ABC SEVILLA / 18/2/2015
La revolución de la imprenta, iniciada en Nuremberga en 1455, no llegó a Sevilla hasta 1470, o como muy tarde, en 1477, permaneciendo durante algún tiempo en manos de alemanes, que editaban los que fuese y como fuese. Dado que los derechos de autor aún estaban por venir, y la tradición de los copistas era que todo era copiable, una gran parte de los incunables fueron plagios, incluidas las imágenes. Vamos, como en Internet, pero en papel, con letra gótica y tinta. Una consecuencia de esta falta de escrúpulos fue la repetición de los grabados, incluso dentro de un mismo texto pues, como ha explicado Cornejo Vega, la misma plancha servía para representar ciudades diferentes; esto es lo que sucede en el Fasciculum Temporum. de 1484, donde varias poblaciones tuvieron la misma matriz, pues sólo Je-rusalén, Roma y Venecia tenían imágenes reconocibles.
Por eso debemos agradecer al alemán Meinardo Ungut y al polaco Estanislao Polono, radicados en Sevilla desde febrero de 1491, que tirasen de imaginación para representar en nuestra ciudad nada más y nada menos que la estigmatización de San Francisco, suceso que aconteció en un monte cercano a Asís el 14 de septiembre de 1224. Así ilustraron en 1492 el Floreto de San Francisco, cuya vinculación con Sevilla sólo la estableció la imprenta y a través de la portada de este libro.
En el grabado el protagonismo lo acapara el santo, justo en el momento de recibir los estigmas que le envía Cristo, crucificado y alado, mientras el hermano León, medio dormido, aparece en un segundo término. Una serie de elementos propios de la iconografía franciscana completan portada del incunable titulado «Este es el Floreto de Sant Francisco. El qual tracto, de la vida y miraglos [sic] del bienaventurado Señor Sant Francisco. Edela regla de los frayles menores», editado en Sevilla, en 1492 |