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La Magdalena PDF Imprimir E-mail
PLAZA DE LA MAGDALENA

Abc Sevilla / 21/05/2021

Antonio Burgos

Qué horror... Cómo están consiguiendo, tras grandes esfuerzos e inversiones, que Sevilla acabe sin parecerse a Sevilla. Lo digo por La Magdalena que, sin ninguna necesidad, bajo la presión del capricho de un nuevo hotel donde estuvo primitivamente Galerías Preciados cuando llegó a Sevilla, o sea, de la esquina de O´Donnell a la de Rioja, han conseguido que no tenga nada que ver con lo que entendíamos por La Magdalena. Una plaza que conservaba su sabor romántico, resultante del derribo de la iglesia parroquial de este nombre, que pasó al desamortizado convento de San Pablo de los dominicos. Por eso, en lo que a la iglesia se refiere, cuando decimos "La Magdalena" no nos referimos a la antigua iglesia, sino a la sede actual de la parroquia, a la que pocos llaman de San Pablo, que da nombre a la calle que viene por allí desde la Puerta de Triana.

Con su valiosísima fuente central, sus palmeras, sus naranjos, sus bancos de hierro, La Magdalena era una delicia en pleno centro de Sevilla, una de más hermosas plazas que se abrieron en el siglo XIX. Ya que hasta las desamortizaciones, Sevilla era una ciudad sin más plazas que la de San Francisco y la del Salvador. Todas las restantes, empezando por la Plaza Nueva, resultante del derribo del convento de San Francisco, son fruto de demoliciones, en aquella mentalidad higienista de derribar las murallas y las puertas y ganar grandes espacios abiertos con las plazas, por ejemplo la de La Encarnación.

¿Podrá el espíritu de Sevilla con esto que ahora llaman La Magdalena, que han desfigurado y que no tiene, ay, ya nada que ver con lo que era esa deliciosa plaza? Llamarla sí la seguiremos llamando así, pero peatonal, sin autobuses, sin taxis, sin coches, será otra cosa. Como lo es la Puerta de Jerez, que era como una plaza de La Cibeles a la sevillana y que han convertido en un espacio absurdo, con la fuente de los poetas de la Generación del 27 queriendo hacerle la competencia a la de Delgado Brakenbury con la Matrona Hispalis, vulgo de Los Meones. O como es la Avenida, un desierto sin árboles que nada tiene que ver con aquella que iba para Gran Vía de Sevilla y que ahora es un horror con naranjos feísimos, gordos y extraños, que ni florecen con azahar como venganza por haberlos trasplantados a Sevilla. Igual que seguimos llamando Puerta de Carmona o Puerta Osario a los lugares donde estuvieron esas entradas a la cerca de la muralla, seguiremos llamando La Magdalena a algo que ha sufrido la equivalencia de una demolición, como ha sido convertirla en una "plaza dura".

Donde ya hay veladores. No han abierto el hotel que comunica los dos edificios unidos por un túnel bajo la calle José de Velilla, cuando ya han puesto veladores en la nueva plaza de La Magdalena para hacer la prueba. Veladores sin bar. ¿Qué fue antes, la gallina o el huevo? ¿El bar del hotel o el velador? Estoy por decir que la primera industria de Sevilla no es el turismo, sino el velador, la terraza. No precisamente terriza de albero, que era lo nuestro, sino fúnebremente gris, plazas como de alivio de luto por la muerte de la ciudad que fue.

 
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