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May

2021

Punto final en el Arenal PDF Imprimir E-mail
Comercio

Abc Sevilla / 12/04/2021

Antonio Burgos

Sevilla se queda sin mostradores monumentales. El mostrador era pieza fundamental en el comercio, unión más que separación entre los dependientes y la clientela fija. Me acuerdo ahora de los grandes y largos mostradores de Peyré, de La Nueva Ciudad, de Las Siete Puertas, de La Ciudad de Sevilla, de La Llave. Desde donde, terminada la venta, había siempre un dependiente que llamaba al jefe para que repasara la cuenta. «¡Sánchez, un repaso!». Uno de los últimos grandes mostradores fue el del Bazar Victoria de Entrecárceles. Tan monumental era, que cuando se pulieron el negocio y tuvieron que llevarlo, desgraciadamente sin éxito, a la calle Francos, hasta hicieron algo que parece propio del traslado del piano de la Peña Er 77: «la mudá del mostrador». Ahora otro mostrador monumental, quizá el mejor de toda Sevilla, desaparece en El Arenal. Donde por diferencia de renta con el dueño del local, cierra, ay, y para siempre, la Taberna San José de la calle Adriano, abierta desde 1893 (ayer por la mañana), un templo clásico del buen beber y del conversar acodados en el mostrador, y a la que los veteranos del barrio llamaban por su antiguo nombre de El Punto, ya que sus dueños, la familia de Nicolás Bueno, tenía varios establecimientos con este nombre genérico por toda Sevilla, entre ellos el famoso de la Puerta Osario esquina a Puñonrostro, donde paraban todos los tranvías de la Ronda y los conductores, si era hora, bajaban a tomarse su copita de aguardiente.
Siempre me maravilló el monumental y artístico mostrador de la Taberna San José, de comienzos del siglo XX, con tapa de caoba y casi hechuras de paso de Cristo. Sí, con todos los respetos para mi querida hermandad de la Carretería, diré que en el Arenal había dos grandes obras del arte de la caoba, sagrada la una, profana la otra: el carretero paso del Cristo de la Salud, al que los antiguos llamaban «el barco del carbón», y el mostrador de la Bodega San José, digno de ser Bien de Interés Cultural por sí mismo, el mejor y más largo de toda Sevilla, al que los antiguos llamaban El Punto.

¿Dónde están las tan anunciadas y prometidas ayudas del Ayuntamiento y de la Cámara de Comercio a los comercios tradicionales? ¿No podían haberle echado una mano a la Bodega San José en la negociación de la renta nueva, como tampoco se la echaron por la misma razón al restaurante La Isla? El Arenal, cerrada por desgracia familiar la Bodega Salazar de la calle de la Mar, se está quedando sin tabernas clásicas, sin establecimientos históricos. La Bodega San José parecía como protegida por la imagen del Santo Patriarca donada por Pepe Hillo que está frente, en la capilla del Baratillo. Tenía un ambiente irrepetible, Arenal puro, digno de toda ayuda en vez de este lamento. ¿Dónde comentarán la corrida a la salida de los toros los aficionados que ritualmente iban a tomarse la copita en La Bodega San José? El único consuelo que nos queda es que como no hay toros, no hay corridas que comentar en el monumental mostrador de caoba de la Bodega San José, por la que derramo una lágrima de mosto de Umbrete.

 
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