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2016

¡AL SUELO,QUE VIENEN LOS CANÓNIGOS! PDF Imprimir E-mail

DIARIO DE SEVILLA / 7/2/2016

CARLOS NAVARRO ANTOLÍN

EN la película de las agresiones al patrimonio de Sevilla, que se rueda en sesión continua, el enemigo siempre está dentro. En la fiesta de los toros está en las mismas entrañas, con un empresariado que dispara los precios, unos toreros que gallean por medio de apoderados que multiplican las exigencias salariales y unos ganaderos criando ese torito que sirve acaso para la muleta después de haber perdido las manos en el peto. En las cofradías, el enemigo está también dentro, con hermanos mayores perdiendo el tiempo en bagatelas de logística horaria y un Consejo de Cofradías incapaz de ir más allá del reparto de las sillas. Y en la Catedral, principal monumento de la ciudad, el enemigo descansa en asiento de coro.

Monteseirín se empeñó en hacer inhóspito el centro con una voracidad reformista en años de vacas gordas. Aplicó una política de alejamiento por la que el vecino de los Bermejales prefiere acudir antes a cualquier centro comercial de los barrios o del Aljarafe, porque lo hace desde el garaje de su casa hasta el garaje gratuito de Los Arcos, Nervión Plaza o Airesur, que acudir a unos grandes almacenes del casco antiguo, donde el aparcamiento es caro y hay que soportar atascos en las principales vías de penetración. Para una inmensa mayoría de sevillanos, el centro se ha quedado para los días de Semana Santa y el paseíto preceptivo de Navidad, donde ya no hay camellos en las setas porque estos simpáticos animales carecen del glamour cultural que el edil Antonio Muñoz pretende implantar en el mamotreto de Sacyr.

Monteseirín se obsesionó con hacer del Casco Antiguo el distrito más incómodo e inaccesible, como si volviera a levantar las antiguas murallas. Ahora el Cabildo Catedral, excelentísimo donde los haya, se empeña en afear el templo una y otra vez, en no respetar la estética de sus espacios y en destruir el conjunto de sus perspectivas. El Ayuntamiento quitó hace dos semanas la señal de tráfico estampada contra la Puerta del Perdón. Ahora es el Cabildo el que planta un mupi en esa misma puerta. Es el Cabildo el que siembra el interior de la Catedral de mupis cual Obelix plantando menhires sin orden ni concierto: “¡Están locos estos turistas!”. Dejen la Catedral libre de vallas, abran el Patio de los Naranjos, vigilen la estética de los turistas y no hagan la vista gorda ante los pantalones cortos con tal de cobrar en taquilla, si de verdad se creen sus propias normas.

Ni al prioste de una cofradía con mal gusto, que las hay, se le ocurre destrozar la preciosa perspectiva almohade de una puerta, ni romper visualmente los espacios interiores de esta gran montaña hueca. Ni los toros se pueden dejar exclusivamente en manos de ciertos taurinos, ni las cofradías en manos de la clase dirigente cofradiera embriagada en negociaciones horarias, ni la Catedral en manos de canónigos carentes de sensibilidad ante el mejor patrimonio histórico-artístico de la ciudad. Estos mupis del siglo XXI son las vallas amarillas de los años ochenta. En los seminarios ya no se enseña latín. Ni se inculca el buen gusto. Quod natura non dat…

 
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