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Abc Sevilla / 20/05/2021
Silvia Tubio
La estadística volvió a señalar esta semana al Polígono Sur como el barrio más pobre de Sevilla. Pero en el epicentro de la pobreza, en las Tres Mil Viviendas, la falta de horizontes no es sólo una cuestión de renta per cápita. En el interior de muchos de sus hogares perduran atavismos que tampoco ayudan al avance de una zona de la capital lastrada por circunstancias económicas y sociales. Un ejemplo son las leyes no escritas que dirigen a una microsociedad a pesar de la indignación de muchos de sus integrantes que no la comparten pero temen las represalias si deciden enfrentarse a ellas.
Hace unas semanas se volvió a aplicar la ley del silencio y el destierro como castigo o compensación para zanjar una agresión gravísima que mandó a una persona a la UCI del Virgen del Rocío donde permaneció 40 días. La víctima estuvo a punto de perder la vida, pero la familia decidió no acusar a los agresores, que pertenecen a dos clanes ligados estrechamente a una de las familias con más poder de las Tres Mil en estos momentos: los Caracoleños. «A la madre la estuvieron amenazando durante días. Le dijeron que si algunos de los agresores acababa en la cárcel tendrían que abandonar el barrio. La presión fue tan alta que al final, cuando llegó el momento de ponerse delante del juez, se callaron». Quien habla es uno de esos vecinos que no entienden cómo en el siglo XXI se siguen saldando las cuentas de esta manera. «Se dice que esto es la ley gitana y yo como gitano reniego de eso. Eso no está escrito en ningún lado y lo aprovechan los más fuertes, las familias que tienen más respaldo y que hacen lo que quieren». Nuestro interlocutor prefiere guardar el anonimato por razones obvias, pero expresa el hartazgo de una parte del barrio que no soporta como una vez más se aplica una forma muy peculiar de justicia, al margen completamente del sistema.
Los hechos que han causado una honda indignación en el barrio ocurrieron el pasado 1 de abril. La víctima es un quiosquero de las Tres Mil, familia de un conocido guitarrista flamenco. Ese día sufrió un robo en su negocio. No tardó en saber quienes habían sido los autores y acudió con su hermano a casa de los ladrones para pedir explicaciones y recuperar lo suyo. Allí se rozó la tragedia.
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