DIARIO DE SEVILLA / 6/11/2016
CARLOS NAVARRO ANTOLÍN
Devolver la "dignidad" perdida a un espacio específico de un inmueble histórico. La Junta de Andalucía ya ha aprobado la ejecución de una importante obra de reforma en el Palacio Arzobispal. Se trata de la remodelación del sector más próximo a la calle Don Remondo, en el espacio ocupado por los tribunales eclesiásticos de segunda instancia, una zona necesitada desde hace años de trabajos de acondicionamiento. La autoridad eclesiástica ya cuenta con un Plan Director en el que se programan las diferentes reformas que necesita el palacio en general, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1969, una catalogación que, por lo tanto, obliga a someter cualquier proyecto urbanístico a la supervisión de la Comisión Provincial de Patrimonio de la Consejería de Cultura. La intención del Arzobispado es iniciar cuanto antes la remodelación de la zona escogida en primer lugar en el citado plan, redactado por el arquitecto Antonio Campos.
La finalidad es instalar en ese espacio "con toda la dignidad posible" los tribunales eclesiásticos y algunos otros servicios propios de la Curia. El archivo general seguiría instalado en la banda de enfrente a la que ahora se pretende restaurar. En la zona de los tribunales sí irá el archivo propio de esta institución. Esta primera gran remodelación que contempla el plan director tiene un coste de 190.000 euros, consignados en los presupuestos del año en curso. Proceden de los alquileres de algunos bienes eclesiásticos. La autoridad eclesiástica pretende en los próximos años poner a punto la totalidad del palacio, que está bastante bien conservado por lo general, pero que en la zona de los tribunales necesita de mejoras sustanciales en cuanto a conservación y restauración para que se alcance la "dignidad" deseada para quienes trabajan en este servicio cada día o acuden a este lugar para gestiones diversas.
El proyecto aprobado por la Junta recalca la necesidad de que el inmueble presente las condiciones idóneas para que el archivo del tribunal reúna todas las garantías de almacenamiento. El arquitecto ha previsto igualmente despachos, vestíbulos interiores, área de consulta, ventanales para una correcta iluminación natural, rampa de acceso para minusválidos.
El propio arquitecto deja claro que el primer objetivo es la "conservación del edificio existente, ya que estamos actuando en un bien con enorme valor patrimonial e histórico". En segundo lugar, "dotar a la intervención de los elementos indispensables para el buen uso y el cumplimiento de la normativa vigente en materia de seguridad, accesibilidad e instalaciones. En tercer lugar, "reorganizar el acceso y las circulaciones en la zona, haciéndola accesible a personas con discapacidad, al mismo tiempo que se mejoren las condiciones de evacuación y seguridad contra incendios".
La autoridad eclesiástica asegura que con el rendimiento de algunos alquileres se podrá costear la obra sin necesidad de recurrir a otros recursos, como sería la de la Catedral, una de las grandes fuentes de ingresos de la Archidiócesis junto con la aportación de los fieles por medio de la asignación de la casilla en el pliego de la declaración de la renta. En ningún caso se pretende alarmar a nadie acerca del estado de conservación del palacio, que es uno de los monumentos de titularidad privada mejor conservados en la ciudad junto con la plaza de toros de la Real Maestranza. El palacio no ha dejado de estar cuidado en las últimas décadas. Las dos visitas del Papa Juan Pablo II (1982 y 1993) fueron motivo para que se acondicionaran diversas estancias. Y, sobre todo, el convenio de cesión de San Telmo a la Junta permitió la ejecución de obras de conservación y ampliación de especial importancia. El Palacio Arzobispal, que históricamente es una suma de casas, ha registrado su última gran ampliación hace muy pocos años, a principios del siglo XXI, al sumar la conocida como Casa de los Seises, un inmueble de mil metros cuadrados que se usa como vivienda particular del prelado con acceso desde el interior.
Del primitivo palacio no queda resto alguno, puesto que los más antiguos pertenecen al proceso de construcción que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XVI, en tiempos del arzobispo Rodrigo de Castro, quien inició la transformación de las antiguas casas arzobispales en un solo conjunto unitario, proceso que prosiguió a comienzos del siglo XVII, dirigiendo las obras el milanés Vermondo Resta, arquitecto diocesano. En esta época se configuró la actual fisonomía del palacio en torno a sus dos patios principales.
La Junta destaca en el catálogo oficial el "cuidado y sensibilidad" que ha mostrado siempre la propiedad en el cuidado del edificio, que queda patente en las constantes obras de conservación y embellecimiento que los distintos obispos han promovido.
En la segunda mitad del siglo XVII, el arzobispo Patiño inicia el definitivo engrandecimiento del Palacio Arzobispal y ordena construir la magnífica escalera barroca, ejecutada por Fray Manuel Ramos. Las fachadas datan ya de principios del siglo XVIII, y se enriquecen con las dos grandes portadas, obra todo ello del arquitecto Lorenzo Fernández de Iglesias, su única obra importante documentada, hecha por encargo del arzobispo Arias, cuyo escudo campea bajo el balcón central.
El cardenal Segura ordenó y financió en el palacio importantes trabajos de consolidación y restauración. En el siglo XIX el palacio fue Comandancia General durante la ocupación francesa y vivienda ocasional de los duques de Montpensier a su llegada a la ciudad. En 1810 sirvió de alojamiento al mariscal Soult y sus oficiales, recuperando el palacio el nuevo arzobispo Mon y Velarde en noviembre de 1816. Respecto a Antonio de Orleáns y María Luisa Fernanda de Borbón, duques de Montpensier, se alojaron en este edificio en 1848, mientras se habilitaba el palacio bajo de los Reales Alcázares.
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