ABC SEVILLA-MARCOS PACHECO MORALES-PADRÓN-04.09.2019
LEO con tristeza la noticia acaecida el pasado 25 de agosto sobre el hundimiento del histórico remolcador Cape-R.3 en aguas de la dársena. Se trata de una pequeña embarcación que prestó servicio en la f lotilla auxiliar de la antigua Junta de Obras del Puerto. Aunque no he podido hallar sus datos técnicos, buscando entre fotografías antiguas he detectado que su vida operativa ya queda registrada desde 1966.
Desde hace algo más de una década, nuestro protagonista compartía espacio en el muelle del Centenario con otras tres viejas embarcaciones que, faltas de conservación alguna, previamente habían sido sacadas del agua, evitando con ello el consecuente deterioro. Una de ellas es
la draga Genil, botada en 1928. Al i gual que el Cape-R.3, en 2009 también sufrió una vía de agua que le provocó su hundimiento, aunque en aquel momento se optó por ref lotarla. Desde entonces, en el cantil también le acompaña un martinete o puntalete, artefacto f lotante que se utilizó para el pilotaje de muelles o empalizadas, cuya vida operativa nos aventuramos a localizar en 1905. Por último, a esta peculiar f lotilla se le une una embarcación que servía para retirar los residuos que f lotaban en la dársena; el antecesor del catamarán de Lipasam Anastasio Senra.
Olvidadas entre los coloridos contenedores de mercancías por ignorancia o limitaciones del "poderoso caballero don Dinero", las cuatro embarcaciones han pasado desapercibidas para muchos sevillanos hasta el pasado domingo. Se podría decir que, de una manera improvisada, dan forma a un museo al aire libre donde se recoge la historia viva de los últimos 100 años de actividad del puerto. A pesar de la dejadez en su conservación, dicho grupo parece estar a la espera de un costoso proyecto de restauración. El deseo de la Autoridad Portuaria, siempre escuchado, es trasladarlas a su Centro de Información. Sería el lugar perfecto para atracar "eternamente" formando parte como piezas de un museo. Parece buscarse una semejanza con otros exitosos espacios culturales de la misma índole como el Museo Marítimo de Bilbao o el de El Dique (Puerto Real). Una fantástica iniciativa que, ojalá, algún día pueda llevarse a cabo.
Por lo tanto, ¿debe la Autoridad Portuaria sacar a subasta el desguace del Cape-R.3? Como historiador muy vinculado al Guadalquivir me opongo. ¿Por qué? Al fin y al cabo, ese pequeño remolcador oxidado forma parte de nuestro patrimonio, pues en Sevilla no todo son palacios, iglesias o cuadros de Murillo y Velázquez. Existe otro tipo de herencia muy poca tenida en cuenta: la industrial. El Cape-R.3 engrosa esa larga lista donde figuran la fábrica de artillería, las naves ferroviarias de San Jerónimo, el puente de Alfonso XIII, etc. La embarcación puede tener un destino más honroso.
Con estas líneas pretendo lanzar una petición para que se reconsidere la posibilidad de conservar dicho remolcador. No podemos dejar que estos bienes fluviales, que representan la continua lucha de Sevilla por dominar al Guadalquivir, acaben vendiéndose al peso en una chatarrería. Precisamente, en el momento de escribir estas líneas, 25 de agosto, se cumplen 16 años del traslado del Puente de Hierro. Desgraciada casualidad. Es cierto que con proyectos de integración ciudad-puerto (Sevilla Park, Jardín de las Cigarreras o Tablada) se puede lograr ese ansiado reencuentro entre la Autoridad Portuaria y los sevillanos, pero para vender el futuro próximo primero hay que afianzar las bases. Debe ponerse en valor la historia compartida y las relaciones que unen a los ciudadanos con las grúas, muelles y barcos que les rodean. Precisamente, y a mi parecer, el remolcador Cape-R.3 es uno de los mejores testigos de una época pasada de nuestro puerto y ciudad, que no hace sino aumentar su valor inmaterial.
No podemos dejar que estos bienes fluviales acaben vendiéndose al peso como chatarra
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