Adentrarse en las entrañas de la muralla de la Macarena para conocer la situación en la que se encuentra este Bien de Interés Cultural que desde hace años clama por una intervención y mantenimiento adecuados. Éste es el objetivo que se marca un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla que se ha propuesto, con o sin presupuesto público, conocer el estado del lienzo de la antigua barbacana.
El catedrático Antonio Jaramillo y los doctores Jacinto Canivell y Emilio Mascort se han embarcado en esta particular aventura para rescatar una muralla que, literalmente, «se deshace». Su plan, llamado proyecto Ardott, pretende analizar y evaluar desde varias perspectivas (social-etnográfica, territorial, arquitectónica y material) los principios de la arquitectura tradicional en tierra con la finalidad de proponer estrategias para la conservación preventiva de la arquitectura doméstica en tierra. Es decir, pretenden estudiar el estado de la muralla, en evidente «deterioro», y conocer los distintos efectos de intervenciones, para proponer soluciones de intervención y conservación. «Clama al cielo que uno de los monumentos más singulares de la ciudad esté en un estado tan deplorable», explican, mientras pasean por la calle Macarena donde pueden verse acumulaciones de arena junto a la muralla, «y no es que no se limpie la calle, son trozos de la barbacana», en la que aparecen orificios –algunos de gran porte–, que los indigentes incluso usan de almacén. Eso sí, aclaran que no quieren alarmar. «No es que se vaya a caer mañana, pero la superficie es de areniza y a poco que la toques se deshace».
Los tres investigadores tienen la hipótesis de que en los distintos arreglos que se han acometido en los lienzos de la muralla a lo largo de los años se han empleado materiales que han propiciado un deterioro. «Es de las primeras murallas que se intervinieron y se hicieron experimentos de prueba y error», puntualizan. «En este tiempo se ha ido demostrando que determinadas técnicas de intervención, sobre todo aquellas que empleaban el cemento, no eran las más adecuadas». Ahí es donde estos expertos quieren ahondar tomando muestras y haciendo mediciones. «Creemos que es posible que entre el asfalto y el cemento, materiales impermeables, el agua se haya podido filtrar por el lienzo», de manera que el material de la muralla se haya ido deshaciendo y debilitando. Ése es el motivo que puede provocar algún desprendimiento, «más que las almenas», aseguran. Y es que el cemento aplicado sobre la barbacana original se mantiene mejor conservado mientras que el tapial original se va deteriorando de manera que hay espacios en los que el cemento queda prácticamente en el aire «y puede caer». «No a gran altura, eso sí, pero se puede llegar a desprender».
Por ello, estos investigadores quieren, una vez realicen el estudio, hacer propuestas para la conservación preventiva de este monumento, «con nivel de protección y un propietario, en el que no se hace nada». Igualmente, y dado que hay un desconocimiento técnico sobre el arreglo de este tipo de inmuebles, Jaramillo, Canivell y Mascort emplearán los resultados de su estudio para proponer líneas de trabajo para la normalización.






