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Las edades de la Alameda PDF Imprimir E-mail

Diario de Sevilla / 20/05/2021

Luis Sánchez-Molini

La perorata del día trata de la iniciativa de Ciudadanos -el sostén de Espadas en el Gobierno Municipal- de pedir la "reurbanización por completo" de la Alameda de Hércules, algo que, no lo vamos a negar, conecta con la sensibilidad de la mayoría de los sevillanos. No conozco a ningún modernazo o rancio, apocalíptico o integrado, que defienda de frente el proyecto realizado durante los años del faraón Monteseirín y con gran implicación del duunviro Torrijos. Ya desde la crónica de la inauguración que escribió para este periódico la reportera Ana Sánchez Ameneiro, el 21 de diciembre de 2008, los vecinos se quejaban de la suciedad del pavimento (defecto que ha ido a más), la formación de charcos (problema histórico de este salón urbano) y la falta de columpios (algo que se justificó en su día como una manera de evitar "los guetos generacionales", pero que, una vez superada tal tontería, se solucionó). En las muchas interviús a arquitectos que en estos diez últimos años he perpetrado siempre les interrogo por la Alameda y la mayoría ponen cara de póker y piden el comodín del off the record para no meterse públicamente con Elías Torres, afamado padre de la criatura. Los arquitectos pueden ser tan corporativistas como los médicos o los guardias civiles. Incluso más.

A lo largo de la historia, la Alameda ha pasado por muchas etapas: laguna y pudridero de semovientes; paseo de la gente más principal de la ciudad; cantera de toreros y flamencos, Campos Elíseos de putas, yonkis y chorizos; madriguera del siempre precario underground sevillano; lugar de ocio nocturno mainstream... También, desde su construcción por el Conde de Barajas en 1574, la que en su día fue llamada Alameda Vieja (para distinguirla de la posteriormente construida en lo que hoy es el Paseo de Colón) ha sufrido numerosas remodelaciones (1764, 1876, 1936) que han alimentado un círculo vicioso de degeneración-regeneración del que, según parece, aún no hemos salido. Seamos sinceros, las arcas municipales no están ahora para la enmienda a la totalidad a un proyecto que apenas hace una década costó casi diez millones de euros. Podemos, eso sí, retocarlo, reconsiderar sus elementos más antipáticos, aunque eso llevaría a levantar la muy discutida solería, plantar setos y arrasar esos cuestionados quioscos neorrománticos... Es decir, que al fina volveríamos a estar ante una "reurbanización completa", como la que pide el ciudadano Pimentel. Nos quedan años de Alameda amarilla.

 
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