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Feb

2016

SIÉNTATE Y ESPERANZA, SEVILLA PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 3/2/2016

ALBERTO GARCÍA REYES

Ese mantra de la Sevilla eterna, en cuyo narcisismo retozamos, t i ene una explicación mucho más prosaica de lo que su pretencioso enunciado abarca. La eternidad sevillana es la unidad con la que medimos el tiempo que necesitamos para hacer cualquier cosa. El dragado eterno, la rehabilitación eterna de las Atarazanas, la Fábrica de Artillería eterna, la eterna red de metro, la restauración eterna del Museo Arqueológico, la eterna ampliación del Bellas Artes, el eterno encierro del Carambolo o la eterna obra de Santa Catalina suman un total que denominamos poéticamente Sevilla eterna. Pero nada la simboliza mejor que ese banco de la calle Feria, ancha calle por la que pasa la Esperanza de la ciudad que todo lo espera. Su rótulo tiene una interpretación inminente: «En este banko sí se puede confiar». La referencia financiera es de perogrullo, sobre todo para quienes conocemos la eternidad más eterna que existe: la hipoteca. La puñetera e inagotable hipoteca. Pero también tiene un significado alegórico que llena de infinitud la otra gran verdad hispalense, orillada por su falta de literatura, aunque tan célebre como la lírica perpetuidad de sus costumbres. Ese banco también denuncia l a desconfianza que nos define como pueblo, el recelo en el que habitamos sin que seamos capaces de reconocerlo.

 

El sevillano es incrédulo por antonomasia. Se protege de ese escepticismo con la armadura invencible de la ojana, pero detrás de sus raciones bien despachadas de coba siempre hay un «eso no te lo crees ni tú» que le permite mantener unas cautelas mínimas ante cualquier promesa. Cuando un nativo de esta eterna tierra lee en el periódico que van a montar, pongamos un ejemplo cualquiera que nada tiene que ver con la realidad, un museo en el Pabellón Real para exponer la colección de Mariano Bellver, siempre levanta un párpado y resuella: «Enseguía». Si le dicen que van a construir —sigamos desvariando con la imaginación— un edificio en la Encarnación que se va a llamar Metropol porque justo debajo habrá una estación del metro, susurra: «Tequiyá». Si le cuentan que van a hacer en la Cartuja un Estadio Olímpico, solloza: «Home, pordió». Si le hablan de un puente nuevo sobre el río para evitar los atascos del rascacielos, sentencia: «Ojú». Si le explican que van a arreglar las Atarazanas para poner una plaza pública con escaleras mecánicas, rezonga: «Qué arte». Porque aquí nada llega tal como se nos vendió. Todo pasa por delante de nosotros, como una feria de ocasión, mostrando las plumas y ocultando las taras. Por eso ese banco es tan significativo. Es un banco que da préstamos a fondo perdido a quienes vayan a ingresar a plazo fijo una buena bolsa de paciencia. Ese banco de la calle Feria, que está junto a la librería «El Gusanito Lector» —qué buena definición del sevillano bien informado—, ofrece a sus clientes las mejores condiciones para obtener un crédito millonario con un plan de amortización que permite pagar en cómodas cuotas. Su lema publicitario es «siéntate y espera». Tú pides que Sevilla progrese y ahí te lo dan con un vencimiento facilísimo: sufres poco al mes, pero lo pagas eternamente.

 
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