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2021

Magdalena sí, Magdalena no PDF Imprimir E-mail
PLAZA DE LA MAGDALENA

Abc Sevilla / 20/06/2021

Alberto García Reyes

 

A la nueva plaza de la Magdalena vamos a tener que cantarle la Tarara. Magdalena sí, Magdalena no, Magdalena mía de mi corazón. Ahora es cuando hay que pisar el charco, con la plaza terminada. En este tipo de asuntos se tienen siempre dos ocasiones para la crítica: cuando el Ayuntamiento presenta el proyecto, que es público e incluso se le pueden hacer alegaciones de manera preventiva, y cuando acaba la obra, momento en el que ya es posible comparar el resultado final con el que se presentó en el papel. Las opiniones repentinas durante el meneo de grúas y albañiles siempre resultan sospechosas, pero en Sevilla son habituales los lobbys que se disfrazan de sanedrines. Pasemos de ellos, que siempre van buscando algún beneficio oculto, y vayamos al turrón.
He paseado esta semana un par de veces por la plaza, que todavía está ultimando detalles para su inauguración, pero que ya está prácticamente terminada. Obviamente, mi visión es muy particular y entiendo tanto a quienes creen que se ha hecho ahí un destrozo como a quienes ensalzan la obra. Yo me quedo entre ambos y le canto la Tarara. En primer lugar, es imprescindible comparar la plaza que nos ha quedado con la que teníamos. Y a mí me parece un hecho objetivo, diría que incluso incontrovertible, que el espacio ha mejorado muchísimo. Aquello era un laberinto de autobuses mal aparcados, un caos que impedía estar y que también dificultaba pasar. Es decir, ni era una plaza para vivirla, ni era un lugar cómodo de tránsito. Comercialmente estaba muerta. La prueba del algodón es que cerró El Corte Inglés. Por lo tanto, creo que todos coincidimos en que ahí había que intervenir.

El siguiente punto del debate es qué se ha hecho y cómo. El Ayuntamiento acordó con la promotora Millenium, que ha construido un hotel de lujo en el antiguo edificio de El Corte Inglés, que ella abonara una parte muy sustancial del proyecto de remodelación. Es decir, se estableció una colaboración público-privada. ¿Es una buena idea que un espacio de todos se privatice? Yo me mojo: preferiría que Urbanismo se encargara de estas rehabilitaciones para no alterar el carácter público de las plazas, pero si no hay dinero, siempre es mejor que los proyectos salgan adelante con la ayuda de terceros. También parece incontestable que lo que se ha hecho mejora lo que había. Pero en este punto sí comienzo a ser crítico. Mejorar algo no es lo mismo que hacerlo bien. Y en ese sentido, la plaza que ha quedado va a ser habitable y seguramente se convertirá en un punto de encuentro de los sevillanos, pero el proyecto deja un sabor agridulce. El granito de Quintana —ay, Gerena de mis entretelas— es demasiado áspero para los calores locales y, sobre todo, estéticamente la plaza parece un trabajo de catálogo, sin personalidad, demasiado gris. Conclusión: ni blanco ni negro. Ahora la Magdalena es mejor, pero sigue sin ser lo que Sevilla merece. Y en todo caso, se nos ha quedado un sitio estupendo para mandar un saludo a los sanedritas desde los veladores del hotel.

 
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