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Mar

2020

Cinco siglos de un viaje que propició el origen de la Semana Santa PDF Imprimir E-mail

ABC SEVILLA-JAVIER MCÍAS-06.03.2020

Todo empezó como una aventura que emprendió en 1518 Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa y adelantado mayor de Andalucía. Este sevillano peregrinó hasta Tierra Santa recorriendo Italia y toda la costa del Mediterráneo en un viaje que duró dos años. A su vuelta, impresionado por el arte renacentista que imperaba en la Península Itálica y el fervor de los lugares santos de Palestina, tomó dos decisiones: una de ellas fue ampliar su palacio de Sevilla combinando este estilo con el mudéjar hispalense. Y, el segundo, fue instaurar un vía crucis al modo del de Jerusalén, que partía del pretorio de Poncio Pilato hasta el Monte Calvario y que, a la postre, terminó popularizándose dando pie a la actual Semana Santa. Hoy, cuando se cumplen 500 años del regreso de Don Fadrique a Sevilla, como cada primer viernes de marzo en la Casa de Pilatos -llamada así por el vía crucis de Jerusalén- se conmemora aquel culto que instauró el marqués en 1521.

El viaje comenzó el 24 de noviembre de 1518 en Bornos (Cádiz). Junto a su mayordomo, un capellán y ocho criados, surcó el Mediterráneo visitante el Monasterio de Montserrat y Marsella. De allí, cruzó los Alpes hasta Milán y Venecia, adonde llegó el 12 de mayo de 1519. Desde la ciudad de los canales embarcó hasta Jerusalén en julio en un viaje de veinte días hasta arriba al puerto de Jaffa. Comenzó entonces un recorrido por los lugares santos que duró un mes. De vuelta, de nuevo pasó por Italia (Venecia, Florencia, Roma, Nápoles, Pisa, Bolonia y Génova), donde se enamoró del movimiento artístico que primaba entonces.

Esta aventura supuso un renacimiento en su percepción artística y religiosa, que trasladó a aquella Sevilla que era puerto y puerta del Nuevo Mundo. Por eso, un año después de su regreso, comenzó a celebrarse en el interior de la capilla del palacio el ejercicio del vía crucis que, dado el número de personas que acudían cada año a realizar esta estación de penitencia, se decidió que se trasladara a la calle, en conmemoración precisamente del camino de la cruz en Jerusalén. En 1529, el recorrido comenzaría desde la cruz de la fachada de la Casa de Pilatos hasta el templete de la Cruz del Campo, en las afueras de la ciudad. Y así, fueron incorporándose las hermandades hasta que dejó de practicarse después de que se estableciera que las estaciones de penitencia debían ser a la Catedral.

El vía crucis cayó en el olvido hasta que Joaquín González Moreno, archivero de la Casa de Pilatos y conservador del palacio durante más de 30 años, recuperó la tradición tras hallar la documentación sobre el mismo que se encontraba en el archivo de Medinaceli de Madrid. En 1956, los descendientes del marqués de Tarifa volvieron a restablecerlo, patrocinando una nueva corporación que se había creado en torno a este histórico culto: la hermandad de la Pía Unión, compuesta por los distintos hermanos mayores de las cofradías de Sevilla y hermanos que, desde entonces, se dan de alta voluntariamente.

El primer viernes de marzo se rememora este vía crucis. El acto comenzará a las 19 horas con una misa en la capilla de la Flagelación presidida por el arzobispo de Sevilla, que hoy tendrá un significado especial por la efeméride. Y, a su conclusión, el vía crucis recorrerá las galerías interiores y la plaza de Pilatos. Abrirá el cortejo, como cada año, la Cruz de las Toallas de los Negritos, la última hermandad en hacer estación a la Cruz del Campo.

 
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