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Jul

2019

El retablo de Montañés en la Anunciación ve la luz PDF Imprimir E-mail

Abc Sevilla / 29/05/2019

José Javier Comas

La iglesia de la Anunciación comienza a sacar los colores a Juan Martínez Montañés. El retablo del Bautismo de Cristo vive su última fase de restauración mostrando la luz perdida en el tiempo en uno de los conjuntos artísticos más notables de la ciudad, en este con monumento promovido por los jesuitas hace cuatro siglos, completado por el pintor Juan de Uceda, suegro de Alonso Cano y que nunca se había intervenido.

La obra de corte italianizante volverá a sus orígenes «fruto del trabajo previo conjunto con el IAPH. Va a significar un antes y un después en la historia de Montañés y de este retablo, ya que nadie lo había conocido con estos colores», comenta el vicerrector de patrimonio de la US, Luis Méndez.

Este martes 28 de mayo, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo y el rector de la Universidad de Sevilla, Miguel Ángel Castro, realizaron una visita a los trabajos de restauración que han sido coordinados por el restaurador Juan Aguilar.

Encarando ya el último 10-15% de la intervención, la finalización de los trabajos está prevista para el próximo mes de octubre tras el inicio de las labores en enero. En estos momentos «se está interviniendo a base de bisturí en las encarnaciones, sobre todo por la complejidad de los estratos, no solo de suciedad, sino de barnices oxidados unos encima de los otros que estaban homogeneizando lo que en un principio el artista diferenció como el brillo del estofado o el mate de la obra», señala Aguilar.

Cuatro profesionales están interviniendo esta pieza junto a un equipo de químicos, físicos, historiadores y dibujantes. Todo en una intervención multidisciplinar acorde al siglo XXI. Méndez destaca «el oro de altísima calidad» que se está descubriendo de estos estudios químicos y «el paisaje de las escenas», en el plano estético. En el plano de la reintegración de la obra, Aguilar apunta que «se hará bajo la tutela internacional, con una conservación estricta». Por ello, comenta que «no se van a reponer dedos o dorados. En el caso de las tablas sí, por su concepto distinto».

El arzobispo «felicita al IAPH y a sus profesionales que están redescubriendo la obra. Vine con el rector hace tres años y estaba todo negro y no se veía nada. Ahora estamos descubriendo todos los detalles de esta obra magnífica de Martínez Montañés y Juan de Uceda».

Detalles de la restauración del retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JUAN FLORES

La iglesia, el próximo objetivo
El rector se felicita de estar recuperando el estado inicial de esta obra, «que era un objetivo que nos marcamos en este mandato». Por ello, el próximo objetivo se centra en el templo que «es un gran orgullo y una parte fundamental de la ciudad. Esperamos que los gobernantes ayuden y poder dejarla en el estado que esta merece». En estos momentos, «estamos a expensas de que se abran las convocatorias para solicitar esa cuantía para la restauración», asegura Castro.

Por su parte, Asenjo «desea que esta magnífica iglesia encuentre su camino para la restauración y que Dios quiera que el nuevo gobierno y el Ministro o Ministra de Fomento que tome posesión dentro de unos días se tome en serio esta iglesia y destine cantidades suficientes del 1,5% cultural para recuperar este templo que tanto lo merece».

El rector de la Universidad y el arzobispo en la visita al retablo de la Anunciación / JUAN FLORES

El retablo
El retablo del muro lateral derecho de la iglesia de la Anunciación fue contratado en 1610 por la comunidad de Santa María del Socorro con Juan Martínez Montañés, estipulándose su realización en un plazo de año y medio. El profesor Hernández Díaz citaba como precedente el retablo concertado dos años antes por Montañés con el convento de la Concepción de Lima (1607), también dedicado a San Juan Bautista, conjunto muy dañado por el paso del tiempo que se conserva en la Catedral de la capital peruana. También realizó otro retablo con la misma temática para Portobelo, lo que muestra la pujanza de las comunidades de Indias, que antecedían en muchas ocasiones a los encargos de la metrópoli.

Para la obra se empleó, según el contrato, madera de borne para la arquitectura y cedro para sus esculturas, optándose por una policromía mate y un dorado en "oro fino". Un dato que sorprende, en tiempos de competencia entre gremios, es la equiparación en el precio de la talla y de la pintura: Montañés tasó la arquitectura y la escultura en 1.775 ducados, la misma cifra que cobraría el pintor Juan de Uceda por las escenas pictóricas y la policromía general.

El retablo de la Anunciación debió realizarse al mismo tiempo que una de las grandes obras del taller de Montañés, el dedicado a San Jerónimo en el monasterio de San Isidoro del Campo, una obra cumbre que debió provocar el retraso en otras obras coetáneas: la inscripción de la parte superior de la obra data la finalización de la obra en 1620 "siendo la abadesa doña Ana de Mendoza el 22 de Junio".

Detalles de la restauración del retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JUAN FLORES

La obra es tardorenacentista, «con influencias del conocimiento de Montañés de tratadistas del Renacimiento como Andrea Palladio, cuyas formas aparecen en el remate de la obra, y de "Los Diez Libros de Arquitectura" de León Batista Alberti, que sirve como modelo para la compartimentación de los cuerpos y las calles: un gran arco de triunfo enmarca a un retablo interior de dos cuerpos y tres calles organizadas mediante columnas dóricas y corintias. Un diseño estructural quizás algo tardío para la época, de hecho no podemos catalogarlo como barroco sino como obra manierista, que tiene un precedente claro en los retablos laterales del convento sevillano de Madre de Dios, obras del último cuarto del siglo XVI donde intervino Jerónimo Hernández», comenta el profesor de Historia del Arte, Manuel Jesús Roldán.

Explicación del retablo

El conjunto está formado por trece pinturas y nueve relieves con la historia de San Juan Bautista, con una composición que proviene de los libros de grabados de la época, que servían como auténticas cartillas de dibujo que se trasladaban a la madera o al lienzo. La lectura de sus escenas, a modo de cómic de nuestro tiempo, se debe realizar desde la parte superior hacia la inferior, empezando por la escena de la Visitación y finalizando con la de la Degollación del Bautista. En el interior se situarían las escenas de la infancia: el nacimiento de San Juan junto a la despedida de su familia (izquierda) y San Juan Bautista niño en el desierto (derecha). La vida adulta estaría representada el primer cuerpo, el Bautismo de Cristo al centro y en los laterales cuatro escenas que corresponderían a la predicación, la presencia ante un peculiar Herodes muy alejado de la habitual iconografía de la Semana Santa, el encarcelamiento y la degollación tras la mítica danza de Salomé.

Completan la obra las pinturas de Juan de Uceda, con escenas como la Aparición del ángel a Zacarías, la Predicación del Bautista, Salomé con la cabeza del Bautista y Traslado del cuerpo del Bautista, el Niño Jesús y San Juanito, San Juan y los fariseos, Muerte de Santa Isabel y aparición de Dios Padre a San Juanito.

 
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