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DESAPARECE DEL LOPE DE VEGA PARTE DEL LEGADO DE ANTONIO EL BAILARIN PDF Imprimir E-mail

El piano del artista sevillano, un cuadro y varios trajes fueron llevados al Teatro en 2001, pero ya no están y nadie conoce oficialmente su destino

Día 07/11/2011 - 07.41h

El 23 de julio del año 2001, el Teatro Lope de Vega de Sevilla, de titularidad municipal, recibió uno de los lotes del legado del genial Antonio Ruiz soler, «El Bailarín», subastados en noviembre del año anterior por la galería madrileña Durán, para su exposición permanente en las galerías de este espacio escénico. Se trataba concretamente del piano del artista sevillano, una réplica de la escultura de su pie cuyo original está en la Ópera de París, varios trajes de sus principales obras, dos cuadros y hasta el sofá del gran bailaor. Diez años después, en el Lope de Vega sólo queda uno de los cuadros y algunos trajes y no se tiene constancia oficial de ninguna cesión a otro organismo para su exposición o almacenaje. Esa parte del legado del mayor bailarín español de todos los tiempos ha desaparecido. El piano ha salido por la puerta del teatro sin que nadie se haya percatado de ello. No se sabe cuándo exactamente ni cómo. Lo cierto es que desde el Lope de Vega han confirmado a este periódico que la parte de la herencia de Antonio que fue donada al teatro no se encuentra en sus dependencias y que no se tiene ningún documento que acredite su salida oficial. Es más, el actual director, Juan Víctor Yagüe, dejó la dirección del Lope en el año 2005 con las propiedades de Antonio controladas. Pero a su regreso ya no estaban.

 

del agravio que Sevilla le ha tributado a uno de sus personajes más célebres. Aunque la historia de su legado tampoco tuvo un inicio feliz. Porque tras la muerte del artista en 1996, sus familiares se vieron abocados a deshacerse de sus propiedades ante la imposibilidad de mantenerlas. El Ayuntamiento de Sevilla llegó a negociar directamente con el sobrino de Antonio para adquirir las piezas. Fue concretamente en el año 2000. El entonces delegado de Cultura, Juan Ortega (PA), viajó a Madrid para reunirse con los herederos. Pero al final las piezas salieron a subasta en la galería Durán y tuvo que ser la Junta de Andalucía la que recurriera a su derecho de tanteo y retracto para hacerse con 439 lotes, el noventa por ciento de las propiedades del «Bailarín», por 150 millones de pesetas. Con todo ello, tras pasar por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico para someterse a un proceso de restauración, se organizó una exposición en el Museo de Artes y Costumbres Populares en mayo de 2001. Y justo después las piezas se repartieron entre el Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, el de Documentación Musical y el de Flamenco. Desde entonces han podido verse allí bienes como un anillo diseñado por Picasso que el propio pintor le regaló a Antonio, una «luna llorona» de Lorca, una piedra pintada por Jean Cocteau, una caricatura dibujada por José Caballero del maestro paseando por la Alameda de Hércules, cartas, fotos, dibujos y hasta un artículo mecanografiado que Antonio escribió para el dominical de la publicación El Alcázar explicando por qué Picasso le regaló aquella curiosa sortija con forma de ojo. Es más, la Junta está trabajando actualmente en la puesta en valor de todo ese legado con un proyecto que presentará en los próximos meses.

 

Sin embargo, desde la Consejería de Cultura confirman a ABC que la parte comprada en la subasta que se donó al Ayuntamiento de Sevilla para su exposición permanente en el Lope de Vega nunca ha regresado a sus dependencias. «Lo único que hay aquí es la escultura del pie», aseguran. Y es que esa obra no fue donada, sino cedida temporalmente al teatro. Pero todo lo demás no está. Ni rastro del piano, del sofá o de los trajes del primer bailarín español que protagonizó una obra en la Scala de Milán.

Las fuentes consultadas sostienen que estos bienes personales del maestro sevillano que han desaparecido son probablemente los de menor valor económico de toda su colección, pero que se trata de piezas de enorme valía histórica y sentimental en tanto que estuvieron muy vinculadas a la vida cotidiana del Bailarín.

ABC ha consultado tanto a la Junta de Andalucía como al Ayuntamiento de Sevilla todo el inventario de Antonio para confirmar que no hay constancia oficial de un nuevo destino para estos enseres en algún momento durante los últimos siete años. Y en ambas instituciones se asegura que no se ha encontrado nada por el momento. Porque, como el propio coloso del baile dijo en el titular de una entrevista de El Imparcial en 1976 que también forma parte de la colección adquirida por Cultura, «me han olvidado completamente».

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