Jue

27

Ene

2011

ARTUR MAS ABRAZA EL INDEPENDENTISMO ANTE LAS EMBESTIDAS CONTRA CATALUÑA PDF Imprimir E-mail
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Declaración de intenciones
 Si cabía alguna duda respecto a las intenciones de Artur Mas, su máximo hombre de confianza en la Generalitat, el secretario general de Presidencia de la Generalitat, Francesc Homs, se encargó de esclarecerla aprovechando las palabras de Jordi Pujol. «Lo que subraya Pujol es plenamente coincidente y va en la línea de lo que ha venido planteando Mas», dijo, en alusión a esa apuesta por una abrir una nueva «transición catalana» basada en el derecho a decidir, con el pacto fiscal como principal reto. Pues es precisamente la consecución de un concierto económico similar al que tiene el País Vasco y Cataluña el proyecto estrella de esta legislatura. Un proyecto al que el Gobierno catalán no está dispuesto a renunciar, pese a la reordenación autonómica que defienden PSOE y PP con la finalidad de reducir el agujero financiero que sufren algunas comunidades, como la catalana, con un déficit cifrado en más de 7.000 millones de euros. Esta debilidad económica, criticada por varios miembros del Gobierno español, así como la reforma de las pensiones, centrará la reunión que Mas mantendrá el próximo 7 de febrero con Zapatero. Será el regreso del líder de CiU a La Moncloa, después de aquella cita para «arreglar» el Estatuto catalán con el presidente del Gobierno, que luego tumbaría en buena medida el Tribunal Constitucional.
Para entonces, el ejecutivo autonómico ya habrá presentado su plan de viabilidad —será aprobado mañana en una reunión extraordinaria— con la esperanza de que el Gobierno le dé luz verde.
De ahí las «embestidas» reivindicativas de Mas, quien el martes, escenificó su desacato al TC y al Supremo con una reunión en el Palau de la Generalitat con entidades defensoras de la inmersión lingüística, entre ellas Òmnium Cultural —organizadora de la manifestación de alto contenido independentista celebrada el 10 de julio de 2010 para protestar por el recorte estatutario— y Plataforma por la Lengua —que facilita la delación de los comerciantes que no rotulan en catalán a través de su página web—.
«Victimismo vicioso»
 Otra demostración de fuerza que la Asociación por la Tolerancia tildó de «victimismo vicioso», pues tanto Mas como su consejera de Educación, Irene Rigau, calificaron la lengua catalana como «el nervio de la nación catalana», mientras que un modelo bilingüe «rompe la sociedad catalana».
La decisión del Gobierno catalán de abrazar, ya sin tapujos, el independentismo generó un alud de reacciones políticas. La líder del PP de Cataluña, Alicia Sánchez-Camacho, dijo que las soflamas independentistas del equipo de Mas «son inadecuadas y sólo generan más frustraciones». La dirigente popular criticó que se insista en discursos «agotados» sobre la independencia, y aseguró que lo que se necesitan son discursos de gestión y de recuperación.
«Veo un discurso intelectual que liquida 30 años con excesiva facilidad, por no decir con un punto de frivolidad», dijo el socialista Nadal, mientras que Solidaritat Catalana per la Indepèndencia, el partido que lidera Joan Laporta, expresó su interés en «fichar» a Pujol. Desde ERC, se instó a Pujol a convencer de esos postulados a los miembros de CiU.
Oriol critica a su padre
 Curiosamente, uno de los críticos con Jordi Pujol fue su propio hijo Oriol, número dos de Convergència y virtual sucesor de Mas en un futuro. En su blog, aplaudió la apuesta independentista del ex presidente catalán, pero cree que «la única cosa que se le puede reprochar es haber sido la locomotora» del Estado de las autonomías».

Tres semanas de pulso soberanista