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2021

Autopsia a la niña del Alcázar de Sevilla: ¿hija bastarda de Alfonso X? Imprimir
Reales Alcázares

Abc Sevilla / 30/04/2021

Javier Macías.

 

El 21 de abril de 2021 no fue un día de grandes noticias. Entre el fracaso de la recién anunciada Superliga y los retrasos en la llegada de las vacunas andaba la jornada en su clásica rutina pandémica. Ese día, a la hora del almuerzo, llegó a la redacción del periódico un teletipo que durante unos minutos pasó algo desapercibido: «Trabajos arqueológicos en la capilla del Palacio Gótico del Real Alcázar de Sevilla sacan a la luz un sarcófago con los restos de una niña que podría ser de época medieval». El redactor jefe de la sección de local dio la orden de que la información se publicara en internet lo antes posible. La siguiente instrucción al periodista fue una misión casi imposible: «Intenta que nos cuenten la primera teoría de quién pudo ser aquella misteriosa niña».
El martes de esa semana, en este oratorio privado que levantó la Familia Real para asistir a los oficios religiosos, un equipo de arqueólogos estaba realizando unas catas en todo el perímetro, donde se pretende construir una cámara bufa que aísle de la humedad a los muros donde reposan los extraordinarios revestimientos cerámicos de Cristóbal de Augusta (segunda mitad del siglo XVI), que durante el terremoto de Lisboa se desprendieron y se recolocaron distorsionando el dibujo original, que ahora se pretende recuperar.

Al llegar a la zona del altar mayor de la capilla, bajo el retablo que cobija a la Virgen de la Antigua de Diego de Castillejo, hicieron una prospección. A apenas 20 centímetros de la superficie había un pequeño espacio que podría corresponderse a un enterramiento. El director del equipo, Miguel Ángel Tabales, tenía la hipótesis de que el oratorio real debía esconder una cripta. Los técnicos comenzaron a levantar las losetas para destapar a piocha y azadón el posible enterramiento. Pero al abrir el hueco lo que vieron les sorprendió. Era un pequeño ataúd de plomo, similar a los que se usaban en los siglos XIII y XIV. El antropólogo Juan Manuel Guijo conoce bien esos sarcófagos porque ha estudiado de cerca otros como el del arzobispo Gonzalo de Mena, el que mandó levantar ese sueño de un loco que fue la Catedral, y en cuya caja venía una plaquita también de plomo con la leyenda del personaje que estaba sepultado allí dentro. En esta ocasión no había ninguna lápida. Y ahí estaba precisamente la noticia.


La historia tiene tintes novelescos, como la que narra Gabriel García Márquez en «Del amor y otros demonios». Abrieron cuidadosamente ese ataúd cuyas dimensiones ya apuntaban a que su ocupante debía tener pocos años de edad. En su interior había otro pequeño féretro de madera desvencijada y carcomida por el tiempo que ya no ocultaba los huesos, ni los ropajes. Ni la cabellera rubia cuyas hebras aún estaban prendidas al cráneo. Era una niña.


«Lo primero que manejamos fue la teoría de que era un enterramiento secundario, recolocado allí y con los huesos removidos», afirma el antropólogo. Pero no. Estaba tan bien sellado el sarcófago de plomo que apenas dejó entrar el aire en todos estos años. Siglos. Sin sedimento, los cambios de temperatura y humedad afectan tanto a la huesera que hasta pulveriza los restos. Aquí no ocurrió eso. El esqueleto estaba decúbito supino, con las manos cruzadas sobre el pecho, perfectamente colocado en su posición original. Y todo estaba en su sitio. El cuerpo de la niña, en una primera autopsia, se había agrietado en las zonas esponjosas por los procesos ambientales. De hecho, según los científicos, «unas décadas más, y podría haberse deshecho completamente». Sobre los huesecillos menudos y apenas movidos estaba la vestimenta: telas, zapatos, cuero y botones de nácar. Sólo faltaba una cosa: el nombre. Y es ahí donde está ahora puesto todo el interés.

La primera hipótesis que trasladó el Ayuntamiento es que, al estar en un lateral bajo el altar, se trataría de la hija de una familia muy destacada, de unos cuatro años de edad, y que debía haber vivido en la baja Edad Media. Hace unos 700 años. De ahí no salen oficialmente ni Tabales ni Guijo. Pero el Patronato del Alcázar ya ha empezado a hacer sus primeras pesquisas antes de que se hagan los análisis que confirmen la datación de los restos y los posibles de ADN para encontrar el vínculo sanguíneo. ¿Puede ser una hija bastarda y hasta ahora desconocida de Alfonso X 'El Sabio'?

El lugar más noble
El antropólogo Juan Manuel Guijo explica a ABC que «en aquel espacio sólo se enterraba hasta el siglo XIV, lo que no significa que no puede haberse enterrado por alguna circunstancia desconocida posteriormente». En este sentido, llama a la cautela porque «eso de que los grandes personajes de la nobleza tengan asegurada la total estabilidad de sus sepulturas no es así. A veces ocurren historias raras, como una obra o un traslado, como pasó con Gonzalo de Mena, y en eso estamos ahora mismo. Por eso es tan importante la muestra del carbono 14». Su impresión personal, no obstante, es que los restos son antiguos. La vestimenta la va a analizar el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y también se estudiará detalladamente el sarcófago de plomo, por si apareciese alguna inscripción ahora oculta por la alteración del metal.

Miguel Ángel Tabales, por otro lado, parte de la premisa de que «todas las expectativas pueden saltar por los aires si los análisis nos dicen que son de hace 200 años. Por eso hay que hacerlos antes de dar soluciones globales». Así, este arqueólogo que ha descubierto en los últimos 25 multitud de secretos enterrados en el Alcázar, señala que la capilla del Palacio Gótico es «la zona más noble». Un lugar privado para la Familia Real y sus allegados más directos donde, teóricamente, sólo podrían enterrarse los miembros de ese linaje. Si a eso se le une el patrón habitual de los enterramientos de otras capillas, donde por estratificación social los sepulcros de las clases más altas son los más cercanos al altar mayor, se puede deducir que esta niña de apenas cuatro años fue sepultada en el lugar más importante del Palacio Real, justo bajo el retablo principal.

«El edificio fue construido por Alfonso X y, durante toda la baja Edad Media, hubo una vida palatina importantísima que, posteriormente, se fue perdiendo. Todos los reyes han pasado temporadas, incluso el emperador Carlos V y su mujer, Isabel de Portugal, se casaron y vivieron de forma temporal, donde tuvieron a su hijo Juan», recuerda Tabales. El arqueólogo, no obstante, indica que Alfonso X, Alfonso XI y, sobre todo, Pedro I, pasaron «larguísimas temporadas en lo que era el palacio de la ciudad más populosa de España».

El Alcázar se construyó en torno a 1260 justo donde se encontraba el complejo real de la Isbiliya musulmana, y fue la residencia principal de los monarcas cristianos hasta finales del siglo XIV. A partir de ahí, la presencia de los reyes fue esporádica y hay toda una vida hasta el siglo XIX «donde pudo pasar cualquier cosa». El arqueólogo del Alcázar no quiere especular, aunque señala que «la lógica hace que situemos este enterramiento en el contexto principal de alguien que se entierra junto a la capilla en el sitio más noble. Ojalá perteneciera a algún vástago de la Familia Real, la hija de un personaje importantísimo para la historia. Ahora estamos en fase de dejarnos de teorías. Ahora hay que ser fríos».


La primera hipótesis que manejan en el Alcázar es que pudo ser una hija ilegítima de Alfonso X 'El Sabio'. De hecho, algunos miembros del Patronato han empezado a hacer averiguaciones, pese a que oficialmente nadie reconoce esta teoría. El mayor experto en la figura de este gran monarca, hijo de Fernando III 'El Santo', es el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla, Manuel González Jiménez, que ha dedicado media vida a investigar sobre el rey que levantó el Palacio Gótico. «Se atribuye a que pudo ser la hijita bastarda, como otros tantos que tuvo», señala a ABC el profesor.

«De la vida privada de Alfonso X sabemos muy pocas cosas. A su mujer acabó abandonándola, o ella a él. Algunos de sus hijos le traicionaron. Diez años antes de su muerte en estas mismas estancias, en 1284, se conoce que se llevaba muy mal con su familia. Él se concentró en Sevilla y vivió sus últimos años triste y abandonado», relata el historiador. Manuel González ha trabajado durante 40 años estudiando todos los documentos conservados de Alfonso X, unos 4.000. «Ya escribí todo lo que tenía que escribir, he dejado ya de estudiar a este rey tan activo, que tuvo muchas relaciones políticas, hasta con el mundo árabe, pero de la documentación privada hay poco y hablar de eso con certeza es complicado». Se sabe, según recuerda, que tuvo hijos bastardos, «unos cuantos». «Amantes tuvo unas cuantas también, naturalmente, una de ellas fue una importantísima mujer castellana cuando él era aún infante y con la que tuvo una hija que acabó siendo Reina de Portugal, a la que quiso muchísimo según se puede leer en las cartas. Tuvo también un par de hijos varones ilegítimos a los que él apreció y quiso y los colocó en puestos adecuados. Pero, otra amante de la que podría haber nacido esta niñita, la verdad es que no lo sé. Tendría que rebuscar en papeles. ¿Qué amante pudiera haber sido? ¿De algún miembro de la corte? Yo no tengo opinión sobre esto». El catedrático de Historia Medieval apunta que, cuando se haga la prueba del carbono 14, se podrá precisar: «¿A qué momento exacto corresponde? Son 200 años. Antes del siglo XIV, también podría ser hija de Alfonso XI o de Pedro I 'El Cruel', que también tuvieron niños ilegítimos. De Fernando IV sabemos muy poco y, de Sancho IV, conocemos que se sublevó contra el Rey y que le abandonó, pero no sabemos mucho sobre su descendencia».


Manuel González explica que la bastardía era «bastante común» entre los reyes, que «andaban de guerra en guerra, dejando a sus mujeres en un convento mientras que, de campamento en campamento, en las noches frías, el calor humanos es lo mejor del mundo». Por eso, a la pregunta de si puede ser una bastarda desconocida del Rey Sabio, el catedrático responde: «Mire usted, de imaginarlo se puede».

Los análisis
La gran pregunta no tendrá respuesta al menos hasta que se hagan todas las pruebas científicas. Todo está en el aire. Esa autopsia partirá de un análisis con georradar de todo el entorno que no altere la superficie, en busca de más tumbas o de una gran cripta como sospecha que puede haber Miguel Ángel Tabales. «Al abrir cualquier enterramiento, primero se desglosa un terreno para aclarar lo que se ve en la superficie. A partir de ahí vemos las circunstancias, los procesos vitales de la persona sepultada, y empiezan a actuar los factores póstumos que pueden maquillar, enmascarar o incluso destruir la lectura. Son factores ambientales, químicos o actividad humana -se sabe que en el siglo XIX se descubrió esta tumba, que se dejó luego tapada-, que pueden inducirnos a lecturas falsas», comenta el antropólogo Juan Manuel Guijo. Por ello -continúa-, «es esencial la lectura cronológica: el ataúd de plomo parece antiguo que, por el conocimiento de otros paralelos, se sitúa claramente en la baja Edad Media (siglos XIII y XIV), pero es esencial el carbono 14 para asegurarnos. Si se confirma una cronología antigua, habría que cruzar una muestra genética de esta niña con otros personajes de ese momento histórico concreto. Hay casas que acaban en el siglo XIV, como la de Borgoña...», apunta.

La prueba de ADN es la clave final porque puede definir una procedencia. Guijo abunda en que «el resto de analíticas estarían centradas en las condiciones de nutrición (paleodieta), el cribado de semillas de la época del año en la que fue sepultada, el tratamiento que se le diera al cuerpo antes del entierro... posibles daños en el cráneo que nos pudieran hablar de técnicas de embalsamamiento. Los restos orgánicos, trocitos de piel, el cabello puede tener el bulbo de la raíz, aparte del hueso. Los analísis deben evaluar la influencia del plomo sobre el cuerpo...». Por ello, una vez tengan un argumento sólido para ubicar a esta misteriosa niña en un espacio, tiempo y posible vínculo de consanguinidad, ya habría suficientes motivos como para exhumar los restos de algún antepasado y cotejar el ADN.

«Esto es Patrimonio de la Humanidad», recuerda el antropólogo, en relación a que, por un lado, es necesario investigar y no archivar ninguna causa; y, por otro, que todo lo que se haga debe realizarse con pulcritud y con los permisos adecuados. Los técnicos que están trabajando en el Alcázar están «muy agradecidos» al Patronato y al Ayuntamiento por las facilidades que están ofreciendo para llevar a cabo la investigación, ya que la disposición es ir hasta el final.

De la capilla del Palacio Real a la Capilla Real de la Catedral apenas hay doscientos metros de distancia. Allí están enterrados los monarcas que vivieron en el Alcázar. La idea de que esa tumba pudiera ser la de una hija bastarda de Alfonso X es la base de esta noticia, y el origen de la próxima investigación. Todo, justo en el año en el que se conmemora el 800 aniversario de este Rey Sabio que abandonó el plan de su padre de conquistar el norte de África para centrarse en la ciudad de Sevilla.