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2020

Vuelta al mundo: La nao Victoria en la mar PDF Imprimir E-mail
1º Vuelta al Mundo

Abc Sevilla / 26/09/2020

Ignacio Fernández 

En una copia del manuscrito firmado por el bachiller Zaldivia, aparece una nota escrita al margen del documento, acerca de la Victoria, que dice textualmente: «fabricóse en Guipuzcoa en la villa de Zarauz, por cuenta del capitán Juan Sebastián Elcano, cuyo solar es en Aya». No creemos que esta referencia pueda ser determinante para saber dónde fue construida esta nao, por varias razones: la primera de ellas, es que esta anotación es simplemente una nota marginal, que ha aparecido en una copia hecha medio siglo más tarde, y la otra, porque esta nota también falsea la verdad cuando certifica que la Victoria fue fabricada por cuenta del capitán Juan Sebastián Elcano, cuando se sabe fehacientemente que él nunca fue dueño de esta nave.

Existe un acta notarial que da fe de la expropiación por parte de la Casa de la Contratación de Sevilla, de una nao «para una armada, de la cual dicha armada son capitanes el comendador Fernando de Magallanes y el comendador Ruy Falero, el precio de la cual fue apreciada e validada por personas sabidores que para ello se pusieron en ochocientos ducados de oro, e me la mandates tomar en este dicho preçio contra mi voluntad, porque no la quisiéramos dar por nos haber costado dicha nao mayor precio, que teníamos fletada para (ir) de Londres para Castilla de tornaviaje».

El dato sobre el que sí hay certeza documental, es que las cinco naves fueron adquiridas en Cádiz, y que la Victoria era la que estaba en mejores condiciones, si lo juzgamos por su precio. Se pagó por ella «trescientos mil maravedís que son costo de la nao Victoria que será de porte 85 toneles». Esto se traduce en que cada tonel se valoró en 3.259 por maravedís. Cifra muy elevada si la comparamos con el costo unitario medio de las restantes naves, 2.561 maravedís tonel. Esto supone que por la Victoria se pagó un 38% más que por las otras cuatro naos.

Desde Cádiz, la Victoria, junto a las otras naos, fue llevada a Sevilla, quedando atracada en el trianero muelle de las Muelas, donde inmediatamente se procedió a darle un repaso a general a todas ellas. Cascos, palos, vergas, jarcias, y velas, además de buena parte de su equipo, fueron puestos a punto, y por último se calafatearon hasta las quillas.

Por fin, el 10 de agosto de 1519, desde Sevilla, la Armada del Maluco se hizo a la mar. De las cinco naos que la conformaban, la Victoria fue la única consiguió regresar a su punto de partida, el 8 de septiembre de 1522.

No nos vamos a detener a dar detalles de lo acaecido en estos tres largos años, creo que ya lo hemos comentado, con mayor o menor suerte, a lo largo de las 57 crónicas que este diario ABC lleva publicadas. Pero sí vamos a destacar una serie de pasajes, en los cuales sacaremos una visión muy clara del magnífico comportamiento de la Victoria en la mar.

Para hacernos una idea de su fortaleza, de su sobresaliente estabilidad, y mejor gobernabilidad, vamos a citar como ejemplos algunas de entre las muchas de las durísimas borrascas que padecieron. En aguas del Atlántico ecuatorial tuvieron «un mes de vientos contrarios, con grandísimas tormentas, de tal manera que muchas veces quisieron corta los mástiles, porque las naos no podían sostenerlos, porque muchas veces hacía poner el viento las gavias en el agua». En Santa Cruz, «toda la escuadra estuvo a punto de naufragar a causa de los furiosos vientos que soplaron y de la mar gruesa». Y por último, ya casi al través del cabo Buena Esperanza, la última y más dura de todas ellas, se mantuvieron dándole la proa a una furiosa tormenta de NO nueve, que no les permitió ganar una sola milla. Resumiendo, estuvieron inmersos en durísimos tiempos, no menos de 100 singladuras, y gobernando con vientos contrarios algo similar. Pocos barcos, en la época de la navegación a vela hubieran podido salir airosos de esta pesadilla, y todo esto se consiguió, gracias a la perfecta simbiosis que existió entre el hombre y el barco.

Recientemente, se ha quedado expuesta una Victoria en el Museo Naval de Madrid, pero no como nao, sino como carraca. Nosotros nos preguntamos cómo esta nao que dejó muy clara sus bondades en la mar, puede ser considerada carraca, que fue un tipo de barco, del que en toda la España atlántica se construyeron muy pocas unidades, y el motivo no fue otro que sus condiciones de navegación fueron muy negativas. Eran barcos lentos, con mucho calado, con poca capacidad de maniobra y su comportamiento en la mar dejaba mucho de desear. Resumiendo, era el tipo de barco menos indicado para salir a reconocer un nuevo mundo que se presumía hostil. Los oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla, jamás hubieran permitido que un barco de estas características, hubiera sido uno de los que conformaran la flota que tan alto objetivo perseguía. Por eso no nos explicamos como en el Santo Sanctórum de la historia de la navegación española, este fallido modelo, ocupe un espacio entre decenas de joyas de un valor incalculable. La nave que ha protagonizado la mayor gesta marítima que registra de la historia universal, merece algo mejor, para orgullo de los españoles.

 
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