ABC de Sevilla 15/02/2021
Javier Macías
Cuenta el cronicón que durante el reinado del Rey Sabio, cuando comenzaron a levantarse los primeros edificios civiles y religiosos de la ciudad, a Don Alfonso le sobrevino una grave enfermedad ocular provocada por la caída de un caballo. El monarca se encomendó a la Virgen para que le curase de los terribles dolores que padecía, con la promesa de que, si sanaba, construiría un templo dedicado a su madre: la Señora Santa Ana. Y así fue o, al menos, durante un tiempo mejoró. Por eso, en 1266 contrató a los mejores arquitectos y alarifes para levantar un nuevo templo lejos del recinto amurallado de la ciudad. Se trata, así, de la primera iglesia construida de nueva planta en Sevilla tras la reconquista en 1248, ya que el resto de parroquias se edificaron sobre antiguas mezquitas.
Llegaron maestros canteros de Burgos, especialistas en la construcción de castillos en los territorios conquistados. Por eso, se piensa que Santa Ana, en origen, pudo tener una fortificación. Se diseñó un templo rectangular con tres naves, sin crucero y cuyos tramos estaban recorridos por arcos apuntados de piedra que forman bóvedas de crucería, al modo cisterciense. Sin embargo, el terremoto de Lisboa de 1755 destrozó gran parte del templo y hubo que reconstruirlo. Así, de edificio gótico-mudéjar que se conserva en la actualidad también se agregaron elementos barrocos.
De la mano del párroco de Santa Ana, Manuel Azcárate Cruzado, ABC se interna en la catedral de Triana para descubrir los tesoros ocultos que esconde esta casa donde se bautizó la arquitectura cristiana en Sevilla, donde rezaron las gentes que iban y venían de las Indias y donde recibieron las aguas y se enterraron algunos de los personajes más curiosos de la historia de Sevilla.
Las escenas de la vida de Santa Ana y la Virgen María, en el retablo mayor LAS ESCENAS DE LA VIDA DE SANTA ANA Y LA VIRGEN MARÍA, EN EL RETABLO MAYORJUAN FLORES La pieza más importante que tiene Santa Ana en su interior es el retablo mayor. Se trata de la obra cumbre del pintor Pedro de Campaña, cuyas tablas son un auténtico tratado teológico de las escenas de la vida de la familia que formaban la Virgen y sus padres. El artista flamenco realizó estas pinturas entre 1550 y 1556 y volvieron a nacer en 2010, cuando concluyó la restauración que practicó el IAPH.
En el centro, bajo la tabla de San Jorge matando al dragón -patrón de Triana y de media Europa-, se encuentra el grupo escultórico de Santa Ana con la Virgen y el Niño, de estilo fernandino y que se ejecutó originalmente en el siglo XIII, pero que fue reformado entre 1619 y 1620 separándolo en tres imágenes independientes de vestir bajo la supervisión de Francisco de Ocampo.
La pila de los gitanos
A la derecha del presbiterio, en la cabecera de la nave de la Epístola, se encuentra la capilla del Calvario, que acoge la pila bautismal. Allí se acristianaron los trianeros que vivían en la cava de los gitanos, de ahí su apodo, y que se instaló en Santa Ana en 1499. Así lo describe la inscripción en caracteres góticos que circunda el vaso.
El Cristo del Socorro, situado en la capilla del Calvario, donde se ubica la pila de los gitanos EL CRISTO DEL SOCORRO, SITUADO EN LA CAPILLA DEL CALVARIO, DONDE SE UBICA LA PILA DE LOS GITANOSJUAN FLORES En este espacio que da acceso a la sacristía destaca la bóveda, cuyas pinturas realizó Domingo Martínez en 1740. Y, en el dosel frontal, se ubica la imagen del Cristo del Socorro, atribuido a Andrés de Ocampo hacia 1620, y que fue titular de una extinta cofradía llamada del Buen Aire. Esta hermandad la fundó el gremio de mareantes en 1561 y cuentan que la imagen del crucificado está realizada con técnicas aztecas importadas de América: pasta de papel. Este Cristo hacía conjunto con la Virgen del Buen Aire, situada ahora en el coro de la parroquia.
Justo al lado de la capilla se encuentra el díptico de la Epifanía y las Santas Justa y Rufina. Se trata de un conjunto pictórico realizado en 1515 por un artista conocido como el Maestro de Moguer, de estilo gótico-renacentista. En un primer pasaje, se muestra la Adoración de los Reyes Magos y, en el segundo, una escena de las alfareras trianeras que fueron martirizadas. Éste es uno de los tres cuadros que tiene Santa Ana y que fueron pioneros en representar distintas advocaciones. En el caso de Justa y Rufina, aparecen las santas patronas sobre un fondo en el que se aprecia la Sevilla de la época del descubrimiento de América, con la Giralda antes de la reforma renacentista de Hernán Ruiz. Se observa el Guadalquivir, con las dos orillas: el puerto del Arenal y el Castillo de San Jorge, y la parroquia de Santa Ana al fondo. Debajo, aparecen las figuras de la familia que donó las tablas.
Está considerada como la primera imagen de las Santas Justa y Rufina. Los otros dos cuadros pioneros que alberga Santa Ana son la Inmaculada -ahora en restauración- y que fue realizado en el siglo XVI, antes de la proclamación del Dogma; y la Virgen del Rocío, ubicada en el ábside de la nave del Evangelio, y que es la primera pintura que aparece en Sevilla de la patrona de Almonte.
La Virgen de la Victoria, a la que se encomendó Magallanes antes de la vuelta al mundo y ante la que oró Elcano al regreso del viaje LA VIRGEN DE LA VICTORIA, A LA QUE SE ENCOMENDÓ MAGALLANES ANTES DE LA VUELTA AL MUNDO Y ANTE LA QUE ORÓ ELCANO AL REGRESO DEL VIAJEJUAN FLORES La Victoria de Magallanes
En la capilla denominada antiguamente como la de Santa Bárbara se encuentra ahora presidiéndola la Virgen de la Victoria. Procede del convento del mismo nombre de la orden mínima en Pagés del Corro y que pasó a formar parte de la parroquia de Santa Ana tras la desamortización de Mendizábal.
Esta talla fue a la que se encomendó hace 500 años Fernando de Magallanes antes de iniciar el viaje en el que se lograría la primera vuelta al mundo. No pudo cumplir su promesa el navegante, pero lo hicieron por él Juan Sebastián Elcano y los otros 17 tripulantes supervivientes de la nao Victoria, que llevaba precisamente el nombre de esta imagen. Aquello sucedió el 8 de septiembre de 1522.
El retablo donde se encuentra entronizada la Virgen está atribuido a Bernardo Simón de Pineda y la pintura de los muros, a Domingo Martínez.
La lauda, Niculoso Pisano y la leyenda del negro
Justo a la derecha de esta capilla está la lauda sepulcral de un hombre misterioso. Se trata de una tumba revestida de cerámica que es la primera obra en Sevilla de Niculoso Pisano. Este ceramista que se afincó en la calle Pureza introdujo una técnica que luego heredaron los alfareros del arrabal.
La tumba de Iñígo Lopes, un personaje desconocido que fue enterrado con honores en Santa Ana LA TUMBA DE IÑÍGO LOPES, UN PERSONAJE DESCONOCIDO QUE FUE ENTERRADO CON HONORES EN SANTA ANAJUAN FLORES Sin embargo, lo curioso de este enterramiento es el personaje que allí reposa para siempre desde 1503. ¿Quién fue? Debió ser un miembro de una familia pudiente, aunque pudo ser ilegítimo. En su tumba no aparecen motivos nobiliarios, ni militares. La inscripción revela un nombre que puede ser falso: Íñigo Lopes.
En el libro «Sevilla monumental y artística» de José Gestoso se revela un suceso ocurrido a mediados del siglo XIX cuando a un feligrés que se encontraba orando en la capilla de las Ánimas se le apareció un anciano fantasma que le indicaba que allí, detrás de un retablo, estaba la tumba de un esclavo que había sido asesinado por un marqués. Aquel hombre fue tomado por loco en Triana, pero pasaron los años y, en unas obras del templo, apareció la lauda. Comenzó a extenderse el rumor de que se trataba de un indio que había llegado de América con el sobrenombre de «El Negro» y que fue el mismísimo Cristóbal Colón el que lo mandó para España.
Se dice que este esclavo tomó los votos en el convento de San Francisco y adoptó el nombre de Íñigo Lopes por mediación de un marqués del que no consta el nombre. Este aristócrata lo sacó del cenobio y lo puso a su servicio pero con todos los parabienes. Sin embargo, mientras El Negro se bañaba, el marqués intentó violarlo y, al negarse, montó en cólera y lo asesinó.
A raíz de eso, se empezó a difundir otra leyenda: aquella soltera que quisiera encontrar un marido, sólo tenían que darle patadas al compás a la tumba. Tanto fue así, que el párroco tuvo que colocar una verja alrededor porque la pieza de Niculoso Pisano estaba hecha polvo. Ahora, de hecho, aparece dentro de un cristal.
La nave del Evangelio
Continuando por la nave de la Epístola se encuentran la capilla de la Divina Pastora y la de las Ánimas, hoy presidida por la Virgen del Carmen. Pasando por el trascoro, aparece la magnífica pintura de la Virgen de la Rosa de Alejo Fernández, que se mandó realizar en 1525 para representar una de las Cantigas de Alfonso X.
A los pies de la nave está la capilla de San Francisco, con un retablo plateresco. Las pinturas de la bóveda y los muros son de primera calidad, también atribuidas a Domingo Martínez. Este espacio se reedificó tras el terremoto de Lisboa, cuando se colocó un grupo escultórico en yesería rematado por un medallón con la transfiguración de San Francisco.
Junto a ella, se levanta la capilla del Bautismo -donde hasta el Concilio Vaticano II se encontraba la pila de los gitanos-, cuya bóveda está policromada con decoración vegetal. El párroco asegura que el estilo es «sudamericano» debido a la «influencia americana en Triana tras el descubrimiento».
Seguidamente está la capilla de las Confesiones, donde hay cuatro tablas de Alonso Vázquez del siglo XVI y una de la Virgen de Guadalupe, que es de las primeras imágenes que llegaron al Viejo Mundo tras la aparición en México. Allí, por otro lado, está también el grupo escultórico de la Sexta Angustia (siglos XVI y XVII), una piedad que procede del convento de los Remedios. El Cristo era un crucificado que fue transformado por Gabriel de Astorga para ir sobre el regazo de la Virgen. Tras la desamortización en 1868, pasó a la parroquia de Santa Ana.
La capilla del Sagrario de Santa Ana LA CAPILLA DEL SAGRARIO DE SANTA ANAJUAN FLORES La capilla Sacramental
El sagrario de Santa Ana se encuentra en una capilla con un espectacular retablo barroco obra de Miguel Franco (1709-1713). Preside el altar una Inmaculada que fue atribuida a La Roldana y que ahora los expertos acercan más a la gubia del propio Franco. Esta imagen procesiona en el Corpus Chico que organiza la hermandad sacramental de la Esperanza de Triana. Al lado de la capilla está expuesta la magnífica custodia de plata de Corpus trianero, obra de Andrés Osorio de principios del XVIII.
Por último, en el ábside de la nave del Evangelio está la capilla de Madre de Dios del Rosario, patrona de capataces y costaleros de Sevilla, y que anteriormente fue capilla Sacramental. El retablo, como el de la anterior, es también de Miguel Franco. Lo preside la imagen de la Virgen, que fue tallada en 1816 y que es titular de una de las hermandades de gloria más populares de la ciudad.
La visita a la parroquia acaba en las cubiertas, a las que se accede desde el campanario y desde donde se aprecia más allá del río la torre de la otra catedral de Sevilla: la Giralda. Desde lo alto de este viejo templo que mandó levantar Alfonso X el Sabio, en la medianoche de cada 26 de julio se interpretan las nanas que Triana le canta a la «Señá Santana».
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