DIARIO ABC SEVILLA. Alberto García Reyes. DOMINGO 29 DE ENERO DE 2012.La priora de las Clarisas dio el visto bueno cuando se le comunicó la situación «sobrevenida». Pero la rehabilitación del Convento de Santa Clara que acometió el gobierno de Alfredo Sánchez Monteseirín fue más bien una modificación de este monumento, al menos en lo que se refiere a la sala «De Profundis», ya que las exhumaciones practicadas en este lugar para llevar a cabo la restauración nunca volvieron a su estado original. Los restos de las monjas clarisas tuvieron que ser depositados en una fosa común porque el presupuesto se agotó justo en este punto, Urbanismo se negó a ampliarlo para que la sala quedara al menos como estaba, y los responsables de la rehabilitación se vieron abocados a negociar con la priora una salida. Los huesos más antiguos se destinaron al Museo Arqueológico siguiendo los parámetros legales establecidos. Pero los más recientes se dejaron en una fosa provisional que en nada se asemeja a los enterramientos que se iban a rehabilitar. Y es que los seis millones de euros que la Delegación de Cultura del Ayuntamiento y la Gerencia de Urbanismo habían destinado a la restauración parcial de este histórico convento sevillano, anexo a la Torre de Don Fadrique, se agotaron al llegar a la sala más delicada, «De Profundis», donde se encuentra el primer enterramiento gótico de Sevilla, el del obispo de Silves, del año 1.350. Con todas las exhumaciones ya practicadas y muchos de los azulejos levantados, Urbanismo decidió que no ampliaría el presupuesto y dispuso que se cerrara esa sala a cal y canto para que quedara fuera del itinerario de visitas, pese a que en todos los planes de la rehabilitación está incluida como una zona clave y a que los propios responsables municipales hablaron de su importancia cuando presentaron el proyecto de obras. Ante esta situación, los arqueólogos tuvieron que hacer un informe sobre el caso y buscar con la priora de las clarisas una salida. El acuerdo final fue depositar los restos en una fosa. Y así se quedaron.
El Ayuntamiento inauguró el Convento, reconvertido en espacio cultural, en febrero de 2011 sin incluir la sala «De Profundis» y nada más se supo del asunto. Sin embargo, este periódico ha podido confirmar en el propio edificio, adquirido por la administración municipal al Arzobispado en 1998 —hasta ese año fue convento de clausura de las clarisas—, que la sala «De Profundis» se quedó a medias. Y no sólo con perjuicio para los enterramientos, sino para otros elementos de gran valor, como los azulejos mudéjares del siglo XVI sobrantes en dicha restauración, que pese a su relevancia, estaban depositados en un pésimo estado de conservación en varios cajones de obra o directamente apilados en el suelo.
Lo peor de todo es que estas piezas están muy valoradas entre los expertos del arte mudéjar e incluso se exponen en museos de todo el mundo. Además, la sala que alberga el cementerio de las religiosas, la citada «De Profundis», se ha quedado in albis pese a contener una de las piezas artísticas más valiosas de este convento: el sepulcro de Fray Álvaro de Peláez, obispo de Silves. «Aquí yase el Ssmo Sr. Dn. Frai Alvaro de Pelaez Obispo de Silves. Murio 1349», se lee junto a un cúmulo de escombros que ensucian la primera tumba gótica de Sevilla y una importante serie de murales del siglo XVI. Bajo toda esta broza han quedado los restos de las monjas de clausura que fallecieron junto al lugar en el que la leyenda asegura que se quemó la cara doñaMaría Coronel huyendo de Pedro I el Cruel. Porque el poder y el convento de Santa Clara parecen estar cruzados por una maldición.
Olvido
adriano
La historia de siempre en Sevilla. Olvido para auténticos tesoros que tienen la pega de no estar en «primera línea» de circuito turístico. Lo que en otras latitudes son piezas de museo, por aquí se apilan en cajas abandonadas en un sótano. Es, tristemente, el pago habitual que la ciudad da a una parte importante de su pasado mientras pelea por la altura de las nuevas torres de cristal. En Santa Clara el menosprecio no se ciñe sólo al legado cultural sino a los propios restos de las monjas. A ver si alguien cuadra algunas cuentas con tanto interés como para las luces de Navidad se acuerda de este pequeño rincón de la ciudad.
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