en el puro paisaje, tanto de las regiones de la periferia peninsular como en la Meseta Central y Castilla.

Sorolla dio así nuevas versiones a diversos paisajes españoles, desde los de la Alhambra deshabitada a los campos desolados castellanos, que descubrió en compañía de Aureliano de Beruete, magnífico pintor de paisaje y miembro, como el valenciano, de la Institución Libre de Enseñanza.

La muestra comienza con «Mitología regionalista y naturaleza. La Valencia de Sorolla», que no habla de su litoral sino de su paisaje rural, de sus limoneros y naranjos, de su Albufera, de sus huertas y alquerías, de sus barracas, entroncando con la literatura realista de Blasco Ibañez y «con una carga antropológica muy importante», destaca Tena.

En «Sorolla en verde y gris» se reúnen obras que hizo en los montes de Asturias y País Vasco, donde combinó su fascinación por los valles verdes con su aversión al clima invernal del norte, donde sin embargo pasó muchos veranos.

Pero es en «La invención de Castilla como emblema nacional» donde mejor se aprecia este afán de dar una nueva imagen de España a través del arte. Impresionado por paisajes naturales como la hoz del Tajo, pero también por monumentos como muralla de Ávila, Sorolla les dedicó varios cuadros, en los que no hay personas porque naturaleza y patrimonio histórico son los protagonistas.

Recorrió en múltiples viajes la región a la que toda una generación de escritores y artistas dirigió un mirada e identificó, en su sobriedad paisajística y su monumentalidad patrimonial como la imagen de la nueva España.

También viajó y pintó a Andalucía, la «España blanca», con una versión moderna alejada de la invención romántica y el orientalismo fantástico que le imprimieron anteriormente otros artistas.

Al sur del país se recreó en la Alhambra y en Sierra Nevada, a las que dedicó 47 obras, en los viñedos de Jerez, en los jardines sevillanos y en sus fuentes, en sus campos secos poblados de chumberas, pero donde, por fin, había llegado la modernidad en forma de tren.

 
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