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28

Oct

2013

PELIGROS REALES E IMAGINARIOS EN LA IGLESIA DE SANTA CATALINA PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA  / 24/10/2013

FRANCISCO CORREAL

EN la amalgama de cosas que define el estilo mudéjar, donde pugnan y conviven los criterios de la arquitectura árabe con los del gótico cristiano, lo que rechina es el olvido y el abandono. Ya no es una portada y un ábside que se le añaden al trazado antiguo; no es el campanario que se añade al antiguo alminar. Es una suerte de cerrado por defunción, aunque, milagrosamente, la iglesia de Santa Catalina, joya del mudéjar sevillano, parece estar mucho menos muerta de lo que parece después de nueve años de cierre. 

 

"Se está tergiversando, se está asustando a la población con unos peligros que obedecen a unos intereses en los que no quiero entrar". Lo dijo ayer Gonzalo Díaz Recasens en la Casa de los Pinelo en la tercera de las jornadas que la Academia de Bellas Artes dedica a la Sevilla Mudéjar. Intereses que después calificaría de "bastardos". Díaz Recasens y José Luis García López, que le acompañó en la exposición y ratificó su dictamen -"no existía riesto alguno de ruina"- son los dos arquitectos que en representación de dicha Academia realizaron un informe sobre la iglesia para el Arzobispado previa autorización del titular de la diócesis. 

El mudéjar sevillano tiene tirón. La sala de la primera planta de los Pinelo se llenó para oír a estos dos arquitectos. Gonzalo Díaz Recasens (Sevilla, 1947), partió de la hipótesis de la ciudad romana de Ramón Corzo para insinuar que lo que hoy es una iglesia -cerrada al culto- fue capilla votiva romana y mezquita musulmana. "El mudéjar sevillano se convirtió en tipología que se expandió como arquitectura culta". 

Este arquitecto estudia las similitudes de Santa Catalina con San Marcos. La primera es una joya por los estilos que atesora y sus intervenciones: la capilla de Leonardo de Figueroa o la actuación en la portada principal de Juan Talavera. Pórtico que procedía de la iglesia de Santa Lucía parcialmente destruida por las secuelas del terremoto de Lisboa. 

Ni grietas ni fisuras en los arcos ojivales. Cubiertas en buen estado. Cimentación aparentemente solvente, con un pequeño desplome en los pilares magnificado por haber confundido milímetros con centímetros. Fueron algunas de las conclusiones de José Luis García López (Bilbao, 1932), un vasco de cuna que llegó a Sevilla en 1938 y llegó a ser decano del Colegio de Arquitectos. Este informe de la Academia es el único trabajo que han hecho juntos estos dos arquitectos. Dos de los cinco con que cuenta la Academia, a la que también pertenecen Ramón Queiro, Rafael Manzano -ponentes de las sesiones inaugural y de clausura, respectivamente- y Aurelio Gómez Millán. 

En junio de 2012, estos arquitectos elevaron al Arzobispado los resultados de su informe, que un colega presente en la sala puso en solfa por poner excesivo énfasis en los criterios de verticalidad, en el protagonismo de los pilares, y por basarse "en una inspección ocular". García López desdramatizó los efectos del leve desplome de alguno de los pilares. "Si se enderezase la torre de Pisa, dejaría de ser la de Pisa". 

Según publicó ayer este diario, en enero pueden empezar las obras de reparación de Santa Catalina con dirección del arquitecto Francisco Jurado. De una iglesia cerrada a un palacio abierto, el de los Marqueses de La Algaba, obra de la Sevilla Mudéjar del que hablará hoy Juan Luis Ravé. La sesión la cerró Isabel de León, marquesa de Méritos, presidenta de la Academia. Entre el público, el arqueólogo Fernando Fernández y la arquitecta Lola Robador.

 
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