Lun

27

Abr

2015

UN DISPARATE DE 140 MILLONES Imprimir
Encarnación



La guinda, por ahora, a la sinrazón que parece rodear todo lo que afecta a las setas es la sentencia que comentamos y que pone a Sacyr, concesionaria de la explotación comercial de un espacio público, en una situación de fuerza para negociar con el Ayuntamiento mejores condiciones o incluso para dar un portazo y dejarle el muerto a la Administración municipal. Como adelantaba Ana Sánchez Ameneiro en nuestra edición del pasado jueves, lo más significativo de la resolución del Juzgado de lo Contencioso número 5 de Sevilla es que las cantidades a las que ha lugar la reclamación de Sacyr por los incumplimientos de la condiciones de la concesión se calculan exclusivamente en base a las cifras aportadas por la empresa, ya que la Gerencia de Urbanismo no presentó un contrainforme que rebatiera esas cantidades. Una dejación de responsabilidad difícil de explicar en un contexto económico como el que vive la ciudad y que dice muy poco a favor de cómo ha gestionado esta cuestión el equipo de Juan Ignacio Zoido. 

Ello no puede hacer olvidar, sin embargo, que las setas están ahí porque así lo decidió Monteseirín y a él hay que atribuir la principal responsabilidad de que el edificio se haya convertido en una losa financiera para la ciudad. Todavía debería explicarle a los sevillanos a cuento de qué se hizo un proyecto tan complejo y con un descontrol presupuestario que cabe calificar, sin exageración, de disparate. Seguro que la megalomanía, los deseos de dejar huella en la ciudad jugaron su papel en la decisión. Hoy, la ciudad está obligada a sacar el máximo partido posible al edificio y utilizarlo como elemento revitalizador de la zona norte del caso histórico que había estado abandonado durante décadas. Esa misión ya la está cumpliendo y en torno a él se ha originado una actividad comercial y turística que ha puesto de moda calles como Regina o Puente y Pellón, que ahora atraen a sevillanos y foráneos. Pero no hay que perder de vista que los inmensos parasoles están construidos sobre unos cimientos de enorme ineficiencia municipal y que simbolizan mejor que nada en Sevilla lo que no debe hacer un Ayuntamiento y a dónde conduce una modernidad mal entendida.