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2021

La prueba del Carbono 14 en la muralla hallada en Castelar dilucidará si es almorávide o almohade PDF Imprimir E-mail
MURALLA

Abc Sevilla / 7/02/2021

Alberto García Reyes

El lienzo de la muralla islámica que ha aparecido en la sede de la Fundación Alejandro Rojas Marcos en la calle Castelar tiene detrás una historia apasionante. El primer sorprendido con el hallazgo fue el arqueólogo Miguel Ángel Tabales, uno de los mayores especialistas en el tema y responsable de todas las excavaciones que se llevan a cabo en el Real Alcázar.

Tabales está en primer lugar entusiasmado con lo que ha hecho la Fundación porque no es lo habitual: «Es que es de las pocas veces que un privado llega al límite de lo posible desde el punto de vista arqueológico en su propia casa. Lo normal es que se cumpla lo que obliga la ley y punto, pero en este caso el propietario acogió el hallazgo con un deseo sorprendente. Ojalá todo el mundo fuera así».

La Fundación ha mostrado su agradecimiento al Ayuntamiento y a la Consejería de Cultura por las facilidades que le dieron para poder descubrir el paño completo. Y a partir de ahí, el arqueólogo explica que «ha sido un trabajo sencillo porque se conservaba en muy buen estado».

La importancia de este fragmento de muralla se comprende mejor si se contextualiza en su periodo histórico y se compara con los tramos ya conocidos. «La muralla tiene casi siete kilómetros, tres de ellos bien documentados. Hay zonas como Menéndez y Pelayo, Torneo y el Arenal en las que sabemos que está casi entera. En Menéndez y Pelayo o en Sol sacamos grandes fragmentos porque ahí lo que se hizo fue adosar las casas, igual que en el caso de la calle Castelar. La diferencia es que este tramo pertenece a la muralla islámica que daba al río y esa zona fue atacada por inundaciones muy fuertes a finales del siglo XII», explica Tabales.

Inundaciones
La más grande que se conoce fue la de 1169. «Así lo documentó Ibn Sahib al-Salát, que dejó constancia de que esa inundación destruyó todo el lienzo que daba al río. Por lo tanto, este de la calle Castelar podría ser de 1170 porque coincide con las grandes obras de Abu Yaaqub, que fue quien hizo también las murallas del Alcázar. Posteriormente se retocó por otras inundaciones», cuenta el arqueólogo que ha liderado los trabajos de recuperación.

Otra de las diferencias de este lienzo con otros es que «el muro es muy potente en esa zona, tiene un hormigonado con una resistencia muy grande y coincide con la lógica de la arquitectura militar almohade». Concretamente, tiene dos metros de espesor macizado «con abundantísima cal, el árido muy calibrado, clarísimamente con poca agua para que se compacte mejor..., eran ingenieros muy buenos».

Esto permite reactivar un antiguo debate: «Hay investigadores que dicen que la muralla es almorávide. Otros pensamos que esa zona se construyó en periodo almohade. El origen de la muralla es 1133, es decir, almorávide, pero con respecto a la parte del río estamos divididos, aunque tarde o temprano encontraremos el origen exacto.

Por esta razón, Tabales ha tomado varias muestras de Carbono 14: «A ver si ayudan, pero ya sabemos que eso se retocó por las inundaciones, por lo que el debate científico continuará». Lo trascendente es que «el estado de conservación es muy bueno porque cuando hemos quitado el revestimiento, en realidad se trataba de una cámara de ladrillo que dejaba diez centímetros de hueco. Eso lo hicieron a mediados del siglo XX y no taparon la muralla directamente, sino que le hicieron la cámara».

Ante este escenario, Tabales ha enviado un informe a la Junta de Andalucía «para que intente optimizar la restauración porque merece la pena, está muy bien conservada y podría ser un buen ejemplo para otros trabajos posteriores». No en vano, se conservan el paso de ronda, el adarve y diez merlones, aunque están dentro de un enladrillado posterior.

«Cuando se construyó la casa contigua que da a la calle Valdés Leal hicieron la medianera sobre el almenado, pero lo respetaron bien, lo que hicieron fue recrecerla. Pero esto también nos ha permitido ver que había vigas de madera de cuando eso eran habitaciones de las casas que se construyeron ahí. Hay que tener en cuenta que la muralla dejó de ser efectiva muy pronto y se usó como muro medianero, pero en esa zona está prácticamente entera dentro de los edificios. En la plaza de Molviedro han sacado otro lienzo».

Una torre
Además, Tabales ha podido confirmar que en la sede de la Fundación Alejandro Rojas Marcos también había una torre: "El patio de esa casa se mete en un espacio cuadrado hacia la casa contigua y ese hueco se corresponde con la existencia de una torre que ya ha desaparecido. Eso se sabe porque apareció el muñón. Cada 30 metros, lo que era un tiro de flecha, se ponía una torre. Se trataba de una construcción defensiva de mucha calidad porque este trozo de muralla que acaba de salir está hormigonado y tiene casi de la dureza de un muro romano, aguanta 180 kilos por centímetro de resistencia. Eso es solo un poquito menos que los hormigones actuales».

La calidad de la construcción también certifica que «la época almohade fue de esplendor y poderío económico». Luego decayó porque el avance de los castellanos obligaba a construir sin tiempo. «En la barbacana, que es de 1212, el tapial es mucho peor porque se construyó más rápido. Después de las Navas de Tolosa, sabían que estaban las cosas casi perdidas y se edificaba a mayor velocidad, pero este tramo de muralla es de lo mejor de la época almohade».

Tabales apuesta también por habilitar este espacio para visitas porque «se puede explicar muy bien cómo era la muralla de la ciudad» y agradece a la Fundación su ejemplo: «En vez de sentir que un hallazgo de este tipo dentro de una casa es un problema gordo, lo que hay que hacer es lo que han hecho ellos, intentar sacarle jugo». En eso están. Y a lo mejor hasta sirve para dilucidar por fin si la muralla islámica que daba al río es almorávide o almohade. A ver qué dice el Carbono 14.

 
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