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02

Oct

2019

La tasa encubierta PDF Imprimir E-mail

VIVA SEVILLA-M.J. FLORENCIO-23.09.2019

E
spadas, en su discurso inaugural
del IV Foro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), abogó
por que los ayuntamientos españoles, previa reforma de la ley reguladora de las Haciendas Locales, gocen de
autonomía "para fijar marcos propios de
financiación a través del turismo". Por
tanto, el alcalde, que hasta ahora se ha
enfrentado a la negativa en tal sentido de
la Junta de Andalucía incluso cuando la
gobernaba su propio partido, confía en
que el nuevo Gobierno de España, se forme cuando se forme, le dote del instrumento legal para imponer una tasa turística que, según sus propias palabras, se
dedicaría a la rehabilitación del patrimonio histórico-artístico, sería de un euro
por noche de pernoctación y por tanto se
podrían recaudar tres millones de euros
anuales, si bien posteriormente elevó su
estimación a los cinco millones.
Este asunto ya lo abordamos aquí en
noviembre de 2016, en un anterior análisis titulado 'La tasa (turística) de la discordia', al que remito. Desde entonces a
la fecha se ha producido un significativo
cambio en el discurso municipal: ya no
se habla de destinar el dinero que se recaude a la promoción de Sevilla y por
tanto a captar más turistas mientras se
dice de forma contradictoria que hay que
luchar contra la masificación de visitantes, sino a la preservación del patrimonio.
Pues en tal caso hay que destacar que
en Sevilla ya existe una tasa turística encubierta con tal finalidad y con esa misma previsión de recaudación de tres millones de euros: la subida del precio en
dos euros de las entradas del Alcázar (de 9,5 a 11,5 euros), que entró en
vigor en enero del año en curso con
esa justificación patrimonial de que
así se obtendrían más fondos para
rehabilitar monumentos de la ciudad.
Dinero del monumento
Pero, ¿qué garantía existiría de que
el dinero de esa tasa turística añadida que ahora pretende Espadas se
destinaría a tal fin y no a otro muy
distinto? Rememoremos. En 2005,
con Monteseirín como alcalde, el
Ayuntamiento decidió que con los
fondos del Real Alcázar se pagara la
conservación de las Casas Consistoriales, motivo por el cual presentó
su dimisión como miembro del Patronato del monumento la ex alcaldesa Soledad Becerril, la cual fue
secundada por algún que otro personaje ilustre de la ciudad.
El término conservación se convirtió en un cajón de sastre en el que
cabía todo, hasta el pago de la reposición de las bombillas que se fundían en la sede de Plaza Nueva.
Cuatro años más tarde (2009), Monros del superávit acumulado en las cuentas del Alcázar se destinaran sin disimulo alguno al pago de gastos corrientes del
Consistorio.
Tras el malestar del Patronato por esta
política, Monteseirín cambió aparentemente de táctica en 2011 y decidió que el
Alcázar transfiriera cada año un millón
de euros para la conservación de bienes
patrimoniales municipales (concretamente, el Antiquarium, el castillo de San
Jorge y el Centro de la Cerámica).
En los ocho años transcurridos desde
entonces se debería haber invertido ocho
millones en los monumentos citados y
tenerlos de dulce en vez de descuidados
hasta el extremo de que una de las puertas del Antiquarium se desplomó sobre
un grupo de visitantes y causó serias heridas a algunos de ellos y que ha habido
que cerrar durante diversos periodos los
bienes sitos en Triana por la falta de aire
acondicionado, filtraciones de humedad
u otras incidencias.
Y es que los fondos que aparentemente se iban a destinar al patrimonio municipal acabaron, como denunció Ciudadanos, en las cuentas del Instituto de la
Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), que
lo utilizó a su antojo y conveniencia,
también para el pago de sus gastos corrientes. O sea, lo mismo que había hecho Monteseirín anteriormente en las
Casas Consistoriales. Simplemente se
cambió el destino del dinero pero no la
forma de manejarlo.
Nuevo acuerdo
Tras estos antecedentes y debido a la firme posición de los miembros independientes del Patronato del Alcázar, el delegado de Cultura, Antonio Muñoz, declaró en septiembre del año pasado lo siguiente: "La aportación que hacía el Alcázar hasta ahora era de un millón, pero
como consecuencia de la subida de las
entradas se incrementa a tres (millones)
y donde antes iba a la caja común del
Presupuesto, ahora se vincula a la rehabilitación de edificios históricos. No se
va a poder destinar ni un euro -añadió- a
ninguna cuestión que no sea ésta".
Y es que el Patronato del Alcázar se
opuso a que el exceso de recaudación
por la subida del precio de las entradas
en dos euros se destinara de forma genérica a la promoción de la ciudad y exigió
que se empleara en edificios propiedad
del Ayuntamiento, preferentemente declarados bien de interés cultural, en situación de conservación delicada, con
proyectos ya redactados por Urbanismo
para acelerar los trabajos y no concentrándolo todo en un solo inmueble (por
ejemplo, en Santa Clara o en Artillería)
sino repartiendo el dinero por varios.
Según el texto que se preparó del convenio, el Patronato del Alcázar, una vez
formalizadas las recaudaciones mensuales por venta de entradas, ingresará
en la entidad bancaria y en la cuenta que
le señale el ICAS el importe correspondiente a la liquidación de tres euros por
cada entrada general vendida.
Retraso
Se previó en el acuerdo la creación de
una Comisión de Seguimiento del destino y uso del dinero que debe estar compuesta por tres miembros del Patronato
del Alcázar y por tres del Ayuntamiento,
sin que nueve meses después de la subida del precio de las entradas al monumento en dos euros con fines teóricamente patrimoniales se tenga noticia de
la constitución de la misma.
Item más, en otra demostración del
grado de preocupación del gobierno por
el patrimonio en cuyo nombre pide otra
tasa turística que añadir a la que ya sin
tal nombre aplica a las entradas al Alcázar, ha tardado más de la cuenta en designar a los nuevos miembros del Patronato del monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Tradicionalmente la composición del
Patronato se acordaba en el primer Pleno
del Ayuntamiento tras el de constitución
de la nueva Corporación emanada de las
elecciones municipales. Han tenido que
pasar más de tres meses desde la toma
de posesión de Espadas como alcalde
para tal designación, por lo que en este
tiempo el órgano de gobierno del principal monumento de la ciudad ha estado
tan en funciones como Pedro Sánchez y
su gobierno, a la espera no se sabía si de
Godot, el personaje de ficción de Samuel
Beckett, o de que Benito Navarrete, el
principal asesor cultural de Zoido (PP),
aceptara por fin su nombramiento como
patrono por el alcalde del PSOE, Espadas.
Incógnitas
Si todo esto ha ocurrido desde hace años
con el dinero del superávit del Alcázar,
utilizado por el Ayuntamiento para cualquier cosa (mantenimiento de ascensores, equipos de aire acondicionado...)
antes que para rehabilitación del patrimonio, ¿qué garantías existen de que no
ocurriría lo mismo con la tasa turística
patrimonial que propugna Espadas?
¿Quién controlaría el uso del dinero recaudado? ¿Por qué tendrían que recaudarla sólo los hoteleros y pagarla sus
clientes y no quienes se alojaran en apartamentos turísticos? La conservación del patrimonio
parece una coartada para implantar
otro instrumento
recaudatorio en la
ciudad. Total, como la pagarían los
turistas...
Dos euros más
por entrar en el Alcázar, uno añadido
por cada miembro
de la familia y noche de pernoctación en un hotel...
¿Y si un día a los turistas les da por
echar cuentas y
comparar Sevilla
con otros destinos,
cercanos o lejanos,
más baratos, allí
donde no impere
sobreprecio alguno?

 
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