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SEVILLA ANTE EL DESAFÍO DEL AÑO MURILLO PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA / 31/12/2016

EVA DÍAZ PÉREZ

Tocaban las campanas del día de San Silvestre de 1617 cuando nacía en una casa de la collación de San Pablo el mayor de los catorce hijos del cirujano barbero Gaspar Esteban y María Pérez Murillo. Este 31 de diciembre de cuatro siglos después es un buen momento para reflexionar sobre el esperado Año Murillo, que arrancará a finales de 2017 y cuyas actividades se extenderán en 2018 e incluso 2019.

En un país que olvida tantas veces su cultura, las efemérides son la única oportunidad para rescatar a personajes e impulsar políticas serias de inversión. Así que el cuarto centenario del nacimiento de Murillo debería ser la oportunidad para que la ciudad salde las deudas pendientes con su artista. Murillo representa como pocos el alma de Sevilla por lo que la conmemoración tendría que servir para activar un programa semejante al que otras ciudades hacen de identificación con su artista como Amberes con Rubens o Ámsterdam con Rembrandt.

 

Sobre Murillo cayó a mediados del XIX la losa del prejuicio. Hay quien aún lo despacha como pintor beato y cursi, culpable de una iconografía repetida en almanaques y cajas de dulces con cromolitografías de escasa calidad. El Murillo apropiado por el nacionalcatolicismo sigue pesando para los que miran de forma superficial el complejo mundo del artista.

 

A estas alturas habría que ‘leerlo’ de otro modo. El pintor fue el gran creador del espíritu amable de la Contrarreforma, el artista que recrea con dulzura la vida religiosa en una época atroz de miseria, decadencia y epidemias. El hombre que pinta lienzos que consuelan a sus coetáneos doloridos por el siglo trágico. Y que se aleja del aire tenebroso de lo divino que plasmaron otros artistas de su tiempo.

Pero hay muchos más Murillos. Y esos múltiples perfiles deberían guiar el centenario como el Año Greco ha servido para descubrir facetas desconocidas del genio. Porque Murillo no fue sólo un pintor con éxito que se limitó a cumplir de forma brillante con sus encargos. De la misma forma que Velázquez no fue sólo un servil cortesano.

Murillo, como ya apuntó en su día Diego Angulo, se anticipa a lo que está por venir, intuye la sensibilidad del siglo siguiente con sus cuadros dotados de dulzura. Se adelanta al rococó, de ahí su éxito en Francia y en Inglaterra donde inspira las célebres «fancy picture» o pinturas de niños. Y no sólo tiene la capacidad visionaria del genio, también protagoniza una revolución al apostar por la pintura profana con esas escenas tomadas del natural en las calles de Sevilla y con las que crea nuestro imaginario del Siglo de Oro. Murillo realiza excepcionales cuadros de un género que no estaba bien visto en España, donde se rechazaba este tipo de pintura popular frente a la pintura religiosa y la histórica. Murillo desde España forma parte de ese elogio de la vida cotidiana –por utilizar el título del ensayo de Todorov- que en la Europa del Norte provoca una de las grandes revoluciones del Arte.

Y es que no sólo tenía clientes religiosos, también era solicitado por los mercaderes flamencos afincados en la ciudad que era aún cabecera del monopolio comercial con América. Pero esas obras salen pronto de España, poco después de su muerte en 1682. Su fama provoca una fiebre que obliga a Carlos III a prohibir la salida de sus obras fuera de España. Y el expolio en la Guerra de la Independencia hace desaparecer al Murillo profano de España. Por eso, aquí su imagen es casi exclusivamente religiosa mientras que en los museos del mundo se esconde otra cara B.

El Año Murillo es un gran reto para la ciudad, que debería estar a la altura de este desafío. Un artista de fama internacional, que crea nuestro imaginario del Siglo de Oro y que dota de una nueva narrativa pictórica al mundo católico no puede quedar en una anécdota, en una celebración superficial. Para Sevilla es una oportunidad de proyectar la potencia de su turismo cultural y prestigiar una de las épocas doradas de su Historia.

Enrique Valdivieso: «No podemos defraudar a los visitantes en el IV centenario de Murillo»

«No podemos defraudar a los visitantes», afirma Enrique Valdivieso, el principal especialista en la figura de Murillo y autor del «Catálogo Razonado de Pinturas», obra fundamental que completa la realizada por Diego Angulo en los años ochenta. En un acto organizado por el Foro Al Andalus hace unas semanas, Enrique Valdivieso reflexionaba sobre el reto del Año Murillo junto al resto de miembros de esta organización que busca impulsar y animar la Sevilla ‘dormida’ del presente. «Desgraciadamente, el centenario ha coincidido con una encrucijada política, un mal momento económico e inquietantes circunstancias sociales, porque nunca la gente de la calle ha estado más lejos de la cultura», afirmaba.

Valdivieso forma parte del comité científico de la conmemoración, pero además se ocupará de la organización de algunas actividades, como las que tendrán lugar en la Casa Murillo y también los itinerarios que organiza el Ayuntamiento. «Al principio pensé, con desdén, que me habían dado las sobras, pero cada vez veo que mi parte tiene más enjundia. Estoy preparando las rutas desde la Catedral y los espacios donde cuelgan pinturas de Murillo. También de los lugares donde estuvieron sus obras pero fueron saqueadas como el antiguo convento de San Francisco». La Casa Murillo será uno de los lugares del itinerario. «Yo la vi abierta en la época de Soledad Becerril. Sería felicísimo que ese proyecto se quede», apunta.

Valdivieso resalta, entre las actividades programadas, la que se hará sobre su repercusión a través del tiempo con la degeneración en cromos y latas de membrillo que destruyeron a Murillo a base de reproducir sus cuadros con mala calidad. «Murillo desdramatizó la pintura religiosa. Lo que dio de sí este personaje. Lo fue todo hasta que a finales del siglo XIX los modernos lo destrozan».

 
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