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2021

La Retreta Alegórica de la Exposición Iberoamericana PDF Imprimir E-mail

Diario de Sevilla / 31/05/2021

Amparo Graciani / Juan Jose Cabrero Nieves

Entre los diferentes eventos festivos que, siendo Carlos Cañal comisario regio-presidente de la Exposición Iberoamericana, la nueva Comisión Permanente programó con carácter previo a la clausura del certamen, prevista para el 21 de junio de 1930, destacaron las Fiestas Homenaje a los Descubridores y Colonizadores de América que se desarrollaron del sábado 24 al jueves 29 de mayo. El evento más singular de las fiestas, y sin duda uno de los del certamen, fue la Retreta Alegórica, discurrió por el Sector Sur, que desde las nueve de la noche lucía su iluminación extraordinaria.

La Retreta Alegórica era un espectáculo novedoso en la Exposición. Desde el siglo XIX, los espectáculos festivos de la ciudad incluían retretas militares; unos cortejos nocturnos, meramente musicales, en los que miembros de tropas de diferentes armas, portando faroles y antorchas, tocaban música por las calles. En el Levante español, incorporaban carrozas con esculturas alegóricas, acompañadas por figurantes a pie. En Sevilla había habido algunas, pero solo con figurantes; como la gran retreta o cabalgata anunciadora de las Grandes Fiestas de Santiago y Santa Ana (la Cabalgata Alegórica Cívico-Militar) que recorrió Dos Hermanas en la tarde del 24 de julio de 1926, con una carroza tirada por caballos en la que unas jóvenes de la localidad acompañaban a la reina de las fiestas.

Considerando el éxito que había tenido la Cabalgata Histórica Mariana, la Comisión Permanente propuso desarrollar un espectáculo parateatral que exaltara el papel de los descubridores y colonizadores de América de un modo diferente a lo habitual en la ciudad, encomendando la organización de la retreta a un afamado constructor de decorados valenciano, Tadeo Villaba Monasterio, a quien meses atrás se había encargado el diseño de la cabalgata del Carnaval. Villalba, que contaba con un presupuesto de 50.000 pesetas, confió la ejecución de las esculturas de las carrozas, que simulaban ser de bronce, al escultor levantino Francisco Coret Bayarri. Coret (Meliana, Valencia, 1885-1977), formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, y posteriormente en París. Aunque en su producción también se incluían obras religiosas y figuras alegóricas, Coret, que había despuntado en la Exposición Regional Valenciana de 1909, se había especializado en la construcción de carretas para la Batalla de Flores de la feria de julio de Valencia y en la construcción de fallas; de hecho, la que realizara aquella primavera de 1930 para la Plaza del Doctor Collado, había sido muy destacada. Una vez más, la supervisión artística del trabajo quedó a cargo del pintor Santiago Martínez, asesor artístico del Comité de la Exposición y de la propia retreta. Villalba y Coret instalaron su taller en el Pabellón de Maquinaria del recinto de la Exposición. Allí habían quedado almacenadas las carrozas de los Carnavales, cuyas plataformas se reutilizarían para las carrozas de la retreta.

Milicias y música en la retreta
La Retreta Alegórica, también referida en la prensa como la Retreta Histórica, salió a las diez y media de la noche desde el Pabellón de Maquinaria para recorrer las avenidas del Sector Sur y desembocar, por el Paseo de las Delicias en la Plaza de España. En las avenidas y en dicha plaza se instalaron sillas, que se alquilaban a cincuenta céntimos y una peseta, respectivamente. Al llegar a su destino, con media hora de retraso, se le incorporó una retreta militar.

Formaron el cortejo soldados, marineros, bandas de música y figurantes a pie acompañando a las carrozas, que se iluminaban con reflectores, destacándose al paso, al bajar la intensidad del alumbrado público. Cuatrocientos soldados y los marineros de las fuerzas de la guarnición iban con uniforme de gala y portaban artísticos faroles, con formas variadas y con decoraciones adecuadas al grupo y la carroza que acompañaban.

La música tuvo un especial protagonismo, a cargo de la Banda Municipal, las de los Regimientos de Soria y Granada, las de cornetas y tambores de todos los regimientos de la plaza (Artillería, Intendencia, Ingenieros e Infantería) y las montadas de la Guardia Civil y Caballería. Músicos de otros cuerpos se desplazaron a Sevilla para tocar unas marchas guerreras y composiciones de los siglos XVI y XVII arregladas por dos famosos organistas de la catedral, Norberto Almandoz y el padre Otaño. El músico mayor del Ejército, Moisés García Espinosa, a la sazón, y desde 1915, músico mayor de la Banda Regimiento de Granada número 34 de Sevilla, (que había participado en la referida retreta de Dos Hermanas de 1926) compuso un himno de los descubridores y colonizadores de América, que fue interpretado por la retreta musical que siguió a la retreta histórica. En concreto, vinieron tocadores de chirimías del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, y su tambor mayor, así como cuatro tocadores de pífanos y el primer clarín del Cuerpo de los Miqueletes de Guipúzcoa, quienes tocaron unos clarines construidos en Austria específicamente para estas fiestas.

Elementos del cortejo
El cortejo se organizó en cuatro grupos, cada uno con una carroza inspirada en la historia y la arquitectura del recinto. Cuatrocientos farolillos las decoraban.

El primer grupo. La carroza "Las joyas"

La retreta se abrió con cuarenta y cinco guardias montados de la banda de trompetas de la Guardia de Seguridad, con trajes de gala, seguidos por cincuenta soldados de Ingenieros, también de gala, a caballo y después un heraldo portando el estandarte alegórico de la fiesta, que representaba a la raza aborigen. Lo escoltaban otros cuatro trompeteros tocando antiguas composiciones. Tras ellos, a caballo, y ataviados con ricas dalmáticas con las armas de Castilla, León, Aragón y Sicilia, iban catorce heraldos que llevaban estandartes o pendones, con los escudos y las armas de los Reyes Católicos.

Tras ellos iba una comitiva con distintos grupos, portando diversos objetos que Colón trajo del Nuevo Mundo, seguidos por veinte marineros que, sobre andas, llevaban aves raras y exóticas, con armazones metálicos de vistosos colores; después iban portadores de faroles, primero, siete personajes representando a indios con faroles con forma de ídolos y joyas prehispánicas y otros diez con faroles alegóricos a España. A continuación, cuatro marineros conducían sobre andas un fantástico lagarto de metro y medio de largo, de armadura metálica, cubierta con brillantes escamas. Tras ellos iba la banda de clarines de Miqueletes, seguida por una sección oficial del escuadrón de Seguridad, que portaban faroles alegóricos.

A continuación, rodeaba de indios portadores de faroles vestidos con ricas indumentarias, iba la primera carroza ("Las Joyas"), en cuya construcción intervino José Jiménez Peña, maestro de primera de la casa Vicente Pueyo. La remataba una gran estructura luminosa de cristales de colores, a modo de sol naciente en alusión al Nuevo Mundo; bajo ella, había dos esculturas de indias orantes y tres grandes "fetiches o ídolos de oro" entrelazados por flechas, lanzas, collares, etc., simbolizando las riquezas traídas por Colón. En el basamento, con alusiones al Pabellón de Méjico, se representaban entre grandes plantas exóticas, palmeras y hojas de plátanos, los tesoros y las curiosas joyas del Nuevo Mundo. Entre ellas, una reinterpretación de la cierva sagrada que Rómulo Rozo hizo en escayola dorada para uno de los arranques de la escalera del Pabellón de Colombia.

El segundo grupo. La carroza "El Descubrimiento".

Abría el grupo la banda de trompetas, constituida por todas las de la Guarnición de Sevilla, que ejecutaron composiciones del siglo XVII. A continuación, iba un nutrido grupo de tropas (cincuenta soldados montados de Artillería y otros tantos marinos del Cañonero Laya), llevando diversos faroles con luz roja que, se diferenciaban de los del primer grupo, no solo en el color, sino en que representaban estilizadas frutas exóticas, que Colón trajo de América, en vez de ídolos americanos. Les seguían cuatro heraldos ataviados con dalmáticas y portadores de estandartes, que abrían paso a la segunda carroza.

Segunda carroza ("Los Descubridores") que se representa a Colón y los hermanos Pinzón (Fot. de Mundo Gráfico, 11 de junio de 1930, p. 24).Segunda carroza ("Los Descubridores") que se representa a Colón y los hermanos Pinzón (Fot. de Mundo Gráfico, 11 de junio de 1930, p. 24).
Segunda carroza ("Los Descubridores") que se representa a Colón y los hermanos Pinzón (Fot. de Mundo Gráfico, 11 de junio de 1930, p. 24).

En esta segunda carroza figuraba un enorme globo terráqueo de cuyas entrañas, entre con hojas de palmeras y plataneras, salían diversos indios, aludiendo a las razas aborígenes. Sobre este, se levantaba un grupo compuesto por tres figuras a tamaño natural. La del centro era la de Cristóbal Colón, que en su derecha empuñaba la cruz de su espada sobre el corazón, aludiendo a su fe, y en la izquierda el escudo de los Reyes Católicos, mientras elevaba la cabeza y la vista al cielo, en actitud de reconocimiento. A los lados, se representaba a los hermanos Pinzón, Martín y Vicente, "expresando en su rostro y en su actitud la admiración, la sorpresa y la alegría". Delante de la carroza, en la parte inferior, se reproducía triunfal la proa de la carabela Santa María. El conjunto descansaba sobre grandes volúmenes, pergaminos y mapas que representaban las Leyes de Indias, y circundando la bola una cinta con la leyenda "Por Castilla y León, Nuevo Mundo halló Colón". Cerraba el cortejo chirimías y tambores del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, interpretando músicas de los siglos XVI y XVII.

El tercer grupo. La carroza de las Repúblicas Americanas

Tercera carroza ("Las Repúblicas Iberoamericanas") (Fot. de Mundo Gráfico, 11 de junio de 1930, p. 24).Tercera carroza ("Las Repúblicas Iberoamericanas") (Fot. de Mundo Gráfico, 11 de junio de 1930, p. 24).
Tercera carroza ("Las Repúblicas Iberoamericanas") (Fot. de Mundo Gráfico, 11 de junio de 1930, p. 24).

Cincuenta soldados de Intendencia y Caballería y otros tantos del Regimiento de Infantería de Soria, todos ellos a caballo, abrían el grupo. Portaban faroles artísticos con los escudos y las banderas de los países americanos y de España, con luces amarillas. Les seguía la banda de chirimías que ejecutaban piezas populares de la época del descubrimiento y la banda de cornetas del regimiento de Ingenieros. Estas precedían a la tercera carroza que simbolizaba "Las Repúblicas Americanas".

La carroza, que estaba ornamentada con un gran número de detalles simbólicos, simbolizaba cómo las veintidós Repúblicas Americanas se adherían al homenaje que se rendía a los descubridores. Simulaba un monumento, de mármoles y jaspes, dedicado a las cinco razas aborígenes. Lo remataba un grupo escultórico, simulando ser de bronce, de tres indios erguidos y portando banderas y lanzas, en alusión a las diferentes razas americanas. A los lados, en un nivel inferior, recostadas, había dos indias con arcos y, en la base, los escudos de las repúblicas americanas. Presidía el conjunto, Magallanes sentado en un sitial. En la parte delantera de la carroza, iban veintidós señoritas ataviadas con trajes de las distintas Repúblicas. La Banda de música del Regimiento de Granada cerraba el grupo.

El cuarto grupo. La carroza de España

El cuarto y último grupo se iniciaba con la banda de trompetas de la Guardia Civil, cuarenta soldados de Caballería de Alfonso XII, otros tantos de Aviación y los mismos del Regimiento de Infantería de Granada a pie acompañados de heraldos, todos ellos con los artísticos faroles rojos y amarillos, en alusión a España, a sus antiguos reinos y a Sevilla. Otros cuatro heraldos avanzaban delante de la cuarta carroza, que estaba dedicada la España del descubrimiento y la España del momento, en la que iban treinta y dos señoritas ataviadas con trajes alegóricos al reinado de los Reyes Católicos y las regiones españolas.

En los laterales de la primera de las tres plataformas que tenía esta monumental carroza, figuraban dos grandes escudos de España de gran tamaño; lo recorría un friso de motivos renacentista con esculturas y ornamentos de sabor clásico con grupos de amorcillos en altorrelieve (de bronce imitado), sobre diferentes frutas que representaban la riqueza agrícola del país. En la segunda plataforma, que estaba decorada con una crestería gótica-florida con escudos de Castilla y León, esculpidos en piedra, iban muchachas ataviadas con trajes regionales españoles y damas de los Reyes Católicos a la usanza del siglo XV.

El último cuerpo era un basamento macizo, en cuyos laterales se disponían dos altorrelieves con dos hechos célebres del reinado de los Reyes Católicos: la rendición de Granada y el recibimiento de Cristóbal Colón. En la parte saliente del basamento, se representaban en relieve, imitando bronce, los escudos de las regiones españolas. Coronaba este monumental conjunto monumental, un gran león dorado simbolizando a "la Madre Patria". Cerraba el cortejo la Banda Municipal.

Cuarta carroza ("La España del descubrimiento y la España actual") (Fot. de El Noticiero Sevillano, 20 de mayo de 1930, p. 3).Cuarta carroza ("La España del descubrimiento y la España actual") (Fot. de El Noticiero Sevillano, 20 de mayo de 1930, p. 3).
Cuarta carroza ("La España del descubrimiento y la España actual") (Fot. de El Noticiero Sevillano, 20 de mayo de 1930, p. 3).

La retreta musical en la Plaza de España
A las doce de la noche, el cortejo de la Retreta Alegórica, cuya llegada estaba prevista para las once y media, apareció en la Plaza de España, que presentaba iluminadas sus galerías y sus torres. La noche estaba desapacible, pero el público la abarrotaba. En la tribuna estaban las autoridades locales, el Comisario Regio, los miembros del Comité y los representantes de los países americanos.

A continuación, las bandas de los Regimientos de Soria y Granada, la del Municipio, las de cornetas y tambores de Ingenieros, Caballería, Artillería, Guardia civil y Comandancia de Intendencia, interpretaron la retreta musical que, expresamente para este acto, había compuesto Moisés García de Espinosa, músico mayor del Regimiento de Granada. La pieza, que se consideró el himno de los descubridores y colonizadores.

Por el éxito de la Retreta, el Comité decidió repetirla el domingo siguiente, el 1 de junio, aunque algo más temprano (a las nueve de la noche). De nuevo, otro éxito, por lo que el 29 de septiembre, durante la Feria de San Miguel, la retreta volvió a sonar en la Plaza de España.

 
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