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2021

La Plaza de la Magdalena PDF Imprimir E-mail
PLAZA DE LA MAGDALENA

ABC de Sevilla 03/06/2021

Miguel Ángel Robles

Vivo en el centro. Cerca de mi casa tengo las plazas del Pozo Santo, los Terceros, Santa Marta, San Isidoro, San Leandro, Pescadería, Jesús de la Pasión... Todas ellas tienen veladores. Y además ocupan un espacio muy relevante. Físico y me atrevería a decir en algún caso que estético e identitario. Dicho de otra forma: tienen un gran impacto en la fisonomía e idiosincrasia de esas plazas. Se hace, por ejemplo, difícil concebir todo ese triángulo de los Terceros, entre las calles Sol, Busto Tavera y Capataz Manuel Santiago, sin la algarabía de sus mesas y camareros. Aunque quizás solo sea una percepción subjetiva.

Que todas las plazas que he enunciado son más pequeñas que la Magdalena es, sin embargo, poco opinable. Tampoco lo es que el espacio reservado para veladores en todas ellas sea proporcionalmente más relevante. Ni que el patrimonio monumental que las rodea sea de mayor valor: hay iglesias y conventos maravillosos, y en algún caso, con mesas casi pegando a sus fachadas. No he citado antes la Encarnación, ni el entorno de las Setas, que son la hipérbole del velador. Tampoco el Salvador, donde, por un lado, las mesas alcanzan el monumento a Martínez Montañés, y por el otro, no llegan a la escalinata de la iglesia, pero poco les falta.
Con la misma lógica que se está empleando para la Magdalena, de los veladores de estas plazas podríamos decir que están privatizando el espacio público. No creo que tengan esa sensación los muchos sevillanos que al mediodía del viernes se toman la primera cerveza del fin de semana junto al Salvador. Pero, en la dialéctica de la razón pura de la ciudad para los ciudadanos y no para los consumidores, qué duda cabe de que están ocupando un espacio que ha sido entregado (bajo pago de impuestos, no se olvide) al insaciable interés mercantilista de la restauración. Hago memoria, y nunca he leído ni oído nada en contra de los veladores de todas estas plazas. De hecho, no me cuesta demasiado trabajo imaginar a ciertas voces autorizadas de la opinión pública sevillana poner el grito en el cielo si al Ayuntamiento le diera por retirarlos, pretextando, qué digo yo, cualquier bagatela sobre la contaminación acústica o la movilidad peatonal.

Ahora que lo pienso, no me cuesta imaginarlo, porque de hecho ya pasó. Por ejemplo, en la Campana. Con la diferencia de que en la Magdalena hay bastante más espacio. Por qué los veladores de la Plaza de los Venerables, por referir otro caso, son maravillosos y los de la Magdalena serían un atropello a nuestros derechos, es algo que se me escapa. Quizás sea porque no llevan allí toda la vida: cuando algunos dicen eso, se refieren naturalmente a toda su vida. Pero lo que yo recuerdo toda la vida (toda la mía) de la Magdalena es un horror. Una fotografía de autobuses, motos aparcadas y peatones viéndoselas para cruzar. Todo eso con la inigualable banda sonora de un atasco reproducido en bucle.

O tal vez el pecado original de esta polémica ocupación del espacio público es que haya sido proyectada por un hotel de cinco estrellas a punto de estrenarse. En el que se han invertido más de 35 millones de euros. Y que va a ser gestionado por una de las compañías hoteleras de alta gama más prestigiosas del mundo. Del hotel también he leído que es una fealdad. Como los veladores y toda la reurbanización de la plaza. Y debe de ser así, pues, como todo el mundo sabe, las cadenas hoteleras especialistas en el segmento del lujo están huérfanas de gusto y no tienen ningún interés por el diseño y el acabado en su entorno. Y se distinguen por contratar arquitectos y diseñadores sin caché ni experiencia, muy poco viajados y más bien catetos. Qué pena de esos dos edificios, con lo que eran, y la mamarrachada en que los ha convertido el estudio que ha trabajado en ellos. Que no es de Sevilla, sino que tiene sus oficinas en Barcelona y Londres. Quizás ese sea también el problema. Porque lo de los veladores... Sigo haciendo memoria. Y lo que realmente me resulta difícil es nombrar una plaza céntrica en Sevilla libre de la privatización infame de la restauración. Una excepción: no los recuerdo en la plaza de Santa Isabel. Claro que aquí el espacio público es más bien para uso privativo del ciudadano porreta.

No soy especialista ni en urbanismo ni en patrimonio, pero algunas de las críticas que se han hecho a la rehabilitación de la Magdalena me parecen cuanto menos exageradas. Aunque seré un consumidor entre ocasional y nulo de esos veladores, me siento agradecido a quienes han realizado tan importante inversión inmobiliaria y turística en mi ciudad (y más aún de que la hayan mantenido en un contexto tan adverso). Como ciudadano, no siento desde luego que se me haya robado ningún espacio, sino lo contrario. Aunque no es el Alfonso XIII (que encajaría más bien regular allí), pienso que el hotel ha mejorado estéticamente el entorno. Creo que la peatonalización lo ha hecho mucho más agradable y disfrutable. Y, si bien es todavía difícil de apreciar entre tanta valla del final de las obras, estimo que, en su conjunto, la plaza quedará mucho mejor que antes.

Naturalmente, puesto a elegir, hubiera preferido para mi ciudad la inversión que Vodafone ha anunciado en Málaga para desarrollar allí un centro de I+D. Pero mientras proyectos de este tipo no lleguen a Sevilla, bienvenidos sean los turísticos, que tampoco es que sean incompatibles con los primeros. Y de paso recordemos que no son los gobiernos (ni locales ni autonómicos ni estatales) los que emprenden, sino los empresarios. Y los empresarios emprenden lo que quieren, donde quieren y como quieren (dentro del marco legal). Qué bueno para Sevilla sería que mis estimados conciudadanos, además de criticar el emprendimiento ajeno, se afanaran en el suyo propio. Así, poco a poco, tal vez, seríamos capaces de diversificar turismo con tecnología.

 
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