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Parques y Jardines

Diario de Sevilla / 18/12/2020

Manuel. J. Lombardo

A la espalda del mamotreto de Telefónica, entre las calles Jiménez Aranda, Blanco White y Manuel Chaves Nogales, se esconde un pequeño, modesto y amable parque que cumple perfectamente con sus funciones de desahogo y esparcimiento en la mal llamada milla de oro de la ciudad, una manzana preciada (especialmente por el sector inmobiliario) a escasos metros del centro histórico en una fluida encrucijada de caminos y direcciones. Un parque discreto y habitable con bancos para el descanso o la lectura, árboles, sol y sombra, tierra y albero, zona de juegos infantiles, pista deportiva y una estupenda tirolina. Un parque sin pretensiones que oxigena un entorno algo impersonal en el que apenas quedan vestigios de la vieja frontera amurallada en los restos de los Caños de Carmona, San Benito o las viviendas de Aníbal González.

Ahora el Ayuntamiento, como parte del ambicioso plan estratégico que aspira a transformar la manzana en zona de desarrollo urbano, económico y gastro-cultural, con la conversión de la Fábrica de Artillería y el Mercado de la Puerta de la Carne en centros multiusos y la construcción de viviendas y zonas verdes en el gran solar y las naves militares de Santa Bárbara donde ahora crecen las malas hierbas, quiere invertir nada menos que 533.000 euros en reformar ese parque. Muchos euros dadas las dimensiones del recinto que auguran un nuevo atropello urbanístico que, para más inri, cuenta supuestamente con el apoyo vecinal a través de los presupuestos participativos.

Un parque sostenible que, según su proyecto, redactado en esa jerga técnica tan antipática, incluirá nuevos pavimentos e iluminación, una nueva distribución, vallados y cerramientos, zonas de ocio, paseo y esparcimiento canino, juegos de mesa y un quiosco. Uno, que tiene ya algunos barrios a las espaldas, puede sospechar que la supuesta mejora no será tal y que la habitabilidad y sostenibilidad del parque se verán mermadas con los nuevos materiales (césped artificial, malla galvanizada, barras metálicas y mucho hormigón) y ese temible toque de modernidad que en Sevilla suele ser sinónimo de fealdad, comisión y suciedad. Todo ello sin contar con el más que probable sacrificio verde al que ya nos tiene acostumbrados esta corporación.

No hace falta irse demasiado lejos para subir la apuesta agorera: al final de la calle Juan Antonio Cavestany, lindando con Santa Justa, el parque inaugurado en 2017 reluce triste, solitario, duro y gris con unos escuálidos arbolitos a los que aún les quedan lustros para dar sombra a los valientes que se acercan a darle a la manivela anti-artritis. Si quieren dos tazas, pasen por la Estación de Cádiz y vean el estado del parque y la fuente inaugurados hace apenas dos años.

En realidad, al discreto Parque Blanco White tan sólo le hace falta un poco de civismo ciudadano y más limpieza y mantenimiento municipales. A la intervención, prevista para 2021, se le sumará a buen seguro el retraso en su ejecución. Mientras tanto, tendremos que llevar a la niña a dar sus primeros pasos más lejos de casa.

 
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