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Barrios sevillanos que luchan por no ser los próximos guetos de la ciudad PDF Imprimir E-mail
BARRIOS MARGINALES

Abc Sevilla / 07/03/2021

Silvia Tubio

Un apuñalamiento y una batalla campal. Dos hechos sin conexión alguna ocurridos en los barrios de San Jerónimo y del Polígono Norte que han puesto el foco en la situación de algunas zonas de la capital. El Ayuntamiento convocaba esta semana sendas juntas de seguridad en ambas barriadas para tratar de trasladar un mensaje de tranquilidad. La estadística oficial del Ministerio del Interior habla de una caída de la delincuencia en la capital; si bien estos datos son poco representativos porque están claramente marcados por un confinamiento que paró el país en 2020.

Sin embargo, los vecinos tienen una lectura bien distinta de lo que ocurre en sus calles y están alertando de un incremento del deterioro social en unas barriadas de perfil obrero, pobladas antaño por familias de trabajadores de factorías como Fasa Renault, Renfe o la Cros, que tras sucesivas crisis económicas y una ineficaz inversión pública para reflotarlas, se ven ahora amenazadas por el incremento de la conflictividad social y la inseguridad. Vecinos que están alzando la voz porque temen que se cronifiquen los problemas hasta convertir algunos sectores en guetos en donde no se vive, se sobrevive. En la mente de muchos de esos residentes están Las Vegas en el Polígono Sur, Nazaret en Los Pajaritos o Hermano Pablo en el Polígono Norte. Tres puntos de la ciudad donde la batalla está perdida. La marginalidad se ha hecho fuerte hasta imposibilitar que se revierta la situación. Y estos vecinos no quieren que en sus calles se repita la misma historia.

San Jerónimo
ABC ha estado en algunos de esos barrios. Se da la circunstancia de que todos ellos se concentran en el área que comprende el distrito Norte y Macarena, en las antípodas del Distrito Sur y las conocidas Tres Mil Viviendas. San Jerónimo es un buen exponente de ese riesgo de deterioro social. Con una población de unos 12.000 habitantes, la zona más conflictiva se concentra en el corazón de lo que se conoce como los pisos del Patronato. Viviendas construidas en la mitad del siglo pasado de 40 metros cuadrados, donde sus habitantes han ido ganando espacio de manera irregular ocupando los patios comunales. Hoy en día, muchos de esos pisos se usan de punto de venta de droga, que quedan en evidencia con los aguadores que vigilan las entradas. En la calle Mejillón fue donde se produjo la reyerta mortal que enfrentó a dos familias. Una vecina grabó la escena y el vídeo se hizo viral en internet. Hoy vive amenazada, según detallan a ABC fuentes del entorno.

Una familia con comida que acaba de recoger de la parroquia del Rosario
Una familia con comida que acaba de recoger de la parroquia del Rosario - Juan Flores
La estética de algunos portales recuerda al área más marginal de Los Pajaritos. El éxodo de muchas familias que crecieron y buscaron hogares con más espacio en La Rinconada o Pino Montano está entre las razones del inicio del deterioro progresivo. Hay viviendas que se quedaron vacías y que fueron ocupadas. La maraña de cables que cuelgan de algunas fachadas dan la pista de los enganches ilegales. «El barrio está cada vez peor. Faltan inversiones en proyectos de educación y sociales que den una oportunidad a nuestros jóvenes para sacarlos adelante».

Quien habla es Juan José Conde, líder vecinal del barrio hace más de 50 años. Estuvo en la junta de seguridad que convocó el Ayuntamiento y le trasladó al Consistorio el mismo análisis que hace a este periódico. «Este proceso de deterioro no es de ahora, ya venimos arrastrándolo hace años, pero el paso del tiempo lo agrava todo». Bajo su brazo lleva una carpeta con la lista de cuentas pendientes que tienen las administraciones con San Jerónimo como la revitalización del mercado de abastos. Una instalación que se reformó en 2004 y que a día de hoy tiene casi todos sus locales cerrados. «Llevamos tiempo reclamando facilidades al Ayuntamiento para que los cedan a los vecinos que están interesados en montar su negocio, pero no lo hemos conseguido». Un bar, una peluquería y una tienda de chucherías son los únicos negocios en el edificio. En la acera de enfrente, otra hilera de locales con la baraja echada de manera definitiva confirman las dificultades por las que atraviesan muchas familias del barrio. En la Parroquia del Rosario reparten comida regularmente a unas 250 familias.

Juan José Conde
Juan José Conde - Juan Flores
Hay otros negocios que siguen en pie contra viento y marea. Es el caso de la frutería de Lucía Gallardo, quien no se muerde la lengua a la hora de reivindicar por su barrio. «Nos tienen abandonados en San Jerónimo. Falta presencial¡ policial, más limpieza, más seguridad. No se les puede ir de las manos el barrio de esta forma». Esta joven comerciante ha sufrido en sus propias carnes la delincuencia. «Fíjate cómo estará la cosa que me han entrado a robar en mi tienda. ¿Pero qué te vas a llevar de una frutería por favor?». Gallardo coincide con el representante vecinal en el diagnóstico de cómo esa inseguridad está impactando en la convivencia y en la necesidad urgente de intervenir en el barrio.

El Cerezo
Este barrio, a diferencia de San Jerónimo, sí forma parte de las zonas consideradas oficialmente como desfavorecidas. El Ayuntamiento la incluyó junto a otras cinco en un plan local de rescate con una duración de 2018 a 2022. En estas zonas, según los datos que recoge el informe, vive el 14% de la población de la capital. Además de El Cerezo, están bajo esa misma consideración el Polígono Norte (junto a El Vacie y la Bachillera), Polígono Sur, Torreblanca, Tres Barrios- Amate y La Plata (junto a Padre Pío y Palmete).

La radiografía municipal de El Cerezo subraya su condición como zona que recoge a buena parte de la población inmigrante que se instala en la ciudad. Una circunstancia que, según el informe, «dificulta la integración y la convivencia vecinal». Otros rasgos que definen la situación de esta parte del Distrito Macarena es el aumento de familias desestructuradas, menores en situación de vulnerabilidad y un deterioro de la seguridad. Se suma, además, que tampoco está bien equipada en cuanto a recursos para incentivar las actividades deportivas y sociales en el vecindario.

Una vivienda de El Cerezo
Una vivienda de El Cerezo - Juan Flores
Sin embargo, hay vecinos que no arrojan la toalla. A través de las redes sociales han iniciado una estrategia para difundir los problemas de El Cerezo mediante la publicación de fotos y vídeos que muestra la basura que se acumula en las calles tras cada noche de fiesta; los incumplimientos al toque de queda; las peleas... Mercedes es una de esas residentes que no da la batalla por perdida. Lleva muchos años combatiendo en el asociacionismo y tiene una visión muy experimentada de la evolución del barrio. No en vano aterrizó a principios de los años 80. «Entonces era un barrio de trabajadores, en donde había una buena convivencia. Pero eso se ha perdido y ya la gente no quiere venirse a vivir aquí».

El inicio del proceso de deterioro lo sitúa en torno a 2005, cuando los vecinos empezaron a detectar los primeros pisos patera donde se hacinan inmigrantes de escasos recursos. Después llegaron la ocupación de casas y los trapicheos de droga. La marginación que llama a más marginación. «Poco a poco el ambiente se fue deteriorado y a día de hoy hay zonas donde es insoportable vivir». Doctor Jaime Marcos, Playa de Rota o Playa de Punta Umbría conforman la parte más problemática de El Cerezo. Recientemente la Policía Local precintaba un bar donde encontraron a 120 clientes consumiendo sin adoptar medidas de seguridad en plena pandemia. Un local, que según los vecinos, lleva siendo foco de conflictos desde hace tiempo.

Los excesos en el consumo de alcohol y los problemas derivados en forma de peleas, escándalos, suciedad...es el lunar negro que muchos vecinos señalan una y otra vez. Describen una rutina diaria que arranca por la tarde, cuando el botellón se abre paso a pie de calle. «Hay locales sin licencia que venden de todo» y el problema se va agravando conforme pasan las horas. Al mediodía, este periódico fue testigo de cómo ya había personas completamente ebrias tiradas en varias escaleras que dan acceso a zonas peatonales del barrio. «Es imposible la convivencia», zanja Mercedes.

La Barzola
Los últimos en sumarse a las quejas vecinales que reclaman al Ayuntamiento más atención a determinados barrios para que no caigan en la marginalidad de manera irremediable son los de La Barzola, otra zona que comparte características con otras áreas del Distrito Macarena: población obrera, azotada en la crisis del 2007 y en la actual, donde han empezado a tener problemas de inseguridad.

Desde diciembre de 2019 llevan registrando incendios de vehículos por las noches. Ha sido la gota que ha colmado el vaso para estos residentes que señalan la plaza del Pilar como epicentro de trapicheos, consumo de drogas y alcohol. Daniel Sánchez lleva toda su vida en el barrio y como él, su familia. «Mis hijas son la cuarta generación en La Barzola y lo que yo estoy viendo ahora, no lo había visto nunca».


Como en el Cerezo o en San Jerónimo, los vecinos de la Barzola se quejan de la falta de policías y de cómo sus llamadas no son atendidas. «Te puedes cansar de llamarles por teléfono que nunca vienen. Esto se está poniendo cada vez peor». Han tratado de organizarse para vigilar por las noches desde las azoteas y dar con los autores de los actos vandálicos, pero no es tarea fácil. «Somos gente trabajadora, que tenemos que levantarnos temprano y que no podemos estar todas las noches de vigía».

Daniel señala los restos del último incendio de un vehículo que se acumulan junto a la acera de la calle Virgen del Mayor Dolor. «La limpieza deja mucho que desear. Nos dicen desde el Lipasam que vienen un día sí y otro no, pero lo cierto es que no se ven los resultados». Hay carteles en las paredes que directamente llaman «guarros» a aquellos que dejan basura en la calle. Aquí también llama la atención los locales cerrados, algunos llevan años sin levantar la baraja. «Somos zona de paso para la gente que va y viene del Polígono Norte y eso es un problema». Pero Daniel, como el resto de entrevistados en este reportaje, termina defendiendo su barrio, su hogar. «La Barzola ha sido un sitio muy agradable de vivir y lo puede seguir siendo, sólo necesitamos que nos presten atención».

 

 
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