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2017

A ROMERO MURUBE, TRAS SU CENTENARIO Imprimir
Debate Arquitectonico

ABC SEVILLA / 23/8/2017

ANTONIO BURGOS

Querido Joaquín Romero Murube que estás en los cielos, en los cielos que perdimos:

Me alegraré que al recibo de ésta te encuentres bien, yo bien, gracias Al Que Está al lado de tu Soledad en San Lorenzo. La presente es para decirte que no veas lo bien que se celebrado Sevilla el centenario de tu nacimiento en el año que acaba de terminar. Aquí, como sabes, hasta que no te mueres, no eres nadie. Cuando vivías te tenían aburrido. Jartito, con tu carita de pena. Pero como ya no hay riesgo de que vuelvas para plantarle cara al Sursum Corda por los derribos del Duque, pues no veas cómo te ponen. Por todo lo alto. Hasta los suplementos literarios de Madrid, Joaquín, donde en vida no te echaron ni puta cuenta, dicen ahora que eres el mejor de los nacidos en prosa y verso. Y de tu título inmortal, de «Los cielos que perdimos», ni te cuento. Es ya un tópico más, como Serva la Bari, como la Tierra de María Santísima o como el Manque Pierda de tu Betis.

En este año del centenario te han dedicado, Joaquín, ciclos de conferencias, ediciones especiales, números monográficos, biografías, premios. Qué sé yo. Se te tiene que estar poniendo una cara espantosa de Editorial Aguilar: ya tienes Obras Completas, Obras Selectas y Obras Escogidas, tú que tenías que apoquinar de tu bolsillo la publicación de tus libros en la imprenta del padre de Ramón Soto... Y de discípulos y autotitulados herederos, ni te cuento la de ellos que te han salido. Mira, hasta los protegidos y paniaguados de Rafael Laffón han renegado de su padre literario y dicen que son hijos tuyos. De todos, el único que es verdaderamente tu hijo es el niño de Antonio Colón, el gran crítico de cine de ABC. Carlos se llama. Tú lo conoces: es el ahijado de Sánchez Pedrote.

Y con estos Juegos Florales Romero-Murubianos que han armado con el pretexto de tu centenario, se han lavado la conciencia. Esto sigue igual que cuando tú estabas. El mejor homenaje de centenario que podían haberte hecho hubiese sido declarar un año de tregua en la destrucción de Sevilla. Pero no se jartan. Sevilla sigue perdiendo no solamente cielos, Joaquín, sino jardines, árboles, Giraldas verdaderas, palacios, comercios tradicionales. Y de vergüenza, ni te cuento. La vergüenza la pierde Sevilla como la medalla del amor: hoy más que ayer, pero una mijita menos que mañana. Sevilla, en muchas partes, Joaquín, es ya Albacete con Giralda o Ciudad Real con Alcázar. Y digo yo que el mejor homenaje de tu centenario es que, por ejemplo, Consuegra se hubiera estado quietecito y no hubiera continuado con la destrucción de San Telmo. Y que Montaner hubiera estado también de año sabático, y no hubiera talado el jardín de la casa de Amelia Medina en La Botella para hacer a los aparejadores (encima, los que reeditan libros en defensa de Sevilla) una caja de zapatos entre los chalés de La Palmera. El mejor homenaje del centenario, Joaquín, es que ese mismo Montaner, que no para, no hubiera puesto un hangar para hidroaviones a la orilla del río, frente a la Torre del Oro, donde estaba el Bar Puerto, que entras por la Plaza de Cuba y no ves el río por ningún lado con tanto restaurante turístico. Y en tu homenaje podrían haber dejado a la Plaza de la Virgen de los Reyes sin el telón de acero que le han puesto, y con los naranjos por lo menos como estaban, Virgen de la Soledad. Bueno, de árboles y jardines, ni te cuento. Perrerías están haciendo con ellos.

Así que fíjate, Joaquín, la ocasión que ha desperdiciado Sevilla de celebrar tu centenario dejando de perder unos poquitos de cielos. Pero ya sabes como somos. Hasta que no te mueres no eres nadie, y cuando te has muerto sirves de coartada para continuar la destrucción de Sevilla. Se ha celebrado tu centenario por todo lo alto, pero muy poco por lo hondo. A la vista está.