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2021

La Magdalena, el renacimiento del Barroco PDF Imprimir E-mail

ABC de Sevilla 09/05/2021

Javier Macías

El esplendor de la Orden de Predicadores
Javier Macías
Fue la sede principal de los dominicos en aquella Sevilla capital del mundo, que atrajo a los mejores artistas. El viejo convento de San Pablo contó con los más relevantes escultores y pintores de la época y el resultado de aquel compendio de obras de arte es este museo dedicado al culto que va recuperando poco a poco el esplendor gracias a la labor de su párroco, Francisco Román, que ha proyectado la restauración completa y por fases del tercer templo de la Archidiócesis, tras la Catedral y el Salvador.

La Real Parroquia de la Magdalena es una iglesia que ha ido evolucionando desde hace siglos por los diferentes avatares históricos. Hubo un primer templo mudéjar, que pasó de mezquita a iglesia, y que fue reconstruido posteriormente. En 1691 hubo un gran derrumbe a causa de las crecidas del Guadalquivir que obligó de nuevo a levantar uno nuevo conservando la planta y elementos de los anteriores. Para estas labores, los dominicos contaron con el mejor arquitecto del momento, Leonardo de Figueroa, que hizo renacer la iglesia del convento de San Pablo culminándola como uno de los mayores exponentes del Barroco.

Con la desamortización de 1835, la Orden de Predicadores se marchó definitivamente. La parroquia de la Magdalena, que estaba ubicada en actual plaza del mismo nombre, fue derribada durante la invasión francesa en 1811. Ocho años después de la exclaustración de los dominicos, en 1842, se abandonó la reconstrucción de la nueva parroquia y decidió trasladarse a la iglesia del convento de San Pablo. El resto del cenobio fue reformado para adaptarlo a usos civiles. Con los años, la piqueta implacable del siglo XIX destruyó la portada y el compás. Un incendio en 1906 acabó con las dependencias del Gobierno Civil y, ya durante el siglo XX, terminó desapareciendo el claustro y otras dependencias. Ahora, del antiguo convento de San Pablo el Real, tan sólo quedan en pie la iglesia, la sacristía y la capilla de Montserrat, que está separada del edificio principal.

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Sin embargo, también se conserva un espacio muy desconocido y que formó parte del inmueble que cayó en 1691. Leonardo de Figueroa decidió conservar la que pudo ser la sala De Profundis, donde se velaban los muertos de la orden, y que actualmente es el despacho parroquial. Este pequeño espacio es una auténtica joya, con unas yeserías atribuidas a Herrera el Viejo (San Hermenegildo o San Buenaventura), que piden a gritos una restauración. Francisco Román está negociando con una entidad bancaria la financiación, ya que es uno de los primeros hitos a desarrollar del plan director que ha puesto en marcha en la parroquia. En esta sala, además, se conserva un relieve del retablo mayor desaparecido, de Vázquez el Viejo, así como la bancada y el zócalo de azulejería, que es magnífico.

Las yeserías atribuidas a Herrera el Viejo, en el despacho parroquial de la Magdalena
LAS YESERÍAS ATRIBUIDAS A HERRERA EL VIEJO, EN EL DESPACHO PARROQUIAL DE LA MAGDALENARAÚL DOBLADO
Hoy, la Magdalena vive un proceso de restauración constante, que ha llevado a recuperar el esplendor del retablo mayor o la capilla del Calvario entre otras tantas del templo. Lo último de envergadura ha sido el coro alto, que marca cómo debía ser la imagen del templo en origen y cómo quedará cuando se aborde la rehabilitación completa de las pinturas. La empresa es difícil. Se ha presupuestado en unos tres millones de euros los trabajos que terminen de sacar a la luz lo oculto en una de las mejores iglesias de la Archidiócesis.

De la mano del párroco, ABC recorre cada uno de los espacios para descubrir esos tesoros ocultos. La primera parada es el retablo mayor, que es el segundo más grande de la ciudad, y que es de una categoría inigualable. Atribuido a Leonardo de Figueroa y a Pedro Duque Cornejo, está dedicado a San Pablo, titular del primitivo convento. El apóstol está representado en la hornacina central, así como en el ático, donde se ubica un relieve con la escena de la conversión. En los laterales aparecen santos de la orden, como Santo Domingo de Guzmán, así como San Francisco. Y, en la hornacina principal del primer cuerpo, está la imagen de Santa María Magdalena, una obra de Felipe Malo que presidió la antigua parroquia que derribaron los franceses.

La parte alta del retablo mayor de la parroquia de la Magdalena
LA PARTE ALTA DEL RETABLO MAYOR DE LA PARROQUIA DE LA MAGDALENARAÚL DOBLADO
En el presbiterio se encuentran, a su vez, dos ángeles lampararios de Pedro Roldán, que serán restaurados próximamente. Y, en las portadas laterales, aparecen dos alegorías: una de la Caridad y otra de la Esperanza. Esta última, situada a la derecha, sirvió de inspiración a Aurelio Gómez Millán para representarla en el remate de la fachada de la basílica de la Macarena y en el monumento de San Juan de Aznalfarache.

Nave a nave

Comenzando el recorrido por las capillas laterales, la primera que aparece siguiendo las agujas del reloj es la del Calvario. Un imponente retablo del XVIII, con columnas salomónicas, acoge a las imágenes del Cristo del Calvario (Francisco de Ocampo), de la Virgen de la Presentación y San Juan Evangelista (ambas de Juan de Astorga).

Al lado, la capilla que fue de Santa Catalina y que hoy está dedicada a San Antonio de Padua. En esta zona del crucero, lo más destacado es el conjunto escultórico de San José con el Niño, atribuido a Juan Martínez Montañés, y que ha participado en las exposiciones que se han organizado en los últimos años sobre el 'dios de la madera'.

Justo antes de llegar a la capilla sacramental, aparece un retablo dedicado a la Asunción, que es de Juan de Mesa, y que tiene como singularidad que está representado en un dibujo que sirvió como boceto, del propio escultor cordobés, que es el único que se conserva del autor.

Además de la Inmaculada, atribuida a Hita del Castillo, y del sagrario, lo que más destaca de la capilla Sacramental es la custodia. Una rotunda pieza de plata que es el resultado de una obra prolongada en el tiempo en la que intervinieron orfebres de la talla de Laureano de Pina. Esta capilla albergaba hasta hace unos meses unos cuadros de Zurbarán que hoy se encuentran expuestos en el coro alto.

Siguiendo el recorrido, junto a la puerta de acceso principal a la parroquia se sitúa la capilla del Dulce Nombre de Jesús, propiedad de la hermandad de la Quinta Angustia y, que además de su valor arquitectónico, acoge el que está considerado como el mejor misterio de la Semana Santa: el del Descendimiento de Cristo, obra de Pedro Roldán. Allí se encuentran también un Resucitado de Jerónimo Hernández y el Niño Jesús que, aunque se atribuyó a Montañés, hoy los expertos lo acercan más al propio Jerónimo Hernández.

El coro alto

Desde la capilla bautismal, donde se encuentra la pila en la que se bautizó Bartolomé Esteban Murillo, se accede al coro alto. Un espacio recientemente restaurado que, además de ser la zona desde la que se pone la música a las celebraciones eucarísticas, sirve de exposición. Actualmente, allí se encuentran los zurbaranes, la Virgen del Rosario de Pacheco y otra serie de cuadros del templo, que son de una enorme calidad artística. Entre ellos, el párroco destaca uno de pequeño formato. Es una tabla que representa a San Pedro y a San Pablo cuya singularidad es que Pacheco, en su 'Tratado de la pintura', habla de esta obra. Narra cómo llega la iconografía a España a través de los Reyes Católicos y recuerda que «existe una copia en Sevilla que fue del cardenal Niño de Guevara y otra, de menor pufo, que hay en la sacristía de San Pablo».

El cuadro de San Pedro y San Pablo del que hablaba Pacheco en su tratado de la pintura
EL CUADRO DE SAN PEDRO Y SAN PABLO DEL QUE HABLABA PACHECO EN SU TRATADO DE LA PINTURARAÚL DOBLADO
El coro alto será próximamente un espacio museístico, que formará parte de la visita guiada por la Magdalena y de cuyos beneficios saldrán las futuras restauraciones del templo.

El coro bajo es otro espacio cuyas pinturas, de Lucas Valdés, son una auténtica joya patrimonial. A los pies de la nave del Evangelio, por su parte, se encuentra la capilla de la Virgen del Rosario, cuya imagen es de Cristóbal Ramos. Al lado, el altar de la Milagrosa y el de las Ánimas Benditas. Continuando, se encuentra un relieve de la Virgen, obra de Sebastián Santos, sobre un retablo con motivos dominicos.

Al lado, una vitrina guarda el espectacular simpecado de la Virgen del Amparo, otra de las hermandades del templo. La Virgen, una portentosa obra de Roque Balduque, recibe culto habitualmente en la capilla situada justo a la izquierda del retablo mayor y que en estos momento se está restaurando.

Fatigas, Fiebre y Antigua

En la otra parte del crucero se encuentran cuatro esculturas de primer orden. Una de ellas es el Nazareno de las Fatigas, una obra de Gaspar del Águila, que recuerda al Señor de la Salud de la Candelaria, que estuvo precisamente en esta iglesia y que fue titular de la Antigua, Siete Dolores y Compasión. Se trató de una hermandad, considerada como la Macarena del siglo XVII, y que en el siglo XIX se extinguió. El Cristo acabó en San Nicolás y, la dolorosa -que salía bajo el palio actualmente del Valle-, sigue recibiendo culto en una capilla. Se trata de una obra de talla completa cuya atribución se aproxima a Pedro Roldán, aunque también hay autores que apuntan a Andrés de Ocampo.

A ambos lados de la puerta que da a la sacristía, se ubica la Virgen de la Fiebre -a la izquierda- y el conjunto escultórico de la Virgen Niña, Santa Ana y San Joaquín. La primera de ellas es una obra de Juan Bautista Vázquez 'El Viejo', que representa a la Virgen con el Niño, y que esconde un tierno cruce de miradas. Se llama así porque, según cuenta la leyenda, en una epidemia de gripe que hubo en Sevilla, la madre del Rey Pedro I oró a esa imagen para que lo salvara. En cuanto al misterio de Santa Ana, tanto la Virgen como su madre hay quien la atribuye a Ruiz Gijón. El San Joaquín, no obstante, se añadió posteriormente porque no tiene la misma calidad artística.

El Cristo de marfil que presidió las eucaristías en las dos ocasiones en las que vino el Papa a Sevilla
EL CRISTO DE MARFIL QUE PRESIDIÓ LAS EUCARISTÍAS EN LAS DOS OCASIONES EN LAS QUE VINO EL PAPA A SEVILLARAÚL DOBLADO
El Cristo del Papa

Para terminar la visita, en la excepcional sacristía de la Magdalena se encuentra un Cristo tallado en marfil de un tamaño considerable y que tiene exactamente la forma de un cuerno de elefante. Esa pieza completa está considerada como uno de los mejores crucificados tallados en este material en toda Europa. Preside la Adoración de la Cruz cada Viernes Santo pero, fundamentalmente, tiene la particularidad de ser la imagen que ha presidido las eucaristías en las dos veces que vino el Papa San Juan Pablo II a Sevilla.

 
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