ABC SEVILLA-EVA DIAZ PEREZ-07.01.2019
Era un hermoso recuerdo. Un recuerdo evocado en el exilio mexicano, la memoria atravesando guerras y océanos. Cernuda rememoraba la fiesta de los Reyes Magos, la ingenuidad de la infancia en una carta: «...Yo quiero veros para quereros más, aunque no me traigáis regalos».
Ahora que Sevilla ha perdido una nueva oportunidad de recuperar la memorabilia cernudiana, quiero rescatar al poeta en la médula tierna de la infancia. En la subasta reciente de libros, dibujos y discos que se ha hecho en Madrid va mucho del mapa biográfico del poeta. Hubiera estado bien que el Ayuntamiento pujara para conseguir parte de las cosas que tuvo Cernuda en la soledad de sus cuartos de exiliado.
Esa Casa Cernuda que nunca será podría haber contado con la discoteca del poeta, la música de jazz que escuchaba en el paisaje sonoro de las paredes que habitó. Aunque sólo sea una metáfora, una sencilla mitomanía, como la de Cernuda con su carta a los Reyes Magos.
Su biógrafo Antonio Rivero Taravillo cuenta en el volumen dedicado a los años del destierro el luminoso recuerdo nostálgico. Es un momento rescatado de una conversación con María Dolores Arana, amiga de Cernuda. Recordaba cuando tenía seis años y se acercaba la víspera de los Reyes Magos. Imaginamos esos días de la Epifanía en los que ni siquiera existía la exuberante cabalgata de Reyes Magos en Sevilla. Ese cortejo que Solita Salinas, la hija de Pedro Salinas, recordaba como la mejor cabalgata del mundo.
Cernuda niño preguntaba a su padre si había visto a los Reyes Magos. Y éste le respondía que los había visto una vez en las afueras de la ciudad. Ese padre con el que el poeta tuvo de adulto una relación tormentosa reflejada en poemas acerados, fríos y estremecedores como «La familia». En el recuerdo, el padre sube al niño a las rodillas y le describe a los Magos de Oriente. La curiosidad de Cernuda se despierta. Quiere verlos. «Si lo intentas, te castigarán sin regalos», advierte el padre.
Años más tarde, el poeta escribiría «La adoración de los Reyes Magos». Aún albergaba esperanzas: «Si la leyenda mágica se hiciera realidad algún día». Se describe en soledad, de noche, quizás en una terraza en la que observa la luna. ¿Desde qué lado del mundo? Ese niño advertido por su padre de que no podría ver a los reyes porque entonces no tendría regalos ve en la leyenda mágica el trágico viaje del exiliado: «Tras una estrella incierta vamos, atravesando de noche los desiertos». Seguía siendo el poema del niño que soñaba, pero por el que había pasado la metáfora cruel de la vida.
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