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¡Bajo el asfalto, Sevilla! PDF Imprimir E-mail
PLAZA DE LA MAGDALENA

Diario de Sevilla / 11/12/2020

Carlos Colón

Sous les pavés, la plage!" (¡Bajo los adoquines, la playa!") decían los del mayo del 68 parisino, la revolución más improductiva y mejor vendida de la historia. ¡Bajo el asfalto, Sevilla!, podríamos decir nosotros. Porque cada vez que se levanta el negro sudario con que la cubrieron el franquismo y sus sucesores democráticos aparecen los adoquines de Gerena. Se vio el día que se levantó el asfalto de la plaza de la Virgen de los Reyes y apareció el adoquinado intacto que, por desgracia, duró poco porque allí se inició la fiebre de losetas que aún consume a las autoridades de la ciudad con independencia de su color político: aquel adoquinicidio y posterior enlosetao fue obra de los andalucistas y el actual adoquinicidio y enlosetao de Mateos Gago es obra de los socialistas. En Sevilla las destrucciones acaban siempre donde empezaron; tal vez porque, al igual que se dice que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, los verdugos de Sevilla siempre vuelven al lugar del primer crimen urbanístico. Véase el caso de la Encarnación: allí un Ayuntamiento franquista derribó medio mercado y edificó la belleza de la calle Imagen a finales de los años 50 y allí un Ayuntamiento socialista culminó en 2011 el disparate con las setas.

Al levantar el asfalto de la plaza de Magdalena han aparecido las vías del tranvía y los adoquines. La sentencia de plataforma única está dictada y sabemos lo que conlleva. No seré tan iluso como para pedir que se reponga el antiguo pavimento de adoquines, se respete el realce de la plaza e incluso se deje una muestra de las vías del tranvía, como se hizo en Hernando Colón. Solo quiero dejar constancia de que bajo el asfalto de la Magdalena está Sevilla, la ciudad perdida del Gran Hotel de París, la casa palacio del marqués de Aracena, el Hotel Madrid, el antiguo palacio del marqués de Parada y posterior Casa Robledo... Hermosos edificios de los siglos XVIII y XIX derribados en los años 60 y 70 que se alzaban en aquella plaza cuyos adoquines han emergido como fantasmas que surgieran de su tumba de asfalto. Breve aparición que dejará lugar a la puñetera plataforma única toa enlosetá.

Desdichada ciudad. Citaba Santiago Montoto estos versos al referirse a Sevilla: "Fuiste madre para otros y madrastra para mí". También es madrastra de sí misma, ayudada por sus hijastros, los sevillanos. Qué mal se trata. Qué mal la tratan.

 
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